Por Luciana Moránmoran.luciana@diariouno.net.ar
La sociología y el periodismo fueron sus primeras inquietudes, pero finalmente se quedó en el rubro gastronómico.
A los 35 años ya fundó dos restoranes, en Buenos Aires y Mendoza

A los 9 años comenzó a estudiar cocina, después de convencer a su mamá de la idea. El curso especial para niños era muy intenso y exigente, por lo que el razonamiento lógico de sus padres fue que primero debía ser niña, jugar, y definir, recién más adelante, cuál sería su profesión.Al terminar sus estudios secundarios en Capital Federal, Inés Mendieta (35) no atizó su vocación primera sino que se decidió por “ser una universitaria”, como lo fueron sus padres y hasta sus abuelos. La sociología y el periodismo coparon sus inquietudes. Escribió en revistas como First, Master Wine y Vinos y Sabores, entre otras. Finalmente se decidió por Sociología e ingresó a la Universidad de Buenos Aires (UBA). Luego de unos años sintió que su profesión no concordaba con lo que quería para su vida: "No veía qué aporte podía hacerle a la sociedad, era una ‘chica intelectual’ de la UBA pero no me sentía realizada". En ese punto crucial de su vida, se encontró con un amigo de la adolescencia, Leo Dalmaso, en una feria de vinos. Él le insistió para que se inscribiera en la Escuela Argentina de Sommeliers, la única que existía entonces. "Desde allí comencé a dedicarme a la gastronomía y no me alejé nunca más”. Inés es sommelier profesional y en junio abrió Casa Coupage Mendoza, después de fundar junto a su socio, Santiago Mymicopulo, la casa matriz en Buenos Aires hace diez años. Su restorán ha recibido premios y reconocimientos internacionales.
-¿Cómo surgió ese primer amor por la cocina a tan temprana edad?-La cocina siempre fue para mí algo terapéutico, una meta, un lugar de mucho amor. En mi familia la comida es muy importante, es una ceremonia fundamental dar de comer, mi mamá me lo dice siempre. Ella nos cuenta que cuando nos amamantaba nunca lo hacía en un lugar con ruido o con público y se tomaba ese tiempo para darnos de comer. Así que en mi familia la comida es importantísima, no así el vino. En mi familia nadie bebe, no hay costumbre ni cultura de alcohol, pero sí está la ceremonia de juntarnos, de compartir la comida y el momento.
-Antes de instalarte en Mendoza viviste en el extranjero…-Sí, apenas me recibí de sommelier decidí que quería ir de viaje, sola, tenía 23 años. En ese momento estaba flirteando con mi entonces compañero de la Sommellerie, Santiago Mymicopulo. Él tiene seis años más que yo y me dijo que tenía que irme, que él lo había hecho y que si teníamos que estar juntos, sucedería más adelante. Entonces agarré mi mochila y partí rumbo a Portugal, pensando que mi recorrido sería de oeste a este, hasta donde llegara. Comencé un viaje enológico, turístico, un poco de todo. Con mi mochila al hombro saludé a mi gente en Ezeiza. Era mayo de 2002, con el éxodo de familias llorando en Ezeiza. Era un panorama tremendo, horrible, había vuelos sobrevendidos, todo el mundo rumbo a Madrid, era un descuaje muy triste y yo que me iba como aventurera con pasaje abierto diciendo “tal vez te veo en tres semanas, tres meses o tres años”. Efectivamente tardé casi tres años en volver. Empecé a viajar, me encontré en Portugal con mi hermano Ariel, que es fotógrafo internacional. De ahí nos volvimos a encontrar en Barcelona, donde conseguí trabajo y me quedé. Luego llegó mi amigo Leo y al tiempo llegó también Santiago. Por un tiempo vivimos los tres en Barcelona y en un momento -cuando estaba por empezar la guerra de Irak- hubo toda una conjetura de situaciones que fue expulsándonos un poco de España. Ahí decidimos que queríamos ir a Centroamérica y fuimos a Costa Rica. A los tres días de haber llegado nos robaron todo: pasaportes, efectivo, todo. Ahí arrancó una secuencia mágica, rarísima… Para hacerlo breve: terminé poniendo un restorán junto con Santi en Nicaragua. Se llamaba Cambalache. Vivimos allí dos años, lo vendimos, volvimos a Buenos Aires en 2004 y ahí empezamos a ver qué queríamos hacer.
-¿Fue el momento en el que imaginaron Casa Coupage?-Fue bastante peculiar lo que pasó cuando llegamos. Hacía tres años que no estábamos en Argentina y vimos que hubo un cambio muy fuerte en la industria del vino en esos años. Fue como un salto cuali y cuantitativo. Notamos que antes había diez marcas de referencia -las bodegas más tradicionales- pero de repente cuando íbamos a la góndola, había cientos de miles de etiquetas de bodegas que uno nunca había escuchado, se hablaba de varietales, de cortes. Entonces nos preguntamos cómo hacía el consumidor para orientarse porque si nosotros siendo sommeliers recién llegados estábamos perdidos. Entonces fundamos el primer Club de Cata de Vinos y Maridaje de Argentina, un lugar donde la gente pudiese catar a ciegas y aprendiera de su paladar, que no se guiara por el marketing de ver una etiqueta sino por lo que realmente le sucedía cuando bebía el líquido; cuál es el que más le gustaba, el porqué. Empezamos con esta locura en nuestra propia casa, que era una casona gigante y preciosa en Palermo. Desde allí se llama Casa Coupage que, de a poco, se transformó en restorán. Como miembros de Destino Argentina, nos hicimos famosos en el extranjero. Hace 5 años que con Santi sólo somos socios y él quedó a cargo de Casa Coupage Buenos Aires.
-¿Cómo llegaste a Mendoza?-En mayo del año pasado conocí a Michele (Aretini, su novio). Fue un flechazo fuertísimo pero los dos teníamos la idea de que quizás era un amor de verano, no consistente. Resulta que sí era consistente (risas). Lo conocí en Toscana -él es de Siena-, después me fue a buscar a Viena, le cancelaron un vuelo y nos desencontramos en París así que fue una novela, superromántico, como no podría ser de otra manera con un italiano. En noviembre viajé otra vez para allá y todo fue más definitivo. Él puso en venta el bar que tenía hacía 10 años -es barista de café- y en una decisión conjunta, él se mudó a Argentina, con la condición de que no nos quedaríamos en Buenos Aires. Hacía mucho tiempo que tenía la idea de venir a hacer esto a Mendoza y no lo quería hacer sola por muchos motivos. Le planteé la idea de abrir Casa Coupage Mendoza y me dijo que le encantaba, aunque no sabía bien en qué se estaba metiendo (risas). El 25 de enero Michele llegó a Argentina y el 13 de marzo aparecimos en Mendoza con el camión de mudanza. Llegamos a poner el cielorraso, a empezar de cero. Abrimos el 3 de junio.
-¿Cuál es la mayor satisfacción que te brinda tu trabajo? Porque hacés de todo: cocinás, administrás, atendés a los comensales...-Sí... en general es vivir exactamente lo que me gusta hacer. Me siento muy agradecida, siento que hay un montón de gente en el mundo que trabaja de cosas que no le gustan o tiene disociada su vida laboral del resto. Yo encuentro satisfacción en hacer lo que me gusta, en ser embajadora del vino, curar mi carta, estar en este momento en la cuna del vino argentino, que es Maipú. También siento satisfacción en dar un servicio, en que la gente se lleve el alimento a la boca y se nutra porque lo que queremos es que la gente se lleve la panza llena de la energía y del amor que le pusimos desde que empezamos a prender el horno o a limpiar un vegetal.
-¿Por qué Coupage?-Coupage es un blend, un corte. La parte romántica del nombre tiene que ver con que en el viejo continente hay mucha más tradición del coupage. Nosotros somos más del varietal, que es política de Estados Unidos; es hablar de un vino "100% Cabernet Sauvignon", como si eso fuera un valor en sí mismo, y no lo es. La idea de un coupage es que cuando el enólogo decide hacer el corte es porque entiende que la expresión de las individualidades es superadora al combinarse. Creemos que hacia adentro, en el equipo de Casa Coupage, debemos funcionar así y hacia la gente que nos visita, también.Perfil
- Nació en Buenos Aires, el 8 de diciembre de 1978
- Profesión sommelier y cocinera
- Familia está en pareja -y a punto de casarse- con Michele Aretini, quien también es su socio comercial.
Su carreraSu primer acercamiento a la cocina fue a los 9 años. Estudió sociología y periodismo, pero luego de unos años se decidió por su verdadera pasión. Se recibió de sommelier profesional, tercera camada del país.
Como en casaCasa Coupage abre de martes a sábado al mediodía y los sábados por la noche, sólo con reservas. Está ubicada en carril Gómez 3602, Maipú.
Filosofía. Inés y Michele le dan vida al restorán que funciona en la misma casa en la que viven. Su premisa es "nutrir" con platos rebosantes de sabores y cariño. "Queremos que se lleven la panza llena de amor", dice ella.