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Una imperdible entrevista realizada por Diario UNO en 2007 contó la historia de Armando Genco en el mundo de los negocios.

A los 20 años, Armando Genco compraba y vendía autos en remate

Gabriela Maliziagmalizia@diariouno.net.ar

El empresario Armando Genco (49) ha sabido ganarse un lugar de privilegio en el mundo de los negocios, que lo ha visto abrirse paso como self-made-man (un hombre que se hizo a sí mismo), ya que sin herencia familiar, en poco menos de tres décadas creó una empresa que abarca desde construcción hasta comercialización de marcas de vehículos de lujo, más alquiler de maquinaria y grúas para grandes obras de edificación.

Todo empezó cuando Genco tenía 18 años y estudiaba ingeniería en construcciones en la UTN, profesión a la que dedicó la mayor parte de su vida.

“En aquel tiempo compraba y vendía autos que encontraba en los remates que hacían las constructoras de Buenos Aires, o en los remates judiciales. Eran autos y camiones que luego vendía en Mendoza a mejores precios”.

Cuando se graduó como ingeniero, fue contratado por la empresa Danilo de Pelegrín, donde trabajó tres años antes de independizarse. “Esos fueron tres años fundamentales, porque conocí mucho de lo que había que saber en el negocio”, recuerda.

La gran oportunidad le llegó a este empresario en 1985 con el Plan Sismo, cuando participó en la construcción de una buena cantidad de viviendas públicas financiada por el IPV. Luego comenzó a tomar pequeñas obras estatales, como remodelaciones de escuelas y plazas, y en 1988 empezaron a lloverle subcontratos de otras constructoras a las que proveía de mano de obra, hormigón, mampostería y otros rubros. Más tarde empezó a construir barrios completos y edificios con la constructora que lleva su nombre.

“La verdad es que hace 30 años estoy con la construcción, que es mi principal actividad. Hemos hecho más de 1.500 viviendas, bodegas, edificios de oficina, hipermercados”, se enorgullece.

Cuando dice “hemos” Armando Genco se refiere a los siete gerentes que toman decisiones en las distintas áreas de su compañía. A través del tiempo algunos de ellos empezaron a tener porcentajes societarios y a ocupar cargos en el directorio.

El gran salto de Genco se dio en los ’90 cuando tuvo la idea de comprar grúas y maquinaria para construcción en Estados Unidos, que vendía en Mendoza a las empresas como pan caliente. Aquel fue un excelente negocio, hasta que se cerró la importación, en 1999, época en que la compañía se volcó con fuerza a la representación de marcas de autos y camiones de lujo.

En los últimos años este joven empresario decidió expandirse y aprovechando los diferimientos impositivos estatales para los emprendedores agrícolas, se dedicó al cultivo de olivos y a la cría de ganado. En la actualidad explota una marca de aceitunas para conserva en San Juan y cultiva álamos para exportación en General Alvear, donde también tiene cabezas de ganado.

Genco profundizó su interés por la venta de autos en 1991, cuando obtuvo la representación local de la empresa alemana BMW, para convertirse en uno de los ocho concesionarios que hay en Argentina y más tarde, en uno de los pocos que venden Chrysler y Kia.

“Hoy no es fácil ser representante de estas marcas, hay que tener instalaciones importantes, mucho stock de repuestos, un gran taller. En mi caso me veo en la obligación de duplicar el taller y ampliar las instalaciones, por normas de las empresas”, cuenta.

–¿Vale el esfuerzo tener estas marcas tan reconocidas?–Sí, claro, es algo muy lindo porque estas firmas hacen cursos de capacitación para los gerentes, los vendedores, los mecánicos.

–¿Es cierto que Genco tiene clientes de la farándula?–Bueno, no es tan así. En realidad tengo dos. Moria Casán y su ex pareja, que compraron tres o cuatro BMW. Fue una casualidad. Ella vino a actuar a Rivadavia y con su pareja (el ex Xavier Ferrer Vázquez) fueron a buscarme a casa para que les vendiera un auto. Como a mí me encanta mi trabajo los atendí, aunque era fin de semana.

–¿Sos de los que trabajan 24 horas al día?–Bueno, ahora aflojé un poco, estoy en la empresa nueve horas por día, pero en otras épocas trabajaba 14 horas diarias, siempre hago que el tiempo me rinda.

–¿Trabajar mucho es la clave del éxito?–Seguramente. Yo me considero un tipo normal. No más inteligente que otros, pero sí muy trabajador. No fui brillante en la facultad, pero de mi camada, fui el primero en recibirme. Creo que toda mi vida he estado apurado por llegar adonde me propongo.

–¿Cómo repercutió en tu empresa el florecimiento que tuvieron las automotrices el último año?–Fue directamente proporcional. Te diría que el crecimiento ha sido muy importante en los últimos dos años y nos permitió contratar más personal en todas las empresas, incluso en la constructora, que también creció mucho.

–¿Qué proyecto tenés entre manos para el 2007?–Un edificio de 108 departamentos que estoy construyendo con todas las comodidades que me gustaría tener a mí si viviera allí. Estoy concentrado en que ese proyecto sea exitoso, que sea de primer nivel y a un precio razonable. Pese a que he construido muchos edificios, éste es mi primer edificio de viviendas.

–¿Te considerás un tipo familiero?–Mucho, me encanta estar con mis chicos. Con mi mujer cada tanto nos escapamos de las obligaciones y hacemos un viajecito juntos.

PersonalNació el 1 de agosto de 1958.

Signo: Leo.Es hijo de Antonio Genco y Ana Beatriz Mathiot, ex encargada de ceremonial y protocolo de la UNCuyo, quien en la actualidad cooperaba con su hijo en la empresa.Está casado en segundas nupcias con Cecilia Perlino.Tiene 4 hijosEra deportista. Jugaba el tenis, iba al gimnasio dos veces por semana, los fines de semana practicaba enduro, y de vez en cuando hacía algún viajecito corto en moto de calle con su mujer, junto a amigos que salen en pareja.

Un hombre a quien admira y ayuda en algunos proyectos solidarios es el padre Vladimiro Rossi, de la iglesia Los Dolores. Ambos se conocieron muchos años atrás, cuando Genco formó parte del movimiento Peregrinos.

Vamos al grano–¿Quién toma las decisiones en tu empresa?

–Bueno, yo trato de estar en todo, sugiero, me gusta tirar ideas, dejo que tomen decisiones, pero algunas definitivamente las tomo yo.

–¿Sos un empresario que sabe escuchar?–Sí, claro, no podría ser de otra manera. Para eso tengo un equipo de gente que tiene muy buenas ideas.

–¿Quién es un ejemplo de empresario para vos?– En lo personal yo aprendí mucho de Danilo de Pelegrín, con quien trabajé varios años. El es un hombre con una gran capacidad de trabajo, sabe un montón de construcción y tiene una profunda claridad acerca de cómo manejar una empresa. Después tuve la suerte, en mi primera etapa, de que constructoras importantes de la época, como Willink u Octavio D’Ascanio, me dieran trabajo y me enseñaran el oficio.

–Con tantos autos para elegir ¿cuál manejas?–Ando en cualquier cosa… (se ríe) no tengo un auto. Siempre estoy probando usados porque tenemos en mente generar una marca de usados con garantía, así que los dejamos nuevos.

–¿Te gusta la velocidad?–Bueno, no soy tuerca, pero me gusta mucho conducir rápido.

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