Los especialistas comenzaron a alertar que, si no se llevan a cabo medidas efectivas contra estos perros, peligra la seguridad, la salud pública, la fauna nativa y, sobre todo, la producción ganadera.
Cada día, los perros urbanos sueltos y sin esterilizar comienzan a explorar nuevos ambientes y llegan a zonas rurales, donde se reproducen y crían camadas en ausencia del ser humano.
Justamente, son estas crías las que logran sobrevivir en estado salvaje y forman jaurías asilvestradas, con un crecimiento poblacional suficientemente alto en el último tiempo, y suficientes daños como para considerarlos una plaga.
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Los perros asilvestrados se manejan en jaurías para atacar a sus presas.
Los perros tienen alto impacto en múltiples niveles. Si bien el efecto más conspicuo es la predación, donde aparece la oveja como uno de los animales protagonistas, se suma la transmisión de enfermedades y efectos indirectos en el horario de actividad, uso del espacio y tasas de reproducción de los animales afectados.
Como dice el citado medio, la ganadería en Tierra del Fuego se encuentra en una situación límite, con una reducción de más del 50% del stock ovino producto de los ataques. Por su parte, desde el CONICET se encuentran llevando a cabo un trabajo de investigación con cámaras trampa en el que ya tienen registros de acosos y ataques directos.
Las consecuencias de no controlar a estos perros
Si no se redujera la presencia de perros asilvestrados y sueltos en las ciudades, las consecuencias serían diversas:
- Los perros continuarían viviendo en condiciones muy alejadas de lo que se considera un buen estado de salud del animal.
- Los ciudadanos seguirían expuestos al riesgo de ser perseguidos o mordidos por estos animales.
- Las calles, plazas y espacios públicos continuarían siendo áreas de exposición a enfermedades y parasitosis.
- La fauna silvestre que habita en las ciudades, e incluso la que está fuera de ellas, seguiría siendo acosada y atacada por los perros, poniendo en riesgo su supervivencia.