Un osito marrón. Adentro una media. Adentro una bolsa de nylon. Adentro dosis de cocaína. Pese a toda esa maniobra de narcopeluche para camuflar, un joven fue condenado por vender estupefacientes en un kiosquito ubicado en el oeste de Godoy Cruz.

Desde que fue detenido, allá por el 22 de enero pasado, su situación fue tan comprometida que ni siquiera intentó discutir su inocencia. Es que Sergio Sebastián Cruzate (22) era la única persona que estaba en esa casa de la manzana A del barrio San Vicente aquella jornada, cuando los policías de Narcotráfico irrumpieron en un allanamiento.

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Los sabuesos policiales hacía rato que vigilaban el lugar. No sólo habían encontrado al propio Cruzate con 32 dosis de cocaína en sus bolsillos en agosto de 2018. Sino que en los primeros días de este año un llamado al Fonodrogas había advertido que en esa casa “venden droga a toda hora del día”.

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Lo que no se imaginaban los efectivos era encontrarse con un narcopeluche. Cuando uno de ellos tocó el osito de felpa que estaba arriba de un mueble notó que tenía una costura en su espalda. Inmediatamente lo abrieron y en el interior, en lugar del típico algodón, se encontraron con varias medias que contenían a su vez bolsas de nylon. En total, los pesquisas contaron 1.773 dosis de cocaína, valuadas en casi un millón de pesos en ese momento.

En uno de los cajones del mismo mueble también hallaron 20 mil pesos en efectivo producto de la venta de drogas que realizaba 24/7 el sospechoso en esa casa de Godoy Cruz.

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A casi de un año del comienzo del caso, Sergio Cruzate fue condenado a 4 años y 3 meses de prisión por los delitos comercio y tenencia de drogas. Decidió admitir todo en un juicio abreviado y pactó esa pena con la Fiscalía, la cual se acerca mucho al mínimo de la escala penal que arriesgaba