Pecho comprimido, nudo en el estómago, intenso dolor de cabeza. Mi cuerpo sucumbió luego de enterarme de la trágica noticia: Micaela García fue hallada sin vida. Se trata de una joven de 21 años de Concepción del Uruguay que asesinaron sin argumentos. Es un femicidio más para las estadísticas argentinas y un hecho que pasa a ser cómplice de una sociedad que no frena ante la inoperancia y la violencia machista.
Ante esta situación, cientos de argentinos se conmocionaron y reaccionaron. Las redes sociales y las calles explotaron tras el descubrimiento del cadáver de la estudiante en un descampado de Gualeguay, a pocos metros de la ruta nacional 12 y a unos tres kilómetros de donde se había hallado el viernes su ropa.
Claro está que todos se elevan contra este horrendo crimen y reclaman justicia, ya que Micaela fue víctima de un sistema penitenciario deficiente y una Justicia incapaz de prevenir. En definitiva, de la inoperancia argentina.
Pero no tan solo fue víctima de circunstancias socio-políticas mal llevadas, sino que también fue víctima de una sociedad patriarcal que otorga a los varones poder sobre las mujeres. Fue víctima de la dominación masculina todavía vigente y que nos negamos a ver, prefiriendo atribuir este crimen a un "enfermo" como algunos aseguran que es el presunto asesino de la joven, Sebastián Wagner.
Pero ahora, ver a Wagner como un "enfermo" exime a parte de la sociedad de su responsabilidad de fabricar varones violentos, golpeadores, acosadores, violadores, asesinos de mujeres, como así también de las falacias que hay en la Justicia, la Policía y el sistema penitenciario.
El presunto asesino de Micaela es parte del resultado de una sociedad que enseña a sus niños que el cuerpo de las mujeres es un bien de consumo. Se trata de un problema puramente de educación.
Así como somos capaces de ver en una violación un acto de dominación masculina y de atribuirla a la violencia de género que sufre una mujer, tenemos que ser responsables y darnos cuenta de que estamos inmersos en un discurso patriarcal y que la educación igualitaria es la clave para cambiar este panorama y es por eso que en las marchas de "Ni una menos", una de las consignas fue: "Basta de criar princesas indefensas y machitos violentos".
La violencia de género no entiende de gobiernos, de política ni países. De esta manera esta situación seguirá ocurriendo mientras las personas eduquen a sus hijos de determinada manera y que los alienten a pensar que el cuerpo de las mujeres pertenece al ámbito público.
Es hora de reaccionar. El crimen de Micaela es inaceptable. El machismo tiene que desaparecer y eso empieza con una educación sin estereotipos. Hay que derribar el patriarcado y empezar a trabajar para lograr un sistema equitativo y no corrupto e inoperante como lo demostró la Justicia y el servicio penitenciario en este caso.
Hay que prevenir, decir basta y empezar a hacerse cargo del triste panorama en el que estamos sumergidos, porque si seguimos así nunca dejaremos de leer noticias que nos provoquen un dolor indescriptible.
