Entrevista

Juan José Campanella: "En mi vida el humor me sale solo y en los peores momentos me sale más"

El director cinematográfico y teatral presenta su nueva obra original en Mendoza y repasa los secretos del proceso creativo junto a su esposa Cecilia Monti, la histórica complicidad con Eduardo Blanco y el valor del sentido del humor ante los momentos difíciles.

El cineasta y director teatral Juan José Campanella es el director de la obra "Empieza con D, siete letras", una propuesta que promete conmover y divertir a Mendoza a través de una comedia brillante. La pieza se presentará en dos funciones exclusivas en el Teatro Mendoza (San Juan 1427, Ciudad): el viernes 16 de octubre a las 20:30 y el sábado 17 de octubre a las 19:00. En la previa de la presentación, el realizador habló con UNO y analizó el origen del proyecto, la experiencia del guion escrito a cuatro manos junto a su esposa y las claves de su dinámica de trabajo.

-"Empieza con D, siete letras" es tu primera obra teatral original desde "El cuento de las comadrejas". ¿En qué momento o bajo qué disparador surgió esta historia sobre las segundas oportunidades?

-En realidad la obra la empezó a trabajar Cecilia Monti, la coautora y mi mujer. Estaba muy interesado en el tema de las relaciones con un rango tan distinto de edad, y empezamos juntos a hablar de esas cosas: de qué une a dos personas no solamente de edades distintas, sino de culturas distintas, qué los puede unir, qué pasa con las segundas oportunidades, qué pasa con una persona que ha tenido una relación larguísima de toda la vida y de repente se encuentra solo, si baja la cortina o no... bueno, un montón de temas que los discutimos mucho, los hablamos durante las primeras versiones hasta que finalmente dijimos "trabajémoslo juntos", y así fue.

Eduardo Blanco, Victoria Almeida y Juan José Campanella.

Eduardo Blanco, Victoria Almeida y Juan José Campanella.

-Con Cecilia comparten vida y proyectos artísticos desde hace más de 25 años, esta es la primera vez que firman juntos una obra. ¿Cómo fue llevar la convivencia y el proceso creativo al guion a cuatro manos, y qué aportó cada uno desde su propia mirada para construir la historia?

-La convivencia y el proceso de trabajo fue absolutamente sin ningún problema, sin solución de continuidad. No hay diferencia entre la convivencia y el proceso: los dos sabemos cuándo tenemos que convivir y cuándo tenemos que trabajar. Nos adaptamos a los horarios del otro, a los trabajos del otro y a los intereses del otro también. Lo que cada uno aporta, quizás desde su mirada, fue por momentos en que ella, lógicamente, tomaba la visión de la mujer y yo la del hombre -la del hombre de esa edad, además-. El personaje tiene mi edad, así que sé en qué cultura se crió y cuáles son sus referentes. Pero en realidad nada iba a parar a la obra sin que estuviera consensuado con el otro. Esas dos visiones, cuando chocan las culturas, las podíamos identificar fácilmente con el personaje de Miranda, y cuando había ese choque lo incorporábamos a la obra con una cosa que marca mucho nuestra relación, que es el sentido del humor.

-Volvés a hacer equipo con Eduardo Blanco. ¿Cómo se renueva esa dinámica de trabajo tras tantos años juntos y cómo se equilibra tu exigencia como director con la complicidad que ya tienen?

-Con Eduardo es un placer trabajar, e ir a tomar un café después del trabajo. Aprovechamos para frecuentarnos más seguido, porque cuando uno trabaja en esto ocupa tantas horas el trabajo que, si no estuviera trabajando con Eduardo, no lo hubiera visto hace un año. Está buenísimo trabajar con amigos en ese sentido, pero además es un actor con el que tenemos muchísimo en common creativamente. Tenemos un mismo sentido del humor, cosa que ayuda mucho porque eso es imposible de dirigir. Y la dinámica no se renueva: es la misma que tenemos desde el año 81, cuando empezamos a trabajar juntos en una película en Super-8 con 22 años. Ahí es donde existe la disciplina y el conocimiento de los roles más allá de la amistad; la responsabilidad profesional, te diría. Pero ninguno de los dos tiene pelos en la lengua para dar la opinión que tiene del otro, porque tenemos una base de confianza, de admiración y de respeto que puede soportar muchas críticas. Él puede criticar cosas del guion como yo puedo criticar cosas de su actuación, para llegar a un lugar de consenso que es muy enriquecedor. Así debería ser la relación del director y del actor siempre.

Uno de los pasajes de la obra "Empieza con D, siete letras".

Uno de los pasajes de la obra "Empieza con D, siete letras".

-La obra transita entre el humor cotidiano y la emoción. ¿Qué lugar ocupa el humor para abordar temas como el paso del tiempo, el desamor, los vínculos o la búsqueda de una nueva oportunidad en la vida madura?

-Depende de la sensibilidad de cada uno. En mi vida el humor me sale solo, y en los peores momentos me sale más. Es como una defensa, pero es automático; no es una defensa estratégica donde pienso "estoy entrando en una zona de depresión o en una situación difícil, enchufemos el humor". No, sale solo, viene solo. Para mí es un estilo de vida natural, no es buscado. Tiene que ver mucho también con nuestra idiosincrasia, con una gran influencia italiana y judía que tenemos en Argentina, que son muy similares en el sentido del humor, en ese reírse de la desgracia. En mí hizo carne y me genera mucho humor. Ahora, las situaciones no son humorísticas: el humor está representado en el diálogo, en una cierta ironía o un sarcasmo. No es una sitcom o comedia de situaciones; lo que ocurre en la obra es bastante serio.

En pocas palabras

  • Juan José Campanella: presenta su nueva obra teatral original, "Empieza con D, siete letras", en Mendoza.
  • Proceso Creativo: la obra surgió de conversaciones con su esposa Cecilia Monti sobre relaciones y segundas oportunidades.
  • Colaboración: Campanella destaca la complicidad y el humor compartido con el actor Eduardo Blanco.
Resumen generado por Thinkindot AI

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