Editorial Lunes, 5 de junio de 2017

Por un cambio cultural

El #NiUnaMenos ha logrado políticas públicas y nuevas leyes, pero así y todo los femicidios aumentan.

Remeras con la imagen de una hermana, una hija, una madre, una amiga... Es la forma que tienen de recordarlas y también de exigir justicias (en plural). Carteles con un pedido tan sencillo y contundente las une: "Vivas nos queremos".

Las organizaciones de mujeres de la Argentina han instalado una consigna y una metodología de protesta que se hace eco en varias ciudades del mundo, convirtiéndose en un movimiento internacional. Más allá del tono político y a veces partidario, las marchas de #NiUnaMenos, que cumplieron este sábado dos años, han servido para visibilizar un sinfín de violencias y desigualdades muchas veces escondidas y otras tanto naturalizadas. Miles de mujeres salen a compartir sus experiencias, a poner sus cuerpos y sus voces, lo que además de las denuncias genera solidaridades.

En síntesis, el #NiUnaMenos ha sido una forma transversal y masiva de pedir un cambio cultural que acabe con la violencia machista que parece no tener freno.

Ha logrado instalar la discusión y poner en tela de juicio esas prácticas (y lenguajes) cotidianas en las casas, la calle, las escuelas o en los trabajos que refuerzan la violencia.

Y se ha hecho oír.

¿Quién dentro de los medios de comunicación se hubiera imaginado hace 10 años que se dejaría de hablar de crimen pasional y se utilizara la figura de violencia de género o de femicidio?

A pesar de estos pequeños grandes cambios, la violencia crece.

Ya se ha mostrado la triste estadística que ocupa Mendoza en femicidios, la tercera en el país, lo que llevó a que el año pasado desde varios sectores le pidieran al Ejecutivo la declaración de la emergencia en esta temática.

Según los números de la Corte Suprema de Justicia, en la Argentina los femicidios aumentaron 8% en el último año en el país: se mata a una mujer cada 35 horas, y casi en la mitad de los casos había una denuncia previa contra el asesino.

Todo indica que falta, además de un cambio cultural y educativo, hacer eficaces las políticas públicas, coordinar las acciones desde los distintos estamentos del Estado nacional, del provincial y de las comunas.

Falta hacer que se cumplan las leyes y dotar de presupuestos a los sectores que intervienen en forma directa en el abordaje de la problemática.

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