Macri ha decidido que ya no quiere funcionarios que busquen imponer su propio discurso. Los únicos que pueden invocar al Presidente son el jefe de Gabinete y sus dos vicejefes.

"Mis ojos, mi inteligencia"

Por UNO

Todo indica que los elencos con funcionarios de vuelo propio ya dejaron de convencer al presidente Mauricio Macri.

Por lo menos en el área de Economía y Finanzas el mandatario ha decidido que no quiere voces discordantes. Pretende un discurso uniforme.

Y, para decirlo con todas las letras, al gusto del jefe de Gabinete, Marcos Peña.

Por eso echó a Prat Gay de Economía y dividió en dos ese ministerio.

Por eso sacó a Carlos Melconian de la presidencia del Banco de la Nación Argentina.

Y por eso se desprendió del secretario de Obras Públicas, Daniel Chain, un histórico de los gobiernos porteños que no tenía buen feeling con su jefe, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio.

Está reordenando la gestión y unificando relatos, asegura un sector de la prensa.

Se está dejando tentar por la concentración de poder y el discurso único que tanto le criticaban a Cristina, dicen otros observadores.

En lo que todos coinciden es en el rotundo apoyo que Macri le ha dado a su jefe de Gabinete, Marcos Peña, y a los dos vicejefes de ese estamento: Mario Quintana y Gustavo Lopetegui.

"Son mis ojos y mi inteligencia, y cuando ellos piden algo, lo estoy pidiendo yo", ha dicho el Presidente respecto al trío mencionado.

Ante semejante frase hay que ser muy audaz para contradecir al mandatario.

Para remarcar aún más sus intenciones, Macri ha señalado que centralizar las decisiones es "la única manera de que el Estado funcione".

Y en su entorno completan la idea así: "El Estado no puede estar al servicio de la política sino al servicio de la gente".

En realidad quieren decir: "El Estado no puede estar al servicio de las pretensiones políticas de algunos. De nosotros, sí".

Cambiemos es un frente político compuesto por liberales, radicales y antikirchneristas de diverso pelaje, pero Macri ha dispuesto que ha llegado la hora de marcar el paso en una línea donde no haya voces discordantes. Es que el primer año dejó a todos con gusto a poco.

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