Editorial Jueves, 11 de octubre de 2018

Los contratos éticos

Es cierto. El Gobierno había firmado contratos con las petroleras, pero también con la sociedad.

Otra vez el Gobierno nacional debió recular ante una medida que fue decidida sin haberla merituado con rigor desde lo político.

¿Era legal la decisión de cobrarle a los argentinos 24 cuotas extras (de entre $90 y $100 por mes durante dos años) sobre lo que ya pagaron por el servicio de gas en el invierno pasado, cuando se produjo el pico de la crisis cambiaria?

Sí. Era legal. Lo fija el contrato.

El polémico pago iba a realizarse bajo el argumento de que lo recaudado se iba a destinar a pagarle a las empresas petroleras la diferencia cambiaria de un producto -el gas- que se vende en dólares pero que se cobra en pesos.

El texto admite que el precio cobrado quedaba abierto seis meses más hasta que se calculara cuánto varió el dólar y que se lo sumaría a la tarifa. Por eso el citado "extra" iba a empezar a pagarse en enero próximo.

Ahora bien ¿Era políticamente correcto hacerlo en este momento en que la devaluación ha golpeado a todos los argentinos y en particular a las clase media y baja?

No. De ninguna manera era correcto.

Pero, ojo, dirán algunos, mire que había contratos firmados con las petroleras.

Es cierto. Y el respeto por lo que se firma en los contratos es una base fundamental de las democracias.

Pero hete aquí que este gobierno también había firmado contratos -de fuerte peso ético- con todos los contribuyentes al haber asegurado que iba a gobernar con justicia para todos los sectores de la sociedad, sin preferencias por las corporaciones o los sectores concentrados.

El intríngulis en que nos ha metido la decisión de estos pagos extras nos ratifica lo complejo que es hacer política bajo el prisma del bien común.

Ante situaciones como ésta se entiende con claridad el temple, la inteligencia, el criterio, la sensatez, la ductilidad que debe tener un buen político.

Y, sobre todo, se comprende por qué los buenos políticos no pueden estar atados a dogmas inamovibles, salvo que ese dogma sea el de ser justos.

El macrismo tomó la decisión de respetar aquel contrato con las petroleras sin tener en cuenta que sin el apoyo de la oposición no va a tener Presupuesto para 2019.

Y reculó. La gobernabilidad le exigió reflexión.

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