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Ahora ya sabemos que esto de los aludes es una realidad que cada vez se nos hará más cotidiana. La reiteración de lluvias en suelos de alta erosión nos obliga a una gestión política más previsora.

Lo que arrastran los aludes

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Lo que ha ocurrido en estos días con la sucesión de aludes de piedras y barro caídos sobre la ruta internacional nos obliga a preguntarnos por qué muchas veces la política insiste en correr detrás de los hechos.

La nueva realidad climática que está viviendo el planeta no es algo de lo que nos hayamos enterado hace una semana.

Hace muchos años que asistimos a modificaciones preocupantes del clima. No es de hoy que términos como "la corriente de " o "de la Niña" o "del Niño fuerte" ya forman parte de las conversaciones habituales y no sólo de los especialistas en meteorología.

No es de anteayer que venimos tomando conciencia de cómo el hombre (en particular las naciones más industrializadas) están afectando la capa de ozono.

Nuestros veranos mendocinos son cada vez más lluviosos, pero también lo son nuestras primaveras.

Todos esos datos deberían haber sido merituados hace bastante tiempo por quienes deben adelantarse a definir cómo debemos enfrentar los daños que las crecientes provocan en una zona desértica y con suelos de alta erosión.

No se trata sólo de cuidar vidas y bienes en el camino a Chile. Se trata de planificar un sinnúmero de aspectos de nuestra cotidianeidad de otra manera. Como, por ejemplo, adelantarnos a los cambios de riego de nuestros cultivos. O, por caso, estar mucho más atentos a cómo puede verse afectada la provisión de servicios básicos, como el agua potable.

Ahora ya sabemos que esto de los aludes es una realidad con la que vamos a vivir más emparentados. Ya no serán cada cinco o diez años. Por eso, trabajar en la prevención de sus efectos ha pasado a ser un tema prioritario.

Si nuestra cultura política no estuviera dominada por la inmediatez y por las urgencias financieras que nos han dejado varios gobiernos, hace rato que asuntos tales como el de los aludes en la cordillera deberían tener un tratamiento muchísimo más previsor.

Ahora sabemos que debemos mejorar y modernizar el parque de maquinarias para limpiar con más rapidez, que hay que adiestrar al recurso humano y que hay ilustrar con mucha más anticipación a quienes usan los caminos de montaña y el cruce a Chile.

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