La presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, insiste en terminar de rifar el prestigio que supo generar cuando -casi en soledad- enfrentó a la dictadura y denunció la desaparición forzada de personas por parte del régimen militar que gobernó el país entre 1976 y 1983.
Con el correr de la reconquistada democracia, Bonafini comenzó a mostrar un costado político extremista, que excede su rol como luchadora no gubernamental.
Sus aportes para sacar a la luz las peores instancias de un Estado represor, un Estado que utilizó instancias terroríficas para combatir el terrorismo, se empezaron a diluir cuando Bonafini se jugó de lleno a favor del kirchnerismo y pasó a ser una especie de una superfuncionaria sin cartera.
Una funcionaria que terminó manejando cifras millonarias para la construcción de viviendas y para la conducción de una universidad militante. Ambos proyectos terminaron en escándalos financieros y políticos que están siendo investigados por la Justicia.
En los últimos días Bonafini ha salido a advertir de que si al juez federal Claudio Bonadio -tiene a cargo la causa contra Cristina de Kirchner por la venta de dólar futuro- "se le va la mano", va a impulsar la "toma" del Palacio de Tribunales.
Fue el mismo día que se conoció que la ex presidenta podría ir a juicio oral antes de fin de año.
Con sorna aseguró: "Le quiero dar las gracias a Bonadio porque cada vez que ataca a Cristina, tenemos miles y miles de argentinos que quieren defenderla, y si al loco se le va la mano, vamos y tomamos Tribunales".
No es la primera vez que llama a concretar estas rebeliones contra las instituciones. Durante las dos gestiones del cristinismo insultó y denigró a los magistrados que analizaban causas por corrupción de funcionarios kirchneristas.
Su accionar fue parte de la "colonización" de la Justicia que Cristina ordenó al digitar el nombramiento de fiscales y jueces militantes que debían blindar a los acusados K.
Triste reconversión de una luchadora.


