La política y la Justicia deben extremar los cuidados para que Milagro Sala no sufra en sus procesos tribunalicios ningún tipo de injusticia ni de atropellos a sus derechos.

El caso Milagro Sala

Por UNO

Milagro Sala es a todas luces una figura política. De ser una referente social de provincia fue reconvertida por el kirchnerismo en una funcionaria sin cargo formal que manejó partidas millonarias de dineros públicos para la construcción de viviendas en varios puntos del país a través de la organización de base Tupac Amaru.

Con Néstor Kirchner, pero sobre todo en las dos administraciones de Cristina Fernández de Kirchner, Milagro Sala hizo ostentación de poder, especialmente en Jujuy, donde el propio gobernador peronista Eduardo Fellner llegó a admitir que la líder de la Tupac tenía más influencia que él y que la Casa Rosada la atendía mejor a ella.

Jujuy tuvo gobiernos peronistas desde el retorno de la democracia hasta el año pasado cuando un frente de radicales y macristas logró desbancar ese poder "eterno" y llevó a la Casa de Gobierno de San Salvador a Gerardo Morales, de amplia trayectoria en el Congreso como legislador nacional y también como dirigente partidario de la UCR.

Sala acaba de ser condenada por la Justicia federal de Jujuy a tres años de prisión en suspenso en el primero de los juicios que ha acumulado, en este caso por el escrache violento a Gerardo Morales en 2009.

Antes de que fuera leído el fallo, Milagro Sala les reclamó a los jueces del tribunal que no se dejaran manejar por el poder político de turno. Pareció haberse olvidado cuando ella avalaba e impulsaba la prepotencia contra sus contrincantes políticos, convencida de que su poder duraría para siempre.

La política y la Justicia deben tratar por todos los medios de que Sala no sufra en sus procesos judiciales ningún tipo de injusticia ni de atropello a sus derechos, sobre todo ahora que faltan definir las acusaciones más graves: las del uso discrecional de los millonarios fondos que Cristina de Kirchner le enviaba para construir casas como si Sala fuera una ministra de Acción Social.

Los derechos humanos no pueden ser sesgados ni usarse para ser funcionales a una causa. Para hacer verdadera justicia, el caso de Milagro Sala no puede tener manchas.