El amargo café con leche

La especulación voraz corroe la economía familiar, pero también la credibilidad de ciertos empresarios.

En la crisis, cuando las papas queman, es decir, cuando la plata se esfuma como por arte de magia, mucho se alude al esfuerzo de los que más tienen en pos de los necesitados. Entonces, los empresarios del rubro alimentos encabezan el podio de los más mirados, por aquello de las máquinas remarcadoras funcionando a destajo. A continuación, dos ejemplos palpables de Mendoza. Uno, horas antes de la brutal estampida del dólar. El siguiente, post moneda verde a $43 en la city mendocina.

¿Cuánto vale realmente este pouch de café instantáneo?, se preguntó un hombre en la góndola del súper. ¿Los $132 que decía hasta ayer o los $89 que están marcados ahora? La pregunta no era retórica, sino absolutamente razonable, porque en apenas 24 horas el precio del mismo producto había caído $43, es decir, más del 30%. Y ni siquiera estaba anunciado como producto a precio promocional...

El segundo episodio lo vivió en el mismo súper: un litro de leche líquida, de primera marca y envasada en recipiente de cartón, estaba a la venta en $41. Esto es por la crisis, el dólar y otros graves etcéteras, le explicó el encargado de los lácteos. Sin embargo, la misma caja de leche líquida se vendía, a cinco cuadras de ahí, a $27,30. La matemática no lo dejaba mentir. La diferencia era de ¡casi $14! Trece pesos con setenta centavos menos, para ser más precisos.

¿Entonces, en qué quedamos? ¿En discursos solamente? Todo indica que es así y que estamos inmersos en una espiral de especulación y manipulación de precios sin ton ni son. Que el aumento de las naftas impacta directamente en el presupuesto familiar es más viejo que Matusalén, diría cualquier hijo de vecino.

Pero si el precio de un producto (el café de marras) se desploma más del 30% de un día para el otro y el precio de otro (la leche) es casi el 40% más caro que en otro local que está a cinco cuadras (y en una zona considerada más cara)ALGO está funcionando mal, MUY MAL, en un tramo del largo e insondable recorrido que termina en la góndola. ¿Y ese tan mentado esfuerzo en pos de los que más necesitan? Eso es para la gilada, parecen decirnos algunos, con la boca llena de dientes, como telón de fondo de un sinfín de máquinas remarcadoras de precios funcionando a todo vapor. Pero... ¿De qué precios estamos hablando? ¿De los razonables? ¿O de los precios desbocados y sin sentido, más hijos de la especulación y de la timba financiera que de las buenas artes del comercio y del compromiso social?