El fin de año viene bastante movido para Mauricio Macri y su equipo. Tras los tironeos con la oposición y los gremios para aprobar los cambios en Ganancias, la especulación más cantada era que la agitación sería externa al gabinete de Cambiemos.
El temor que sobrevolaba era que se produjeran importantes coletazos sociales, producto de la crisis generalizada. En ese contexto, desde distintos sectores agitaban ex profeso el recuerdo de los saqueos y la caída de Fernando de la Rúa en aquel fatídico diciembre de 2001.
El primer fusible fue la renuncia de Isela Costantini. La presidenta de Aerolíneas Argentinas debió irse por falta de apoyo a su estrategia para disminuir el rojo de la empresa y no perder competitividad.
La segunda baja, y de un previsible impacto mediático, fue la del ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay.
El eufemismo para este caso fue que Macri "le pidió la renuncia", cuando en realidad echó al funcionario al que se recordará por la eliminación del cepo y el haber cerrado una dura negociación con los holdouts.
El jefe de Gabinete, Marcos Peña, negó que la salida de Prat Gay fuera producto de una interna, pero era vox populi que no pertenecía a la mesa chica del Presidente.
La apuesta de Macri fue dividir el ministerio en dos. De tal manera, el economista Nicolás Dujovne se hará cargo de Hacienda y Luis Caputo será el responsable de Finanzas.
Los cercanos al saliente ministro señalan que su talón de Aquiles era no saber trabajar en equipo. Otros adjudican la salida a los chispazos con el influyente Marcos Peña.
Macri no dudaba de sus condiciones, por algo lo convocó desde que fue ungido mandatario. Sin embargo no lo ve lo suficientemente operativo como para avanzar en los cambios sustanciales que requiere la coyuntura económica del país.
La reciente aprobación de la ley de Ganancias descomprimió las presiones internas y externas del Gobierno nacional. Eso no significa que aún no le queden incendios por apagar.
Para esa tarea necesita un afiatado equipo de bomberos y Prat Gay, de acuerdo con el radio pasillo macrista, no tenía el traje adecuado para cumplir tan arriesgada función.


