Editorial Jueves, 4 de octubre de 2018

Atados a Brasil

Son tantos los lazos que nos unen con Brasil que las elecciones del domingo tendrán aquí un fuerte eco.

Nuestro destino político y económico tiene tan estrecha ligazón con el de Brasil que realmente tendríamos que vivir las elecciones presidenciales del próximo domingo en ese país como si fueran las nuestras.

Que Jail Bolsonaro, un candidato de extrema derecha esté liderando las encuestas para ganarle en primera vuelta a Fernando Haddad, quien quedó como postulante del partido de Lula Da Silva, es sólo una de las varias preocupaciones que generan las urnas brasileñas.

También hay inquietud porque esos mismos sondeos aseguran que en segunda vuelta -el 28 de octubre- el hombre de Lula, Haddad, quien fue alcalde de San Pablo, la ciudad más grande y poblada de Brasil, será el que finalmente se quede con el triunfo.

De Bolsonaro se puede entender que inquiete con su extremismo militarista y sus rasgos xenófobos, ¿pero por qué asustaría Haddad siendo que es, dentro del movimiento laborista, un hombre centrado y poco afecto a los extremos?

La razón que sostienen los mercados es que Haddad podría sentirse obligado a indultar al ex mandatario Lula Da Silva quien está condenado a 12 años de prisión por casos de corrupción.

De darse ese supuesto indulto, el país viviría una convulsión política que podría durar mucho tiempo frenando así la esperada recuperación económica de Brasil, nación considerada como la locomotora económica de América del Sur.

Esta incertidumbre electoral ya está afectando al aparato industrial, al punto que en setiembre bajaron todos los indicadores de expectativas de la construcción, uno de los sectores claves para promover el empleo.

El analista político argentino Sergio Berenstein escribió en El Cronista que el derechista Bolsonaro "es una incógnita enorme porque nunca hemos tenido un personaje de estas características" y recordó que Brasil es un país donde los presidentes que quisieron escapar del "término medio" terminaron mal.

El equipo de Bolsonaro, atento a estas señales de peligro, ha comenzado a tirar líneas de pragmatismo para no alarmar aún más al mercado.

Sea quien sea el ganador, la Argentina estará obligada a trabajar de manera inteligente con quien resulte presidente porque el futuro argentino está lleno de puntos en común con Brasil.