La humanidad ha sido testigo del abrumador desarrollo tecnológico en el campo de la electricidad, electrónica y de las comunicaciones. Este desarrollo está acompañado de un aumento, tanto en la cantidad como en la diversidad de fuentes de campos electromagnéticos, sobre todo en los casos de telefonía celular. Los beneficios de este desarrollo se verían contrarrestado, aparentemente, por los efectos adversos de estas señales RF en la salud. Desde tiempo atrás se conocen los efectos nocivos de las radiaciones ionizantes (por encima del espectro visible) y los efectos térmicos de las no ionizantes en los seres vivos. Sin embargo, subsisten aún dudas sobre los efectos no térmicos de las radiaciones no ionizantes. Las ondas electromagnéticas podrán ser producidas por fuentes naturales o artificiales. La radiación solar que ocupa un amplio espectro de frecuencias y la Tierra misma son una fuente natural de estos campos. Las radiaciones no ionizantes no tienen la suficiente energía como para romper los enlaces atómicos, pero sí podrán provocar algunas alteraciones físicas, como la absorción de energía y generación de calor. Las ondas electromagnéticas pueden provocar efectos biológicos en seres vivos que no necesariamente desemboquen en un efecto adverso para la salud, inclusive se aprovechan para efectos curativos. Un efecto adverso para la salud aparece cuando el efecto biológico es de tal magnitud que no puede ser compensado naturalmente por el organismo. Muchas veces estos efectos son inocuos, y son reversibles, es decir desaparecen cuando desaparece la excitación.

a) Efectos térmicos: En este proceso, la molécula se excitará con el consiguiente calentamiento. En la mayoría de los seres vivos este aumento de temperatura se distribuye irregularmente de acuerdo con la concentración de agua en cada tejido. El cuerpo reacciona incrementando el flujo sanguíneo en la zona como mecanismo termorregulatorio. Si el calor acumulado excede la capacidad natural de disipación del organismo se produce hipertermia, quemaduras, hemorragias, necrosis.

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b) Efectos no térmicos: Estos efectos son menos conocidos. Se pueden clasificar como interacciones a nivel molecular, celular y tisular. Como consecuencia de los efectos no térmicos adversos, se pueden citar la posible formación de carcinomas, dolores de cabeza, insomnio o cambios en el encefalograma. Otros parámetros a tener en cuenta es la absorción de energía de radiofrecuencia por parte de los tejidos, denominada “tasa específica de absorción” (SAR) y el tiempo de exposición. El SAR se mide en vatios de radiación por Kg. de masa. Para que se produzcan efectos adversos para la salud son necesarias tasas de absorción superiores a los 0,4 W/Kg.

 c) Normas vigentes: El límite en los niveles de radiación electromagnética de microondas en los EEUU establece un máximo de 10mW/cm2, mientras que en Rusia un nivel máximo de 1mW/cm2, y aun menores para el caso de exposiciones prolongadas. En el caso de los hornos de microondas, en EE.UU existe una norma aparte que establece que dichos aparatos no pueden tener pérdidas de radiación superiores 1mW/cm2 a una distancia de 5cm desde cualquier punto del aparato.

En el caso de Argentina, la Ley establece las exposiciones laborales máximas, para la gama de frecuencias entre 100 Hz y 100 GHz: la densidad media del flujo de potencia no puede superar los 1mW/cm2 y con un tiempo máximo de exposición continua de 8 horas por día. Mientras que para niveles superiores a los 10mW/cm2 y por debajo de los 25mW/cm2, el tiempo de exposición se limitará a un máximo de 10 minutos por hora de trabajo, de una jornada de 8 horas. Para densidades medias de potencia que exceden los 25 mW/cm2, no se permite la exposición.

CONCLUSIONES. En el caso de la telefonía celular y los servicios de 4G y 5G, que trabaja en bandas de frecuencias comprendidas entre los 800 MHz y 26 GHz, no existen todavía indicaciones precisas sobre la posibilidad de generar cáncer, aunque no haya conclusiones definitivas hasta ahora. Se recomienda que las antenas de telefonía móvil deben ubicarse de modo tal que el público no pueda tener acceso a ellas o estableciendo una distancia de seguridad a valores de exposición de 1,2 y 0,57 mW/cm2, respectivamente.

Los valores registrados en las distintas mediciones realizadas en localidades de la provincia dieron resultados muy inferiores a los que establece la norma vigente, en términos de potencia por centímetro cuadrado de superficie del cuerpo humano (expresados en mW/cm2.

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El otro tema que no debemos descuidar, es el uso del aparato telefónico que portamos y manipulamos cerca del cuerpo, sumado que en la mayoría de los casos llevamos y o portamos más de un aparato simultáneamente. Nuestro equipo ha realizado mediciones de estos aparatos y a una distancia de 4 centímetros del corazón, es decir en el bolsillo de la camisa, el nivel de densidad de potencia por centímetro cuadrado, supera en casi un 50 % lo establecido como máximo tolerable, acarreando serios problemas en el órgano en cuestión, sobre todo en el momento que se establece la llamada, ya que el equipo en ese momento responde con la máxima potencia. Cosa parecida ocurre cuando hablamos con el teléfono apoyado sobre el oído, en ese caso estamos a menos de 2 centímetros del cerebro, si bien no hemos medidos efectos sobre el mismo, pero por extrapolación sobre lo realizado sobre los corazones, es nuestra misión alertar  al público en general.

También es importante destacar  que cada sistema de antenas tiene una capacidad limitada de usuarios: a mayor cantidad de usuarios se necesitan antenas más cercanas, pero esto trae aparejado una disminución de la potencia de las mismas. En esto se basa el sistema “celular”. Cosa que es beneficioso para la población en general, menos potencia distribuida en más lugares, significa menor grado de contaminación en general.

 

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