Columnistas Martes, 19 de junio de 2018

Presentación de buzos en Mendoza: esto se va a descontrolar

La ya tradicional fiesta de los alumnos secundarios comienza a tomar dimensiones exageradas.

Díganme amargo. Tíldenme de aguafiestas y pinchaglobos. Pero las ya tradicionales presentaciones de los buzos en las escuelas secundarias están cada vez están más cerca de volcar.

En poco tiempo estas celebraciones de alumnos de escuelas secundarias han sido noticia tres veces en la provincia. La primera por un video en el que unos pibes de una promoción quemaron el buzo de otra. La segunda, por una bengala que dañó la pintura de la camioneta de un profesor (el arreglo del rodado -bien hecho- tiene un costo similar a dos sueldos iniciales de un docente). La tercera, por las pintadas y cortes de calle que hicieron los alumnos del Normal y por las cuales sus padres y la escuela fueron multados.

Los alumnos del Normal de Tunuyán quemaron remeras frente al colegio Niño Jesús. Los directivos buscan que esto no se repita el año que viene.
Los alumnos del Normal de Tunuyán quemaron remeras frente al colegio Niño Jesús. Los directivos buscan que esto no se repita el año que viene.

Bengalas, no aprendimos nada

Ni la bengala que mató a Roberto Basile, un hincha de Racing en la cancha de Boca mientras esperaba el partido en el año 83 (la que originó la canción de Spinetta "La bengala perdida"), ni la que mató a 194 personas el 30 de diciembre de 2004 en Cromañon, ni la que se llevó la vida de Miguel Ramírez, un joven de 27 años el 30 de abril de 2011 en un recital de La Renga en La plata nos han enseñado nada. Los pibes siguen usando bengalas.

Otro problema es la rivalidad entre las escuelas que late detrás de esta ceremonia. Muchos chicos, en los espacios públicos, imitan el comportamiento de un barrabrava: se insultan, cantan canciones agresivas, se amenazan por redes sociales, discriminan, rompen plazas, se agreden físicamente, pintan propiedad pública y cortan las calles a punto tal de tener que recurrir al acompañamiento de preventores municipales en cada presentación. Todo filmado y compartido -con inconsciente orgullo- en las redes sociales por los mismos alumnos.

Para colmo la cosa empieza antes: en una previa que, vaya uno a saber por qué, tiene que ser una vigilia durante toda la noche anterior con la ingesta de mucho alcohol. Pésima idea para concurrir a la escuela al otro día, o para encontrarse con estudiantes vestidos de otro color en una plaza.

Estas previas se hacen en casas de los mismos alumnos, con el consentimiento de los padres, lo que es más preocupante todavía.

El fenómeno no termina ahí. Al año siguiente los chicos festejan el aniversario de la presentación y repiten la ceremonia con la previa y todo. Los docentes deben finalmente lidiar con alumnos que se presentan, al día siguiente, en calidad de bulto a la escuela y se duermen en horas de clase.

Hace poco un amigo docente habló con con un grupo de alumnos de nivel secundario. Les preguntó si sabían la fecha en la que debían festejar el aniversario de la presentación del buzo. Respondieron al unísono sin la menor duda. Luego les preguntó si sabían el año de la Revolución Francesa. El silencio fue sepulcral. "¡Vamos chicos! Es fácil, es una escalerita, mil... setecientos ..." dijo mi amigo. No hubo respuesta. Sólo quejas por las preguntas "tramposas". La mayoría de estos chicos terminan la secundaria a fin de año.

¿Y el Estado?

Hace poco me enteré, pero no lo pude confirmar, que hay un concurso gubernamental -no sé todavía si municipal o provincial- en el que los diferentes cursos buscarán obtener el premio al mejor video de presentación de buzos.

Si la acción se lleva a cabo, habrá que ver cuál es el objetivo. Si lo que se busca es ordenar estos festejos, premiar el esfuerzo, estimular la creatividad, disminuir las rivalidades, los destrozos y las amenazas en las redes sociales, está perfecto. Pero si solamente apunta a acaparar un fenómeno popular con fines políticos, esto se va a descontrolar.

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