Los graves problemas que padece hoy la Unión Cívica Radical han dejado de ser políticos. Son de carácter psicológico. Mejor dicho, son de índole parental.
La interna radical parece más una cochambrosa reyerta parental que una cuestión política. Por eso Sanz desafía: “Estoy pensando en agosto”.
UCR, una familia disfuncional
El radicalismo, en efecto, está dejando de ser un gran partido para convertirse en una familia. Una familia disfuncional.
No se entienden, de otra manera, las pasiones desatadas que los llevan a masacrarse entre sí cuando se encuentran, nuevamente, tras los fracasos de Catamarca y Chubut, a las puertas de una segunda disolución. Que, esta vez, podría ser la definitiva.
La muestra más cabal es Mendoza, una de las pocas provincias relativamente importantes donde la UCR está en condiciones de luchar por el poder.
Y lo que impera, aquí, es el odio, por encima de cualquier otro sentimiento. Odios personales por encima de cualquier planteo táctico o estratégico.
Están como esas largas familias decadentes, cuyos miembros, aburridos de coexistir, son capaces de pelearse por el cuadro polvoriento que deja la abuela, descuidando el negocio que les da de comer a todos.
Peleas aquí y acullá
La riña de tinte familiero no es patrimonio exclusivo del radicalismo menduco.En el plano nacional, donde está por resolverse nada menos que la candidatura presidencial, los últimos acontecimientos apuntan en la misma dirección.
Lo que debía ser una esgrima de ideas, propuestas y aires renovadores, de cara a la sociedad, entre Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz se ha ido cuesta abajo.
Según el alfonsinismo, lo único importante pareciera ser que Sanz es “el candidato de Techint”, o sea, del establishment.
Para el sanzismo, en tanto, Alfonsín es el candidato del kirchnerismo. Por si esto fuera poco, ha dejado trascender que puede haber fraude en la próxima contienda interna de abril.
¿En qué se fundamenta la sospecha de juego sucio? En que el partido está multiplicando las mesas para votar, lo cual obligará a contar con una cantidad exorbitante de fiscales que Sanz (ni, eventualmente, Cobos) puede juntar, sobre todo en Buenos Aires.
Sanz mira a agosto
Ernesto Sanz, poniéndose la mano en el corazón, se hace cargo de este mal momento y de la virulencia inútil de la campaña.Entonces, le anticipa al arriba firmante: “Estoy pensando seriamente en agosto”.
Lo cual constituye toda una noticia.
“Si no podemos garantizar unos comicios internos transparentes y ejemplares en abril, prefiero inclinarme por la elección obligatoria de agosto, abierta y simultánea. Será una manera de trasladarle la decisión a la gente y no a los aparatos y a las roscas partidarias”, dice, dándose ánimos, el senador mendocino.
Una de las definiciones del momento.
Los tres mosqueteros
¿Tiene alguna posibilidad el radicalismo de recuperar la gobernación, habida cuenta de la inusitada popularidad de la que goza hoy la Presidenta?Lo visto hasta ahora indica que están transitando el mismo camino que en 2007, cuando el radicalismo K (o sea, Alfredo Cornejo), Roberto Iglesias y Víctor Fayad tiraron cada uno para su lado, perdiendo una elección que tenían en el bolsillo.¿Por qué sucede lo que sucede? Porque, como dijimos al comienzo, las inquinas personales, las ínfulas, la soberbia, las infatuaciones solitarias, que no se limitan a los tres mosqueteros sino que se contagian al resto de la nomenclatura partidaria, tapan las necesidades políticas más elementales.
Las últimas decisiones para retrasar la interna, que el intendente godoicruceño Cornejo considera una buena jugada, el intendente capitalino Fayad apoya (al igual que Sanz y Cobos) y el ex gobernador Iglesias deplora, son un paso más del largo minué radical que la gente común no tiene ninguna posibilidad de entender.
Es una cuestión puramente endogámica. Una reyerta familiar. Ellos dirán si quieren dirigirse a la sociedad o sólo al comité.
¿Y Cleto? ¿A gobernador?
Queda por pispear en el enigma Cleto. ¿Alguien entiende hoy al vicepresidente?Desde su entorno aseguran que todavía no se ha bajado de la carrera presidencial. Esperará a ver cómo se resuelve el duelo Alfonsín-Sanz, que podría dejar un tendal de heridos.Desde un entorno un poco más lejano, en cambio, aseguran que ya tiró la toalla.
¿Podría, pues, optar por repetir su candidatura a gobernador?Para Iglesias, sería una locura: “Nosotros estamos tratando de provincializar los comicios. Con Cobos en competencia por la gobernación, la cosa se terminaría de nacionalizar. El duelo será Cobos vs. Cristina. Y nos iría muy mal”.
Para Cornejo, Cobos no está interesado en una gobernación. Pero por otras razones. Quiere competir por lo nacional o nada. Ni siquiera le interesa integrar la lista de diputados nacionales. “Preferiría irse a su casa”.
¿Por qué? ¿Le dan muy mal los números? Al contrario, según Cornejo. En una encuesta que le encargó a Elbio Rodríguez, se les pregunta a los mendocinos (1.400 casos vía celular): “¿Le gustaría que Julio Cobos se retire de la política?”. Sólo 25% respondió que sí. Otro 25,78% preferiría verlo como candidato a presidente y 37,28% compitiendo por algún cargo en Mendoza.
Es por estas razones que algunos capitostes radicales insisten en que Cobos debe ir por la gobernación finalmente: “Garantizaría la mejor chance de triunfo y, de paso, solucionaría la interna Cornejo-Iglesias”.
¿Qué espera Cobos? “Espera el operativo clamor. Que lo llamen”.
La evolución de Cazabán
En otras palabras, los principales referentes nacionales (Cristina, Cobos, Macri, etcétera) tendrán un peso indudable en los comicios locales, como ya se vio en Catamarca y Chubut.Y hasta tal punto el factor Cristina es la carta ganadora del PJ mendocino, que la multitud de candidatos en danza desespera por mostrarse como el cristinista mejor posicionado.
En la poblada maratón peronista, el secretario Alejandro Cazabán sigue primereando al resto. Esta vez, con nuevos afiches callejeros de fin de semana largo.
Son buenos para seguir, en las paredes, el fascinante proceso de la Cazabán-Evolution, es decir, la evolución del precandidato en la cartelería.
Si antes apenas podía colocar en su boca, con gran esfuerzo, una tenue sonrisa tipo Mona Lisa, aunque más oscura, ahora consiguió emitir una risa de verdad, aunque devoradora.
Lo más curioso y significativo, sin embargo, no está en el rostro duro de Cazabán, sino en su actitud corporal. Se ha colocado junto con la Presidenta. Pero no para recibir su aval, su consagración, en la foto. No. Es él quien la abraza, él quien la contiene y la conforta por alguna pena que se adivina flotando en el aire.
Es él, Cazabán, quien bendice a Cristina en el afiche y no al revés.
No hay caso. En materia de audacia e iniciativa, Cazabán le lleva un rato largo de ventaja al malón de sus competidores.



