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Newton, a hombros de gigantes

1665. La gran plaga en Londres. Es la peste bubónica, uno de los cuatro jinetes del apocalipsis.Cien mil muertos, un quinto de la población. Se prohíbe todo acto público. Cierran las

universidades. En esos dos terribles años, mientras la desesperación y muerte se abatían sobre toda

Inglaterra, en una retirada granja en Woolsthorpe, en la campiña inglesa, el joven Newton vio caer

la famosa manzana, formuló las leyes del movimiento y la ley de la gravitación universal e inventó

el cálculo diferencial. Con estas herramientas, la humanidad llegaría a poner su pie en la luna,

calcularía misiones a casi todos los planetas, y enviaría al Voyager más allá de los límites del

sistema solar con exquisita precisión. De anciano, contestaba a quien le preguntase cómo había

hecho para llegar a tan extraordinarios descubrimientos: "Pensando continuamente en ellos", decía,

"Solía mantener pendiente el tema ante mí, y esperar hasta que los primeros albores se convirtieran

poco a poco en la plena luz del día." Un genio.

En 1687, muchos años después de haber concebido la mayoría de sus teorías, publica a

instancias de Edmond Halley (si, el del cometa), su "Philosophiae naturalis principia mathematica",

a juicio de muchos el libro más importante de la historia de la ciencia. Fue, junto a Einstein, uno

de los pocos científicos que lograron reconocimiento y notoriedad en vida. Fue el primer científico

nombrado caballero de la corona por sus trabajos. Ocupó la cátedra Lucassian de Cambridge. Presidió

la prestigiosa Royal Society hasta su muerte.

A ver... es fácil perderse en los apasionantes detalles matemáticos y científicos de las

fabulosas e increíblemente universales teorías de Isaac Newton. Fue enormemente prodigo. Además de

lo mencionado, inventó, por ejemplo, el telescopio de reflexión, o telescopio de Newton. Debido a

las limitaciones de las lentes de los telescopios de su época (como el de Galileo), que trabajaban

por refracción de la luz –el vidrio de la lente absorbe algo de luz, poniendo un límite a su

grosor, y por lo tanto, a su aumento-. Newton inventó, e inclusive construyó él mismo, uno con

espejo cóncavo. Aplican este sistema los telescopios más grandes de la tierra, en el Cerro Mauna

Kea, en Hawaii y en el Cerro Paranal, en Chile, así como el telescopio espacial Hubble. ¿Hace falta

decir más? También descubrió la naturaleza de la luz y la descomposición de la luz blanca en el

espectro de colores mediante un prisma. Esto posibilitó el desarrollo de la óptica moderna, así

como la espectrografía, que nos permite conocer la composición material de las estrellas a millones

de años luz de distancia. Hay muchas cosas más.

A pesar de todo esto, el más impresionante salto de pensamiento de este prócer de la ciencia

fue mucho más conceptual. Aristóteles había establecido que existía una mecánica para las cosas

terrenas, al alcance de la experiencia directa del hombre, y otra completamente superior, en los

cielos. Estas ideas resultaban especialmente coincidentes con la cosmovisión impulsada desde las

religiones (otra vez...). Aun hoy en día utilizamos la expresión "mecánica celeste". Newton ve caer

la manzana, se pregunta por qué razón todos los objetos caen siempre hacia abajo, mira al

horizonte, piensa que en la cima de la montaña más alta ocurre lo mismo, levanta la mirada y ve la

luna, y se pregunta si este efecto de "gravedad" de los cuerpos no será lo que la mantiene cautiva

girando alrededor de la tierra... Lanzado a la idea, la refina, la razona, desarrolla las matemáticas

necesarias para darle cuerpo de teoría científica, y después de muchos años de pulimiento, las

publica. El reconocimiento de este salto conceptual fue unánime y generalizado. La sensación de que

el conocimiento humano podía explicar, mediante algunas leyes sencillas, lo que ocurría en el

huerto del fondo, en la luna, el sol y más allá, se extendió rápidamente como una verdadera

revolución del pensamiento y de la ciencia. Sólo habían pasado 40 años desde las publicaciones de

Galileo. Se generó una era de euforia científica en toda Europa.

Un último detalle. Conocemos a Sir Isaac Newton, quien literalmente explicó el universo

conocido en su época. Prestigioso, reconocido además, por colegas y legos. Caballero de la Corona

en Inglaterra del siglo XVIII. Ensalzado, casi endiosado, según crónicas de la época. No es tan

conocido, sin embargo, el camino que recorrió para llegar allí.

El pequeño Isaac nació prematuro, huérfano de padre, un campesino fallecido tres meses antes,

en una humilde granja rural. Se dudó de su supervivencia a causa de su debilidad física. A los dos

años fue enviado a vivir con su abuela, condición impuesta por el reverendo Barnabas Smith para

casarse con su madre. A los doce años se tiene que ir a vivir a un pensionado para poder estudiar.

Es la casa de un Boticario. Descubre allí una biblioteca de artículos y libros científicos –un

notable golpe de suerte para Newton, y para la historia del pensamiento, en una época en donde no

había diarios, y a "solo" doscientos años de la invención de la imprenta, no era muy común tal

facilidad de acceso a información científica-. A partir de ese momento decide canalizar toda su

energía al estudio de la ciencia. A los 30 años es nombrado miembro de la Royal Society. Lo demás

es historia conocida. En una época donde el concepto de movilidad social no estaba ni inventado.

Creo que eso pone definitivamente en perspectiva humana esta gesta del pensamiento.

Cuando le preguntaron cómo había hecho para concebir leyes sobre todo el universo, el

contestó "Si he visto más lejos, es porque estaba subido a hombros de gigantes". Un genio de la

matemática y de la ciencia. Pero también algo más. Un hombre sabio.