Jaque nunca fue feliz en las cuatro Vendimias que presidió. De los silbidos a la suspensión de la Fiesta, el Frank Romero Day siempre le resultó ingrato.

La maldición del teatro griego

El Anfiteatro es una construcción extraña, dotada de vida propia. Ámbito emblemático de Mendoza,los años le han ido dando una pátina legendaria.

Hasta tal punto es extraño e indescifrable para muchos, que ni siquiera es lo que es. Porque

su categoría verdadera corresponde, en realidad, a la de teatro griego.

Pero en el habla popular al Frank Romero Day se lo sigue mencionado, con cariño, como "el

Anfiteatro" y hasta los periodistas, que deberíamos ser precisos en los términos, acabamos cediendo

a la tentación de designarlo así.

Las leyendas, los mitos, es sabido, terminan imponiéndose a las verdades científicas y

racionalistas de la cátedra.

Un Celso que parece Evo

Celso Jaque también es un hombre raro. Difícil de etiquetar y de "ver" tal cual es.

Cuando la Presidenta, la semana pasada, lo llamó "Evo" en vez de Celso, estaba respondiendo,

de manera inconsciente y mediante una reminiscencia incaica, a ese problema de focalización que

existe en torno a la figura del gobernador.

Jaque, como el Anfiteatro, goza de un apelativo que no le corresponde. Pero que dice mucho

respecto de su manera de comunicarse con el mundo.

Buscando a un malo de película

La relación entre estas dos entidades, entre Jaque y el Frank Romero Day, o entre Evo y el

Anfiteatro, según quiera mentárseles, ha estado marcada, durante estos tres años y las cuatro

Vendimias, por la dificultad que emana de sus respectivas anfibologías.

El gobernador nunca estuvo cómodo entre las pétreas formaciones del coliseo que, cuando

desborda de público, se carga con igual energía amenazante que la Quinta Vergara villamarina. El

Romero Day, durante las horas calientes de la fiesta central, es un Monstruo. Rugiente y

caprichoso.

Una de los noches más dolorosas para el malargüino ocurrió tres Vendimias atrás, cuando una

cerrada silbatina lo acompañó en su arribo al teatro.

En ese mismo instante, sus colaboradores lo convencieron de un argumento al que Jaque se

aferró con uñas y dientes: "La culpa de los silbidos la tiene el Petiso Cornejo. Él te armó esta

operación en las tribunas", le soplaron al oído, palmeándole la espalda algo encorvada.

El intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, quedó convertido así en una especie de Petiso

Orejudo, un malo de película.

Lo que sirvió, de paso, para que nadie en el Gobierno provincial se tuviera que hacer

responsable de la imprevisión y del mal trago.

Cuando ruge el Monstruo

Durante las cuatro Vendimias que le tocó presidir, Jaque nunca pudo sentirse plenamente feliz

y a sus anchas. No tuvo romance con la tribuna. No pudo repartir besos y abrazos con lánguida

placidez vendimial. Y sus espectáculos cumplieron, pero ninguno pasará a la historia grande por sus

audacias o innovaciones que hicieran aportes futuristas, que dejaran con la boca abierta.

Incluso este último, con dirección de Walter Neira, fue alabado por los críticos ceñudos y

atrabiliarios de los diarios. Pero adoleció de un pecado mortal: tuvo largos tramos anodinos y

aburridos. Defecto que no hace mella en los comentaristas, curtidos de ver tantas películas iraníes

en el cine club.

De todos modos, pudo haber sido un cierre tranquilo y digno del ciclo jaquista... si es que

el Diablo no hubiera metido la cola otra vez. El Monstruo se comportó como tal, para continuar

dando pábulo a la leyenda.

Primero, con la reina. Nadie, en el oficialismo, apostaba por la representante de San Rafael,

favorita de la afición. Era un trofeo demasiado preciado para los hermanos Félix, que mandan en el

departamento sureño y son rivales de fuste en la interna del PJ.

Pero como no hay un cacique único en el equipo gobernante ni hay cohesión absoluta en las

órdenes, pues más de medio gabinete está anotado en la carrera electoral, alguien, indeseable, se

les coló por el medio: ganó Godoy Cruz. Otra jugarreta del Petiso Orejón, que recibió el triunfo

con una sonrisa de oreja a oreja, valga la redundancia. Como la del Guasón.

Artistas, los nuevos villanos

Segunda intervención del Maligno: la suspensión de las dos repeticiones, el domingo y el

lunes. Y con el vicepresidente Julio Cobos en el palco oficial, tan atónito como el resto del

público.

Una mácula, esta vez sí, histórica para la Vendimia.

Se repitió, entonces, la conducta de la noche de los silbidos: la culpa, toda, fue atribuida

a los otros, según argumentaron a coro los colaboradores del gobernador. En este caso, los villanos

elegidos fueron los artistas. Con lo cual, el elenco gobernante, íntegramente, quedó libre de culpa

y cargo. Más aun, el secretario de Cultura, Ricardo Scollo, encargado de lidiar con actores y

bailarines, fue ratificado en su puesto, más en calidad de víctima de las circunstancias que de

máximo responsable del Waterloo.

Jaque compró esa línea argumental.

Jaque es un hombre raro. Un gobernante indescifrable.

"La culpa es de uno..."

Lo que más extraña en Jaque son este tipo de decisiones en cuanto gobernador.

Ningún jefe de Estado del mundo se hace cargo de todos los males y errores de su

administración, que son inevitables y comprensibles en tanto se ofrezcan explicaciones

convincentes. Para eso existen los fusibles, los cortafuegos, que son los miembros del gabinete y

el resto de los funcionarios.

Jaque no utiliza, nunca, ese recurso natural de la política. Maneja sin airbag, vuela sin

paracaídas, se tirotea sin chaleco antibalas. No echa ni remplaza ni da de baja a ninguno de sus

colaboradores por más macanas que hayan hecho.

Asume él mismo todo el costo de cualquier desaguisado que ocurra en su gestión.

Con un añadido: que el atribuirles la culpa de todos los males a los demás se transforma, con

el tiempo, en un sonsonete opaco y tedioso que pierde efectividad. Aunque se tenga razón.

Así pues, Cornejo tuvo la culpa de los silbidos; los artistas, de la suspensión del

espectáculo; Cobos, del pago a Pescarmona y Cartellone por el terraplén de Potrerillos mal exigido;

Roberto Iglesias, por el ajuste de 100 millones de pesos a los judiciales, etcétera. Y etcétera.

¿Qué es lo que no cierra de esta conducta recurrente?

Que Jaque pareciera haber recuperado la iniciativa en varios terrenos. Se muestra activo y

laborioso como gobernador. Con ganas de caminar. Y apunta, por lo mismo, hacia las elecciones, a

mostrar los hitos de su gestión.

Cuando se muestra quejoso, cuando niega la realidad, cuando apaña con exasperante

puntillosidad a los inútiles, entonces recula. Retrocede varios casilleros en el juego de la oca.

Se aleja dramáticamente de la opinión pública.

Por lo tanto, si pretende transformarse en "el gran elector", en artífice de la victoria,

deberá, de aquí en más, apretar el acelerador al máximo, hasta octubre, con espíritu de líder.

Con onda de chico winner, para doblegar al Monstruo.