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Obligar a Cobos a replantear su estrategia es también un logro del sanrafaelino.

La interna que Ernesto Sanz, aun perdiendo, ya ganó

Por UNO

Las ciudades más importantes del país amanecieron un día empapeladas con la cara del mendosanrafaelino Ernesto Sanz. El senador nacional había decido nomás ‘tirarse a la pileta’, como alguna vez adelantó. Sanz es definitivamente el más peronista de los radicales en su forma de moverse y de construir algunas frases rimbombantes para que se conviertan sin escalas en títulos de diarios o en inteligentes twetts. Incluso las frases más polémicas que dijo en su corta pero intensa carrera política las podría haber reproducido también un peronista no K.

Es también muy peronista en esto de hacerse cargo de las victorias de la misma manera que de las derrotas. Cuando todos los referentes radicales parecían haber enmudecido luego del triunfo cristinista en Catamarca, Sanz salió a ponerle un poco de palabras a la tensión e indirectamente se hizo cargo de una derrota de la que, como prefirió Ricardo Alfonsín, se podría haber ausentado perfectamente.

Sanz ha preferido la sobreexposición al ostracismo y eso es algo que seguramente le rendirá sus dividendos. Se pegó al candidato radical de Chubut sabiendo de antemano que ninguna encuesta, ni siquiera las encargadas por sus propios correligionarios, daba ganador a Pedro Peralta, el tercero en discordia que fue casi un convidado de piedra en una elección que terminó siendo una interna peronista. Sanz no se olvida –en ninguno de los pasos que da- que en algo más de cuarenta días deberá enfrentar una interna difícil y que necesitará pequeños y grandes aliados. En política todos los puñados, los grandes y los chicos, suman. No tenerle miedo a quedar pegado con alguna derrota es en el fondo un gesto muy positivo de los hombres que hacen política.

El senador mendocino es el único que proclama una necesidad incontrastablemente aperturista del centenario partido que en las últimas elecciones presidenciales ha estado más cerca del papelón que del decoro. Tanto que en las elecciones de 2007 el candidato a presidente que apoyó el partido ni siquiera era radical: Roberto Lavagna.

Como decía el expresidente Juan Domingo Perón “la única verdad es la realidad” y la realidad es que, perdida Catamarca, el radicalismo no gobierna ninguna provincia. Santiago del Estero y Río Negro están conducidas por hombres del denominado radicalismo K. Ese mapa político debe ser seguramente una de las mayores obsesiones de Sanz que sabe que más tarde o más temprano ciertos aliados con poder territorial vendrán en busca del premio mayor. Es el caso claro del gobernador santafecino Hermes Binner quien la semana pasada luego de la derrota radical en Catamarca salió a marcar la cancha y a decir que a él también le “gustaría ser Presidente”. El socialista parece haberse cansado de que sólo se lo mencione como posible ‘Vice’ de algún radical cuando los radicales se quedaron sin sillones de gobernadores, lo que en política se traduce como falta de poder territorial real, algo que aún detenta el socialismo que gobierna una provincia que representa el 9% del padrón electoral nacional, uno de los distritos electorales de mayor peso del país. Binner no desconoce igualmente que el radicalismo tiene ‘sucursales’ en todos los pueblos de la Argentina y que eso también cuenta.

Aun en ese contexto sigue siendo muy favorable la cosa para Sanz, el hombre que apuró a Cleto Cobos la noche de la 125 para que se sentara en su sillón de presidente del senado y diera su famoso voto ‘no positivo’ y que desconcertó a ‘Ricardito’ Alfonsín cuando le hizo saber que le iba a hacer frente en la interna radical por más que su apellido pesara más que su propio cuerpo.

Twitter: @nachorodriguezj