Intelectuales oficialistas propusieron censurar al Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa porque no es de izquierda ni avala el “modelo K”.

¡Hagan callar a ese peruano!

Cuando Cristina nos reta a los argentinos porque no hemos estudiado debidamente "el relato", esdecir, la realidad del país según la biblia K, a mí se me da por pensar cómo será nuestra

Presidenta con su personal de servicio.

Si a los contribuyentes y ciudadanos nos felpudea así, pues entonces ruego por el alma de las

cocineras y la mucamas de la residencia de Olivos.

"Haga callar a su gente", le ordenó la mandataria al vicepresidente Julio Cobos al hablar en

la inauguración del año legislativo en el Congreso nacional. Le faltó agregar: "Hágalos callar así

los míos pueden expresarse sin que nadie les tape".

Peruano y para colmo, liberal

En lo que estuvo atenta Cristina fue en frenar a tiempo el dislate de ese grupo de

intelectuales prooficialistas, encabezados por el director de la Biblioteca Nacional, que pretendía

censurar al Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, para que no hablara en la próxima inauguración

de la Feria del Libro en Buenos Aires.

Los ofendidos porque "un liberal" fuera a coparles la parada inaugural de esa gran vidriera

literaria eran varios de los que vienen actuando como escudo cultural del matrimonio Kirchner.

Entre esa gente hay algunos nombres que merecen respeto más allá de que aplaudan "el modelo" sin

cuestionar jamás la corrupción o la inflación. Nos referimos a esos nombres que puede ofrecer su

obra como garantía.

Pero hay otros que no tienen cimientos para sostener la

compadreada. Así también no faltaron los que después de que Cristina les pusiera un freno

salieran a decir: "Yo no fui, yo no firmé nada".

Los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires (una fundación) habían designado al

premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa para dar el discurso de apertura de la Feria del

Libro porque consideraban que era el mejor homenaje que se le podía brindar al reciente Nobel

latinoamericano.

Escribe bien pero es una lacra

Cierta inteligencia kirchnerista estima que Vargas Llosa es una lacra liberal que sólo

responde a las multinacionales y al capitalismo salvaje. Estos críticos hicieron foco en que en los

últimos meses el Nobel había hablado mal de los argentinos.

En realidad el peruano ha hablado mal del matrimonio presidencial, es decir, de Cristina y

del difunto Nestor Kirchner y de su forma de gobernar, en particular de su permisividad con la

corrupción. El peruano no ha cuestionado a los argentinos. Y la Feria del Libro no es un evento

particular de los Kirchner ni de los bienpensantes pensadores "nac y pop".

Que gente respetable, decía, se haya sumado a ese coro en defensa de las supuestas esencias

argentinas y en contra del antipatria es, cuanto menos, desconcertante, sobre todo si uno da por

descontado que todos esos críticos deben haber leído la obra de Vargas Llosa.

Cuando se desató este mambo me encontraba yo releyendo una obra del peruano, Travesuras de la

niña mala. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto de una novela. Hay que tener mucho talento

para contar con tanta frescura y grandeza los avatares de dos personajes entrañables a través de

los caóticos y transformadores años '60, '70 y '80.

Una cosa es una cosa

Lo que llama la atención es que gente razonadora no quiera entender que lo interesante de

Vargas Llosa es que su magnífica obra literaria nunca se ha dejado ganar por sus ideas políticas y

económicas.

Es como si hoy viviera Pablo Neruda y a alguien se le ocurriera hacerle, por derecha, una

trapisonda similar porque el chileno fue comunista y porque en algún verso el vate chileno supo

cantar reiteradas loas al dictador Stalin, uno de los más grandes criminales que ha conocido la

humanidad y que, para peor, cometió sus crímenes en nombre del progreso y del nuevo hombre.

Neruda no sólo fue un magnífico y originalísimo poeta sino que fue un humanista, por más que,

paradojas de la vida, no haya denunciado nunca los crímenes del stalinismo.

Es como si, por derecha, quisiéramos impugnar que García Márquez hablase en la inauguración

de esta feria aduciendo que el colombiano ha consentido la continuidad de la satrapía que los

hermanos Castro mantienen en Cuba. García Márquez es un escritor absolutamente magistral al margen

de sus opiniones sobre Cuba.

Que dos de los más grandes escritores que ha dado la Argentina, Jorge Luis Borges y Adolfo

Bioy Casares, no hayan sido gente de izquierda no les quita ningún mérito para que cualquier lector

inteligente del mundo entero pueda disfrutar de esas maravillas que son, por ejemplo, La invención

de Morel, en el caso de Bioy, o de los cuentos de El informe de Brodie o del Libro de Arena, en el

caso de Borges.

Su vida su elemento

Si usted, estimado lector, tiene alguna duda, el único camino es tomar un libro de Vargas

Llosa y sumergirse en los desconcertantes y asombrosos mundos que el peruano nos propone en obras

maestras como La guerra del fin del mundo, Conversación en la catedral o La Ciudad y los perros.

Ahí descubrirá usted lo que es un orfebre literario y, capítulo tras capítulo, verá cómo la

literatura puede ser también un mecanismo de relojería para hacer pensar y emocionar.

Pero al Nobel peruano no lo salvan sólo sus obras (su mejor defensa) sino su batallar diario

contra todas las dictaduras, de izquierda o de derecha, que es lo que cuadra a un verdadero

liberal, a un verdadero republicano o a cualquier defensor de la democracia.

Que se calle

Todos los dictadores terminan siendo sátrapas, asesinos o corruptos, nos dice a diario Vargas

Llosa en sus formidables crónicas periodísticas que publican algunos de los principales diarios del

mundo.

Esa, hay que decir la verdad, es una de las cosas que más le molesta a los progresistas de

izquierda porque una parte importante de ellos todavía sigue considerando que las tiranías malas

son sólo de derecha. Pinochet es un asesino. Fidel Castro es un héroe. No importa que la familia

Castro tenga conculcados desde hace 50 años algunos de los principales derechos de los cubanos. Lo

importante para esos intelectuales es que Castro haya sido un forúnculo para los Estados Unidos

todos estos años.

Lo que nos dice Vargas Llosa es que el intelectual es un rebelde, un contestatario, una

persona que pone en cuestión los principales temas de la vida, en particular el del poder y la

forma en que éste es detentado.

Es en ese contexto que Vargas Llosa ha cuestionado el gobierno de los Kirchner.

Quien ha leído sus crónicas sabe de la profunda admiración de Vargas Llosa por la Argentina.

Este mismo país donde ahora un grupo de excéntricos propone dejarlo sin voz.