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"Sin armas ni rencores", el libro en el que cuenta cómo se ideó el  gran golpe al banco Río de Acassuso recoge las narraciones de los protagonistas.

"El ideólogo era un artista plástico que cultivaba cannabis"

"Habré entrevistado a unos cincuenta ladrones, pero ninguno como  Fernando Araujo. Podría haber sido profesional o empresario, pero  eligió otro camino. Y no pudo con su obsesión de robar un banco  como si fuera un acto artístico", revela Rodolfo Palacios autor de  "Sin armas ni rencores", el libro en el que cuenta cómo se ideó el  gran golpe al banco Río de Acassuso y también, cómo fue que  descubrió al ideólogo del robo ocurrido en enero de 2006.

En diálogo con NA, el periodista y escritor, dice que "el  ideólogo era un artista plástico que enseñaba artes marciales y  cultivaba cannabis".

Palacios comenzó a trabajar en la historia del robo al banco,  publicada por Editorial Planeta, desde el día que ocurrió el  hecho, el 13 de enero de 2006, cuando él escribía crónicas  policiales en diario Perfil. 

Desde ese entonces, Palacios se dedicó a entrevistar a los  integrantes de la banda que fueron condenados por el hecho,   quienes ya recuperaron su libertad. 

Además, se entrevistó con los policías del Grupo Halcón que  negociaron con los ladrones que tomaron rehenes dentro del  banco; con fuentes judiciales; y con Alicia Di Tullio, la  exmujer de uno de los  integrantes de la banda, que fue quien los  delató ante la Justicia y por la que el "magnífico plan" en el  que trabajaron durante más de dos años se les vino abajo y  cayeron presos.

-¿Cómo surgió la idea de escribir sobre el robo al banco Río  de Acassuso?

Siempre me fascinó el robo. Y empecé a cubrir el caso desde  hace nueve años.

-¿Con qué arrancaste?

Surgió hace unos seis años. Al primero que entrevisté fue a Beto de la Torre. Y siempre estuvo la idea de escribir un libro. Pero no iba a hacerlo si no conseguía hablar con la banda. Pude hablar con seis de los siete ladrones. -¿Por qué decís que este robo es "único en el mundo"? Porque en el mundo no hubo un robo similar. Que haya tenido  la combinación de un boquete y huida por un túnel y un asalto  exprés simulado con toma de rehenes. Es decir, la Policía  pensaba que todo ocurría en la planta baja y en el primer piso,  pero lo más importante acontecía en el subsuelo, donde vaciaban  las cajas de seguridad.

-¿Cómo comenzó la búsqueda del ideólogo? ¿Sospechabas de  Araujo?

Llegué casi por descarte. Al principio los periodistas presentábamos como líder o ideólogo del robo a Beto de la Torre,  el primero en caer; o a Luis Mario Vitette Sellanes, el  más mediático. Pero ellos no habían sido los padres de la  criatura. Julián Zalloechevarría mucho menos. Quedaban dos  opciones: Sebastián García Bolster y Fernando Araujo, salvo que  el líder no hubiera caído nunca. Pero la certeza me llegó por  varios indicios. Di Tullio, la mujer despechada que delató a la  banda, nombraba a Araujo como el que había armado todo. Vitette  decía que el plan se le había ocurrido a alguien de  San Isidro. En el expediente hay alguna sospecha que me terminó confirmando una fuente policial. Y después lo chequeé con el resto de la  banda.

-¿Fue difícil llegar a él? 

No fue fácil porque nunca había dado notas. Siempre tuvo un  perfil bajo. Le mandé cartas, hablé con su abogado, traté de  convencerlo a través de sus compañeros. Sin Araujo, no hubiese   escrito el libro. Pero él pensó que aunque no me diera su  testimonio, lo iba a escribir igual. "Antes que escribas de mí  sin saber, prefiero darte mi testimonio", me dijo. Tarde un par  de años en lograr entrevistarlo. También me había llamado la  atención que se tomara el trabajo de dejar la frase "En barrio  de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no  amores". Está un poco arrepentido de eso. Dice que en vez de  ricachones hubiese puesto bacanes porque ricachones suena  ofensivo.

-¿Qué es lo que te atrapó de su historia?

Que era un artista plástico que enseñaba artes marciales, practicaba deportes de riesgo y cultivaba cannabis. Y que no era marginal o un pesado del hampa. Era atractivo poder hablar con  el ideólogo y líder del robo más audaz de la historia criminal argentina, y que cuente la génesis de su obra delictiva.

-¿Cómo describís su personalidad?

Habré entrevistado a unos cincuenta ladrones, pero no había conocido a ninguno que se le parezca a Araujo. Es un bicho raro del delito. Es de clase media alta, formado en una familia de  San Isidro, con estudios universitarios y formación religiosa.  Podría haber sido profesional, gerente, contador, empresario,  arquitecto, pero eligió otro camino. Y no pudo con su obsesión  de: robar un banco como si fuera un acto artístico. Ahora vive  en Palermo, está en pareja con una marchand y planea radicarse  en Europa una vez que logre la libertad definitiva. 

-¿Qué es de la vida de los protagonistas del robo hoy?

Todos están libres. Araujo es personal trainer, pinta cuadros y sigue enseñando jiu jitsu. Beto de la Torre publicó su  historia en un libro de Luis Beldi y estudió Comunicación  Social. Zalloechevarría estudia Derecho. García Bolster volvió a  arreglar motos en su taller. Y Vitette, atiende una joyería en  San José (Uruguay) y se casó en diciembre con su novia Elicet. 

-¿Se sabe algo de los otros dos integrantes de la banda que no fueron detenidos?

Con uno de ellos me reuní dos veces y le perdí el rastro. En el libro aparece mencionado como el hombre invisible o Debauza. -Vos escribiste notas del caso cuando ocurrió, otras durante  la etapa de la investigación judicial y durante el juicio...hoy  que conociste la versión de los ladrones, ¿cambió tu percepción? Cambió el hecho de tener la versión de ellos. El libro es  eso: es la palabra de los ladrones. Cómo pensaron el robo y cómo  superaron el hecho de haber sido detenidos.- La banda logró el robo, pero después, algo falló... Falló el factor humano, eso es lo que dice Araujo. Un informe  de un psicólogo que analizó el robo de dos millones de dólares  en la empresa Brink, en Boston, ocurrido en 1950, fue lapidario:  un millón de dólares en manos de alguien que nunca tuvo dinero  produce el efecto de un martillazo en la cabeza. El efecto  psicológico es inevitable: una fortuna repentina en un ladrón  genera confusión mental. Los ladrones siempre terminan  delatándose de modo inconsciente, o gastando el dinero y  llamando la atención. O siendo delatados por mujeres fatales. En  este caso fue Alicia Di Tullio, la mujer de Beto de  la Torre, que denunció a él y a la banda porque creyó que la iba a dejar  por una mujer más joven.

Fuente: NA

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