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Diez relatos eróticos contados por mujeres

El libro editado por Emecé propone un abordaje que se aleja de lo erótico-romántico y llega al porno con el acento puesto en la calidad literaria y en una forma de ver y experimentar el sexo, puro y duro, poco recorrida, fuera del mainstream impuesto por la sensibilidad del macho.

"Yo pedí porno porque lo erótico puede ser una novela de Corín Tellado, de verdad que la literatura erótica está muy transitada por la mirada femenina y poner la consigna «porno» llamaba a un quiebre", se presenta Bliffeld a Télam, licenciada en Letras instalada en México hace casi una década junto a si familia.

En diálogo telefónico desde el DF, subraya que le pareció "súper interesante que sean mujeres jóvenes las que escribieran porque se trata de un género asociado a los varones, el enunciador de lo pornográfico históricamente es el hombre".

"Cada autora fue elegida pensando en la calidad de su literatura y tuvieron plena libertad creativa. Si en algo les presioné fue para que fueran más allá, que se corrieran del límite, que es un poco la esencia del porno tal como yo lo entiendo", explica Bliffeld.

"Si me preguntan, quería que sea como Sade, Miller o Anais Nin; más que del lado de Cincuenta sombras y ese erotismo trillado —dice Bliffeld—. Desde el principio sentí muy divertido e interesante ver qué podían llegar a hacer muy buenas escritoras contemporáneas en ese terreno", que tópicos tocarían y cómo los presentarían en el papel.

La antología que trabajó por más de tres años forma un colorido caleidoscopio que va del encuentro lumpen y lésbico que Gabriela Bejerman escupe en Esa troncha trenza de cana; a la tristeza de la separación que narra Flor Monfort con el sexo casual de Acapulco; o el amor egocéntrico y masturbatorio que Virginia Cosin describe en Buquebús.

La idea "surgió cuando acababa de parir —repasa Bliffeld—. Algo se me jugaba con eso de que muchas veces la maternidad corre la mirada de la mujer de la sexualidad y llevé eso al extremo (opuesto). Soy madre y también un objeto de deseo y corrí mis límites como sé hacerlo, desde mi literatura y la de los otros".

Desde que comenzó el proyecto "pensé al porno desde el sexo explícito", reseña, y ahí están el sexo celebratorio de Mercedes Halfon; el incestuoso y sin culpas de Daniela Pasik; el de retiro de Julieta Gorodischer o el de fin del deseo de Fernanda Nicolini.

Muchas escritoras prefirieron no participar: "Tenés que estar dispuesta a entrar en el género, hay una especie de exposición más candente, más brutal —considera—. Alguien preguntó si hay algo de confesional en esos cuentos y no lo sé pero están atravesados por el yo".

Bliffeld apuntaba a tener un piso de alta calidad literaria, consideró "fundamental mantener cierto estándar" y se sorprendió "muy gratamente" en cuanto a que "todos los relatos abordaron la sexualidad desde una perspectiva diferente", que puede ir desde la imagen como foco de la excitación sexual en Lola Arias a la versión orgiástica de la creación de la bandera argentina que propone Mariana Chaud.

"Carla y yo lo mirábamos de la misma manera: calientes. Aunque por culpa de personajes muy influyentes como Rainbow Bright y Hello Kitty lo que pensábamos era que estábamos enamoradas, pero claramente estábamos calientes", escribe Domitila Bedel en "New order", un relato consistente y desgarrado del encuentro de una niña con el sexo y su reformulación de juventud cercana al humor negro.

¿Qué pasa cuando las mujeres escriben sexo explícito? El objeto de deseo se define desde una contemplación más contenedora y abarcativa, "queda de manifiesto la necesidad femenina de generar un relato alrededor del sexo, aunque sea una minificción, un tuit, para darle contexto", arriesga la antóloga.

"Estoy orgullosa del elenco, cada una brilla en su espacio, hay frescura en estas páginas y ese es un gran aporte a la literatura, por la novedad de la mirada y la calidad de la letra", concluye.

Fuente: Télam