Vendimia solidaria Domingo, 6 de mayo de 2018

Madres Luchadoras, un ejemplo

Este merendero fue creado por Érica Soria junto con otras madres que les dan de comer a los niños del barrio Estación Buena Nueva.

Por Claudia Veloce Lucero

cveloce@fundacongrupoamerica.org.ar

Facebook: página solidaria mendoza

Hay ocasiones donde las mejores cosas surgen de forma inesperada. Así surgió el merendero que funciona en el barrio Estación Buena Nueva de Guaymallén (en la casa 11 de la manzana B), entre los barrios Sullay y Paraguay.

Hace tres años Érica Soria junto con su familia y algunas mamás del lugar festejaron entre todos el Día de Reyes. A partir de ese momento su vida cambiaría. Con las cosas que quedaron del festejo les dieron la merienda a los niños del barrio en los días siguientes, y así casi sin pensarlo surgió el merendero Madres Luchadoras.

"Desde chica sabía que algún día tendría un merendero, siempre tuve las ganas y supe que tenía que ayudar a los pequeños, porque los amo y porque mis hijos cuando eran chiquitos también pasaron necesidades. De hecho, hoy no nos sobra nada, pero todo lo que tenemos lo compartimos con los niños del barrio", explicó Érica.

"Mis hijos hoy tienen 12, 17 y 20 años, y valoran todo lo que yo hago aunque muchas veces los deje un poco de lado o les quite tiempo a ellos por ocuparme del merendero", comentó Erica.

Hoy Madres Luchadoras funciona de lunes a viernes a las 18 en un espacio en la vivienda de la familia Soria. Todos los días a esa hora, 60 niños, desde uno hasta los 15 años, se acercan hasta la casa de la tía Yiyi, como llaman a Érica, y con todas las ansias y la alegría en sus manos golpean las puertas de ese hogar que siempre los recibe.

Junto con esta mamá trabajan tres mujeres más quienes se reparten las tareas, entre cocinar, buscar donaciones y enviar notas con pedidos de colaboración. Todas tienen familia, y albergan además en sus corazones a esos 60 niños que sin falta, con mal tiempo y aun cuando no haya nada para compartir en la tarde, se acercan al merendero porque ese es "su" lugar.

Carol Quevedo tiene 23 años, está embarazada, y trabaja todos los días en el merendero: "Hay veces que vienen niños de otros barrios y también les damos la merienda, y cuando se puede porque tenemos mercadería les hacemos algún almuerzo. Cuando no podemos abrir porque no tenemos mercadería los chicos igual se acercan y nos dicen no importa, nosotros tomamos sólo la tacita de té, sin pan, sin nada. Para ellos el merendar todos juntos es parte de su vida diaria", expresó.

En ese sector del barrio "la media tarde es de los chicos, porque antes estaban todos separados, y peleaban, ahora son todos amigos, han aprendido a compartir, se respetan y ayudan entre ellos. Al igual que los padres, que colaboran bastante, ellos hicieron el contrapiso del lugar, pusieron el durloc, y ayudan en la organización cuando hay festejos", dijo Érica.

Han tenido días complicados en los que abrir no fue posible porque no tenían nada para darles a los pequeños. Pero estas mujeres nunca se rinden, no bajan los brazos. Todo lo contrario, buscan nuevas donaciones, caminan más, indagan para saber si alguien les puede brindar a ellas una mano tendida, como ellas hacen con los pequeños de Buena Nueva.

Para que su tarea no se vea interrumpida y los pequeños del lugar no se queden sin la media tarde, necesitan la colaboración de la comunidad con necesitan leche, azúcar, té, yerba, chocolate, harina, y todo aquello que sirva para hacerles la merienda. Además banquitos, tablones, un aparador, juegos o libros para poder armar una biblioteca y crear un espacio donde ellos puedan desarrollar sus conocimientos, jugar, aprender muchos otros valores además de la solidaridad.

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