Vendimia solidaria Domingo, 9 de septiembre de 2018

Los chicos de La Favorita no están solos

Por una iniciativa del personal, el colegio San Antonio María Claret creó una fundación con la que colaboran con los jóvenes del barrio.

En el barrio 31 de Mayo, en Mendoza capital, hay un grupo de docentes que sienten su vocación de una manera especial. Son como una familia, lo que se ve reflejado en los resultados de su trabajo diario, y en el cariño de la gente del lugar.

Pertenecen al colegio secundario San Antonio María Claret, ubicado dentro de La Favorita. Es un bachiller con orientación en economía y administración, de gestión privada. Está gestionada por los educadores, quienes en el año 1996 crearon una fundación para evitar el cierre del establecimiento.

La institución que tenía a cargo la escuela decidió no seguir con esta tarea. Entonces, para no perder sus fuentes de trabajo ni abandonar el trabajo realizado junto con los chicos y con toda la comunidad, los profesores se unieron para crear esta fundación. Desde ese año, donan el 5% de su sueldo para poder sostener el colegio.

Actualmente forman parte de esta organización 37 docentes, quienes junto con la directora, la secretaria, dos preceptores, la bibliotecaria y dos celadoras manejan y llevan adelante la institución.

Económicamente se sostiene a través de un subsidio mensual del Estado, con el que se pagan los sueldos; de los aportes de la cooperadora que pagan algunos padres y de la colaboración de los docentes.

Laura Ramponi es la presidenta de la fundación, además de ser la secretaria de la escuela. Pero en su momento fue alumna del San Antonio María Claret y encontró allí el refugio y el motor para su vida.

Siente amor por lo que hace y se nota en sus palabras, en sus gestos y sus acciones. "Para mí, el ejemplo de vida y mis pilares siempre fueron mis docentes. Ellos me motivaron a seguir, a pensar en el futuro. Mi entorno social no era muy fácil, pero me enseñaron a ver que se puede cambiar. Me mostraron el camino. Por eso cuando me recibí volví a la escuela a trabajar, primero como voluntaria, luego como miembro de la fundación", dijo Laura Ramponi.

Actualmente los docentes conocen a cada uno de los chicos que ingresan al establecimiento. Saben sus nombres, su situación social. Conocen sus problemas y también sus alegrías. "Saben a través de la carita de los alumnos si algo les ha sucedido", señaló Laura.

Son ellos quienes hablan, educan y contienen a los adolescentes del barrio. De hecho, en esta escuela lograron que desde hace dos años no haya alumnas embarazadas.

"Tratamos de transmitirles todos los días a nuestros jóvenes que ellos pueden hacer muchas cosas. Que pueden cambiar su situación a través del estudio, de la formación", afirmó la presidenta de la fundación.

Es por ello que desean retomar los talleres que anteriormente tenía la escuela, donde por medio de actividades artísticas y culturales brindaban herramientas de autovaloración, comunicación y relaciones interpersonales.

Necesitan de la comunidad para poder lograrlo, a través de docentes que quieran sumarse voluntariamente a este proyecto, o por medio de donaciones de computadoras, útiles escolares, material deportivo, estufas, indumentaria para teatro, plástica u objetos de escenografía.

"Queremos que nuestros chicos sepan que a pesar de lo que les pase siempre hay gente que los quiere escuchar, que los puede ayudar. Necesitamos que ellos entiendan que no están solos", concluyó Laura Ramponi.