¿Alguna vez te ha pasado de estar colocando un líquido frío o caliente en un vaso de vidrio y que el mismo se rompa?
A nivel molecular, el vidrio responde activamente a la temperatura, es decir que se expande cuando absorbe calor y se contrae al enfriarse. Cuando esta variación ocurre de manera lenta y progresiva, el recipiente conserva su integridad. El problema surge frente a un contraste súbito, un fenómeno físico conocido como choque térmico.
El origen del choque térmico en el vidrio
La causa principal de la rotura no es alcanzar una temperatura extrema, sino la diferencia térmica repentina entre distintas zonas del mismo objeto.
El vidrio es un mal conductor del calor. Si vertemos agua hirviendo en un vaso que se encuentra a temperatura ambiente o frío, la cara interior entra en contacto directo con el líquido y se expande casi al instante. En cambio, la superficie exterior permanece fría y conserva su tamaño original durante unos instantes.
Dado que ambas caras forman una única estructura rígida, la parte interna empuja hacia afuera mientras la externa resiste la deformación. Esta disparidad genera fuertes tensiones mecánicas internas. Cuando la fuerza supera el límite de resistencia estructural del material, se origina una microfisura que se propaga en milisegundos, quebrando el recipiente.
Existen algunos puntos o variables que inciden en la rotura de un vaso de vidrio, como por ejemplo rayas, pequeñas muescas o bordes desgastados funcionan como puntos de concentración de tensión, facilitando fracturas ante cambios menores.
Paradójicamente, un vidrio más grueso suele ser más propenso al choque térmico que uno fino, ya que la diferencia de temperatura entre la pared interna y externa tarda más en equilibrarse.
Los vidrios comunes (de cal sodada) tienen coeficientes de expansión más altos. En contraste, materiales como el vidrio borosilicato (frecuente en laboratorios y utensilios para horno) o el vidrio templado presentan una dilatación significativamente menor o tratamientos térmicos que les confieren alta resistencia ante variaciones bruscas de temperatura.
En pocas palabras
- Choque térmico: los vasos de vidrio se rompen por cambios bruscos de temperatura.
- Expansión diferencial: el vidrio se expande con calor y contrae con frío, generando tensiones.
- Resistencia: vidrios borosilicato o templados resisten mejor las variaciones térmicas que los comunes.


