¿Ficción o realidad?

Niños, dejen ya de joder con la pelota

Un día me harté. La pelota volvió a golpear 100 veces en la pared antes de caer otra vez al patio de mi casa. Como siempre, la devolví. Pero estaba pinchada

¡Bum, bum, bum!. A cada rato, mientras estoy laburando suena el pelotazo contra la pared de mi casa, que da a la plaza que hoy más que plaza es una cancha.

Retumba el bum, bum, bum y me hace saltar de la silla.

Debo admitirlo. No es algo nuevo. Es de hace casi un año, o más, no sé.

La pelota da y da contra la pared, transformada en uno de los arcos. Pero unas cuantas veces, cuando le pega algún patadura, la redonda va a dar a mi patio. O al techo.

Siempre se las devuelvo por más que por ahí un día me jode más que otro.

Claro, son niños, simpáticos, y se divierten de lo lindo. Eso está bueno incluso cuando se les suma algún grandote que no tiene nada de niño pero que se aprovecha de su porte y su vozarrón para imponerse y hacer más goles que los demás o cobrar fules que no son.

La pared que hace de arco. La pobre ya ha sufrido el ataque grafitero y ahora padece los pelotazos. Que a veces pasan para el otro lado.

La pared que hace de arco. La pobre ya ha sufrido el ataque grafitero y ahora padece los pelotazos. Que a veces pasan para el otro lado.

Cuando cae la pelota al techo, es un quilombo grande. La última vez que me subí, en la bajada casi me desgarro. Sin embargo, si está alguno de los jóvenes en la casa –hijo o nieto- no es mayor problema. El problema es cuando los pibes, osados, se quieren trepar al techo. Cuesta convencerlos de que no lo hagan, de que es peligroso. Si no, hay que recurrir al “le voy a decir a tu viejo”. Ahí desisten.

Ahora bien, no me jode tanto que el fútbol caiga al patio. Lo que me hincha es que dé contra la pared.

Llevo por lo menos un año pidiéndoles que cambien el sentido de la cancha, que lo hagan de norte a sur y no de este a oeste. Tienen más espacio. Pero no, no me dan bola. La tienen contra mi pobre pared.

Y llevo mucho más que un año pidiéndole a todos los que aparecen de la Municipalidad de Guaymallén para prometer promesas que nunca cumplen (claro, sí, en época de elecciones) que arreglen la placita, que coloquen juegos para los más chiquitos, que planten árboles, que la adecenten. El placero me da la razón, pero poco puede hacer más que comprenderme.

Imagen creada con IA de niños jugando al fútbol en una canchita improvisada en una plaza descuidada.

Imagen creada con IA de niños jugando al fútbol en una canchita improvisada en una plaza descuidada.

He fracasado, junto a muchos de los vecinos, en este reclamo que incluye el de la construcción de un playón en un sector cercano a la plaza, más apto y lejos de las casas. Allí bien podrían jugar los pibes y las pibas. Y hasta yo me sumaría.

Lo cierto es que el último domingo me hartaron. Será por eso que la quinta vez que la pelota pasó a mis dominios, curiosamente cayó sobre un cactus.

Y se pinchó.

¿Vieron o escucharon cuando Joan Manuel Serrat canta “niño, deja ya de joder con la pelota…”?

Bueno, eso.

En pocas palabras

  • Harto: el ruido de la pelota contra la pared se volvió casi intolerable.
  • Reclamos sin respuesta: pedidos de mejoras en la plaza y de un playón deportivo no fueron atendidos.
  • Hartazgo final: la pelota "cayó sobre un cactus y se pinchó".
Resumen generado por Thinkindot AI

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