Hay una habitación preparada para recibir a quienes todavía no saben cuánto tiempo se quedarán. Tiene cunas, camas, cochecitos, sillitas y un rincón de juegos. Cada objeto ocupa un lugar en la casa de Noelia Notto, donde las llegadas y las despedidas forman parte de una misma historia. Desde hace 10 años, esta mamá abre su puerta a chicos que necesitan un hogar transitorio, los abraza, los cuida y los acompaña hasta que llega el momento de continuar sus vidas con una familia definitiva.
Pero en ese camino también hubo una historia que cambió para siempre la suya: dos hermanitas que llegaron para quedarse un tiempo y terminaron convirtiéndose en sus hijas tras la adopción.
Noelia tenía 27 años cuando decidió anotarse en AVOME para convertirse en familia de tránsito. Sentía que tenía amor para dar y que podía ofrecer un espacio seguro a chicos que, por diferentes circunstancias, necesitaban salir temporalmente de su entorno familiar. Desde entonces, por su casa pasaron 15 niños. Cada uno llegó con su propia historia, sus necesidades y sus tiempos. Y cada despedida significó aprender, una vez más, que cuidar también es prepararse para dejar ir.
La mamá que comenzó a recibir niños en su hogar transitorio
La primera fue Naela. Después llegaron Julieta, Joaquín, Elu, Valen, Enzo, Bere, Cata, Noha, Jeremías, Chufi, Bastian y Natanahel. Detrás de cada nombre hay una experiencia compartida, rutinas que se construyeron en pocos días, abrazos, juegos y pequeños avances que para una familia pueden parecer cotidianos, pero que en la vida de un chico que necesita protección pueden significar muchísimo.
Noelia sabe que el tránsito no es una adopción y que el objetivo es acompañar a los chicos mientras se resuelve su situación familiar y se define cuál será el mejor camino para ellos. Sin embargo, eso no significa que el vínculo sea superficial ni que el corazón pueda mantenerse al margen.
“Me preguntan si me encariño con los chicos. Claro que sí. Esa es la misión: amarlos como hijos, darles lo que quizás nunca tuvieron y saber que en algún momento hay que dejarlos ir”, es la idea que resume su manera de entender el tránsito. No se trata de querer menos para sufrir menos, sino de darles todo el amor posible durante el tiempo que permanezcan en su casa.
La historia tomó un rumbo inesperado cuando, cinco años después de haber comenzado con esta tarea, llegaron dos nenas, hermanitas, que cambiarían su vida para siempre. Eluney y Valentina necesitaban un hogar transitorio y Noelia las recibió como había recibido a los demás chicos, con la certeza de que debía cuidarlas y acompañarlas mientras se definía su futuro.
Una historia de madre y un regalo del cielo
En medio de aquellos primeros días, buscó el significado de uno de los nombres. La respuesta la conmovió: significaba “regalo del cielo”. Sintió que era una señal de Dios, aunque todavía no podía imaginar hasta dónde llegaría aquella historia.
Las nenas permanecieron con ella durante un año y cuatro meses. En ese tiempo se construyeron vínculos, rutinas y una vida compartida que fue creciendo mientras avanzaban los procedimientos legales. Noelia sabía que el tránsito tenía un propósito y que debía respetar los tiempos de la Justicia, pero también sentía que entre ellas se había formado algo difícil de explicar.
Cuando se agotaron las posibilidades de vinculación con otras familias inscriptas en el registro de adopción, se abrió una convocatoria pública. Noelia decidió presentarse. Ya conocía a las nenas, sabía de sus necesidades y había compartido con ellas más de un año de vida. Aun así, tuvo que atravesar las instancias correspondientes, cumplir los requisitos y esperar una resolución que no dependía solamente de sus deseos.
El 8 de marzo de 2024 llegó el día que transformó aquella espera en una nueva etapa. La Justicia le otorgó la adopción de Eluney y Valentina. Las dos nenas que habían entrado a su casa por un tiempo pasaron a ser legalmente sus hijas.
Noelia recuerda ese momento con una emoción que todavía la acompaña. Las abrazó y le dio gracias a Dios. Lo que había comenzado como una experiencia de cuidado temporal se había convertido en una familia para siempre.
Mamá de tránsito y familia por siempre
Desde entonces, su vida continúa entre la maternidad y el compromiso con los chicos que necesitan un hogar de tránsito. Eluney y Valentina forman parte de esa realidad y también conocen el sentido de abrir las puertas de la casa a otros pequeños. Noelia no dejó de ser familia de tránsito después de la adopción: encontró una manera de continuar con esa tarea junto a sus hijas.
La casa está preparada para recibir a los nuevos integrantes. Hay cunas, camas, cochecitos, sillitas para el auto y un espacio para jugar. Noelia intenta estar disponible según las necesidades de cada caso, sin anticipar cuántos chicos llegarán ni de qué edades serán. Cada situación es diferente y exige organización, paciencia y una enorme capacidad de adaptación.
Su experiencia también le enseñó que no hay una única forma de transitar la maternidad. A veces, ser mamá significa acompañar a un hijo durante toda la vida; otras, cuidar durante un período breve a un chico que necesita protección; y, en su caso, también significó descubrir que dos nenas que habían llegado de manera temporal terminarían ocupando un lugar definitivo en su familia.
Noelia agradece a AVOME por acompañarla durante estos años y también a las familias que le permiten seguir cerca de algunos de los chicos que pasaron por su hogar. “Porque aunque el tránsito termine, el afecto no desaparece de un día para el otro. Para mí, haber cuidado a 15 chicos fue maravilloso, son 15 historias que se cruzaron con la mía y que dejaron una marca”, dice.
Un Día de la Madre especial junto a sus dos hijas
En este Día de la Madre, a quienes están inscriptos en el registro de adopción, Noelia les deja un mensaje que resume lo aprendido durante una década de encuentros, despedidas y una adopción que cambió su vida.
“No busquen niños perfectos, porque nadie es perfecto. Busquen niños reales. Porque no son ellos los que tienen que amoldarse a nosotros, somos nosotros los que debemos amoldarnos a ellos. Ellos llegan con una mochilita cargada, con una historia que a veces duele, con un pasado que no eligieron. Y nuestra misión es esa: alivianarles esa mochila, abrazar esa historia y acompañarlos con amor a escribir una nueva. Una nueva historia donde por fin sepan lo que es ser amados para siempre”.
Noelia comenzó hace diez años con la decisión de ofrecer un lugar seguro a chicos que lo necesitaban. Desde entonces aprendió que el amor no siempre significa quedarse con alguien, que a veces cuidar es acompañar hasta que llegue otra familia y que también existen historias en las que el destino toma un camino inesperado. Eluney y Valentina llegaron por un tiempo. Hoy son sus hijas. Y en esa casa donde siempre hay un lugar preparado para recibir a alguien más, la maternidad se escribe todos los días con una convicción: cada chico merece una historia en la que pueda sentirse querido y protegido.
En pocas palabras
- Noelia Notto: lleva 10 años como familia de tránsito y abrió las puertas de su casa a 15 chicos, adoptando finalmente a dos hermanitas.
- Trayectoria: Desde los 27 años, Noelia ha cuidado a 15 niños transitorios, aprendiendo a amar intensamente y a prepararse para dejar ir.
- Adopción: Tras un año y cuatro meses, Eluney y Valentina, dos hermanitas, pasaron de ser tránsito a hijas de Noelia en marzo de 2024.




