Historias

Más de 300 clientas ayudaron pero no alcanzó: el comercio mendocino que cierra después de 40 años

Carolina Asencio saldó el 80% de sus deudas gracias a sus clientas, pero no pudo renovar el alquiler. Del 11 al 14 de septiembre hará una última liquidación

La primera vez que Carolina Asencio pidió ayuda lo hizo con una cuenta sencilla y desesperada: si 300 clientas se acercaban al local y compraban una prenda, Florentina Sweaters podía seguir adelante. No sabía qué iba a pasar. Había llegado a un punto en el que mantener abierto el negocio familiar se había convertido en una carrera contra las deudas y contra un consumo que ya no era el de antes.

"Hasta acá llegamos. La crisis es muy profunda y sentimos que los propietarios de los comercios no tienen empatía", dijo Carolina, dueña del local de calle Montevideo.

Pero ocurrió algo que todavía recuerda con emoción. Las mujeres fueron. Compraron. La acompañaron. Muchas, además, la abrazaron y le dijeron que ese local comercial no podía cerrar.

Carolina consiguió cumplir el objetivo que se había propuesto. Llegó a saldar el 80% de sus deudas y pudo sostener durante un tiempo más el negocio que su mamá, Yuyi Albino, había fundado en 1987. Sin embargo, ahora llegó el momento que tanto había intentado evitar.

No puede renovar el contrato de alquiler y tiene que dejar el local de Montevideo 127.

No puede renovar el contrato de alquiler del comercio y debe cerrar las puertas

Por eso, este viernes 11, sábado 12, domingo 13 y lunes 14 de septiembre abrirá las puertas de Florentina hasta agotar todo el stock. Será una liquidación de despedida, pero también una última invitación a esas mujeres que durante tantos años fueron mucho más que clientas.

“Cumplí mi objetivo. Lo logré. Llegué a saldar el 80% de mis deudas”, cuenta Carolina, poco después de que Diario UNO contara la historia y el pedido desesperado. Lo dice con satisfacción, porque sabe que aquel pedido de ayuda tuvo respuesta. Pero inmediatamente aparece el dolor: “Lamentablemente no puedo renovar contrato, así que me tengo que ir del local con todo el dolor del alma”.

Y ahí aparece la paradoja que atraviesa toda esta historia: las clientas hicieron su parte, pero Carolina siente que quienes alquilan los locales comerciales no siempre hacen la suya.

“La gente que te alquila no tiene en cuenta la crisis. No es porque la gente compre online, porque la gente que tiene plata compra donde sea. Es porque la gente elige”, explica. Y enseguida pone un ejemplo que cualquier familia puede entender: “Antes podías comprarte lo que quisieras, entonces ahora elegís. Tenés el cumpleaños de tu hijo y decís ‘bueno, no compro ropa’. Tenés que dar prioridades”.

Carolina habla desde su propia vida. Es comerciante, pero también es mamá. Cuenta que está atravesando una separación y que tiene gastos familiares que no puede postergar. “Tengo que mandar a mi chiquito más grande al psicólogo y yo también, me separé, todo un lío y bueno, no me puedo dar otros gustos”, relata.

Por eso no habla de consumidores irresponsables ni culpa a quienes dejaron de comprar. Entiende perfectamente que detrás de cada decisión de consumo hay una familia haciendo cuentas.

Para la comerciante mendocina, los dueños de los locales no contemplan la crisis

Lo que no comprende es que esa realidad no sea contemplada por los propietarios de los locales.

“Prefieren tenerlo cerrado un año antes que decir ‘bueno, prefiero alquilarlo a $500.000 o a $600.000", sostiene. Y pone como ejemplo lo que ve todos los días caminando por el centro de Mendoza.

A pocos metros de su negocio funcionó durante cuatro décadas una florería que, según recuerda, era un verdadero ícono del centro mendocino: Meryland. Cerró y esa enorme esquina lleva más de un año sin actividad. “Acá en la esquina estaba Meryland, una florería que cerró su histórico local de Montevideo y España y se mudó a otra zona. Y alrededor hay cada vez más locales vacíos”, destaca.

También menciona un local ubicado junto al hotel Premium Tower, donde funcionaba De Mi Campo, un comercio dedicado a artículos para el hogar, mantelería, tablas para asado, cuchillos, lámparas y otros productos. También cerró y el espacio lleva más de un año vacío.

Y alrededor de Florentina la postal se repite. “A la vuelta de mi local, en calle Espejo, hay tres locales cerrados. En calle 9 de Julio, tres comercios cerrados”, cuenta.

Es ahí donde Carolina encuentra algo que le cuesta entender: “No se entiende que los propietarios no digan ‘no te voy a subir el alquiler, te lo voy a bajar durante tres meses, te voy a dar una mano y bueno, si ya no podés, cerramos’. Pero no tienen empatía".

Carolina habla de una ayuda temporal, de una oportunidad para que un comercio pueda atravesar una mala época sin que la única alternativa sea bajar la persiana.

Una historia comercial que comenzó hace 40 años

Porque Florentina no es solamente un local. La historia empezó mucho antes de Carolina, cuando su mamá, Yuyi, aprendió a tejer a máquina y comenzó a diseñar sus propias prendas junto a su madre Esther y su hermana Chabela. Aquella primera experiencia comercial se llamó Riccio y funcionó en la Galería Piazza. Allí vendían modelos originales que rápidamente conquistaron a estudiantes y amigas.

Después llegaron los hijos y el negocio tuvo que cerrar.

Pero en 1987 Yuyi volvió a intentarlo.

Con apenas 20 suéteres y muy pocos recursos abrió Florentina Sweaters. Una amiga arquitecta la ayudó a acondicionar el local y, de a poco, aquella pequeña apuesta familiar empezó a crecer. La clave nunca fue solamente la ropa sino el vínculo.

Con apenas 20 suéteres y muy pocos recursos abrió Florentina Sweaters. Una amiga arquitecta la ayudó a acondicionar el local y, de a poco, aquella pequeña apuesta familiar empezó a crecer. La clave nunca fue solamente la ropa sino el vínculo.

Con apenas 20 suéteres y muy pocos recursos abrió Florentina Sweaters. Una amiga arquitecta la ayudó a acondicionar el local y, de a poco, aquella pequeña apuesta familiar empezó a crecer. La clave nunca fue solamente la ropa sino el vínculo.

“Mi mamá siempre quiso que la relación fuera más de amiga que de clienta”, recuerda Carolina.

Y funcionó. Las mujeres que entraban a comprar terminaron formando parte de la vida de la familia. Las clientas crecieron, tuvieron hijas, tuvieron nietas y siguieron regresando. Muchas fueron durante décadas al mismo lugar.

Por eso, cuando Carolina publicó aquel pedido de ayuda, la respuesta no fue solamente comercial.

“Mujeres que hace años vienen al local empezaron a abrazarme y a decirme: ‘Esto tiene que seguir’. Todas llegan con el mismo cariño”, cuenta.

Ese cariño permitió que Florentina resistiera un poco más.

Pero finalmente no alcanzó.

Los últimos días del local comercial y la liquidación de todo el stock

Carolina ahora prepara los últimos días del local. No habrá una gran ceremonia ni un cierre solemne. Habrá prendas, percheros, clientas buscando alguna última oportunidad y una comerciante tratando de vaciar el negocio que durante tantos años fue parte de su vida.

La liquidación será durante cuatro días: viernes 11, sábado 12, domingo 13 y lunes 14 de septiembre, hasta agotar el stock.

“Les pido ahora que con gente conocida se lleven una prendita para ayudarme a vaciar el local”, pidió Carolina.

Es la última convocatoria.

Y quizás por eso tiene algo diferente de aquella primera.

La primera vez pedía 300 compras para salvar el negocio. Esta vez no pide que nadie lo salve. Pide ayuda para despedirlo.

Durante casi cuatro décadas, Florentina fue ese lugar donde una mujer entraba buscando un sweater y terminaba conversando sobre sus hijos, sus proyectos, una fiesta o simplemente sobre la vida. Las clientas eran conocidas por su nombre. Algunas llegaban con sus hijas y después con sus nietas. La ropa era apenas una parte de lo que ocurría detrás del mostrador.

Florentina Sweaters llegó hasta acá.

Y Carolina, después de pedir ayuda, recibirla y conseguir una vez más salir adelante, ahora solamente espera que sus últimas clientas la acompañen también en este fin

En pocas palabras

  • Cierre de comercio: el local Florentina Sweaters en Mendoza cerrará sus puertas tras 40 años de historia.
  • Apoyo de clientas: más de 300 clientas colaboraron para saldar el 80% de las deudas del negocio.
  • Liquidación final: se realizará una última liquidación de stock del 11 al 14 de septiembre como despedida.
Resumen generado por Thinkindot AI