Sueño y nutrición

¿La siesta afecta al peso? "Una persona que duerme mal puede comer hasta 500 calorías más"

La nutricionista Luisina Capone advierte que dormir poco puede alterar las hormonas del hambre y la saciedad, perjudicando el descenso de peso

Dormir una siesta puede parecer una buena forma de recuperar energías durante el día, pero su duración y frecuencia pueden influir en la calidad del sueño nocturno y, de manera indirecta, en el proceso de adelgazamiento. La falta de un descanso adecuado puede alterar las hormonas relacionadas con el hambre y la saciedad y favorecer cambios en el metabolismo.

Según explicó la nutricionista Luisina Capone a Diario UNO, el sueño es mucho más que un momento de descanso. Durante esas horas se producen procesos fundamentales para el organismo, como la consolidación de la memoria, la regulación hormonal, la eliminación de determinadas toxinas y la recuperación muscular.

¿La siesta puede perjudicar el descenso de peso?

La relación entre la siesta y el descenso de peso no depende únicamente de dormir durante el día, sino de cómo esa siesta afecta el descanso nocturno.

Una siesta demasiado larga o realizada muy tarde puede dificultar que una persona concilie el sueño por la noche. Si esto se convierte en un hábito y termina reduciendo las horas de descanso nocturno, pueden aparecer alteraciones en las hormonas que regulan el apetito.

"El sueño favorece la homeostasis celular y la neurogénesis", explicó Capone.

Cuando una persona duerme mal, aumenta la grelina, conocida como la hormona del hambre, mientras que disminuye la leptina, vinculada con la sensación de saciedad. Además, pueden aumentar las hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol.

Como consecuencia, dormir poco o tener un sueño de mala calidad puede generar más hambre y aumentar la tendencia a consumir alimentos de mayor valor calórico. Según la especialista, una persona puede llegar a ingerir entre 250 y 500 kilocalorías adicionales durante un día de privación de sueño.

¿Cuánto debería durar una siesta?

La nutricionista señaló que las siestas pueden resultar perjudiciales cuando son demasiado extensas. Como referencia, indicó que su duración óptima debería estar entre 30 y 60 minutos como máximo.

La clave está en que la siesta no reemplace ni perjudique el descanso nocturno. El organismo necesita mantener cierta regularidad en los horarios de sueño durante toda la semana, incluidos los fines de semana.

Dormir poco puede hacer perder músculo en lugar de grasa

El descanso también es importante cuando el objetivo es adelgazar porque interviene en la conservación de la masa muscular.

Capone explicó que se ha observado qué ocurre con personas que siguen un mismo plan de alimentación y ejercicio, pero tienen diferentes cantidades de horas de sueño. En los grupos que duermen menos horas, se puede producir una mayor pérdida de masa muscular y una menor pérdida de grasa.

Esto se relaciona, entre otros factores, con las alteraciones hormonales que provoca la falta de sueño. Durante el descanso nocturno también se optimiza la acción de la hormona de crecimiento, fundamental para diferentes procesos de recuperación y mantenimiento muscular.

La falta de sueño también puede afectar la salud

Dormir mal de manera crónica no solo puede dificultar el descenso de peso. También se ha asociado con problemas como hipertensión arterial, aumento de la circunferencia de cintura, diabetes y enfermedades cardiovasculares.

Además, la mala calidad del sueño puede afectar la sensibilidad a la insulina, especialmente en personas que presentan alteraciones del perfil glucémico o resistencia a la insulina.

La relación entre sueño y obesidad, además, es bidireccional: dormir mal puede favorecer cambios que dificultan el control del peso, mientras que la obesidad puede contribuir a un sueño de peor calidad.

La frase de la nutricionista sobre el sueño

Para Capone, intentar reducir las horas de sueño para aprovechar más tiempo del día puede terminar siendo contraproducente.

"Pretender ganarle tiempo al día prescindiendo del sueño es como pretender calentar la casa quemando los muebles", sostuvo la nutricionista.

Por eso, más que eliminar la siesta, la recomendación es evitar que se convierta en un reemplazo del sueño nocturno. Una siesta breve puede formar parte de la rutina, siempre que no interfiera con un descanso nocturno suficiente, regular y de buena calidad.

En pocas palabras

  • Duración de la siesta: Si es extensa o muy tarde, puede dificultar el sueño nocturno y alterar hormonas como la grelina y leptina, vinculadas al apetito.
  • Impacto en el cuerpo: Dormir poco reduce la saciedad, aumenta el hambre y la ingesta calórica, pudiendo provocar pérdida de masa muscular en lugar de grasa.
  • Recomendación: Las siestas no deben exceder los 30-60 minutos y no deben reemplazar el descanso nocturno, crucial para la salud metabólica y general.
Resumen generado por Thinkindot AI

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