Los ojos se les llenan de lágrimas. Lo que sienten es una mezcla de emoción, ansiedad, alegría y angustia. Esta será una de las últimas charlas que compartan en los sillones de palet del frente de la casa: una vivienda sencilla, humilde, pero bien armadita y coqueta. A unos metros, hacia el este, hay dos casitas más. Si uno mira con atención el terreno, entre el cemento y la tierra todavía asoman las viejas vías del tren.
Familias sobre las vías del Metrotranvía, entre la nostalgia del adiós y la ilusión de un nuevo hogar
14 familias dejarán sus viviendas para que avance el Metrotranvía por Luján de Cuyo. Esperan el nuevo barrio del IPV y la primera cuota de la casa propia
Es sábado por la mañana. Cristian, su pareja Antonella y su cuñada Susana son parte de las 14 familias de Luján de Cuyo que en los próximos meses deberán dejar atrás un pedazo de su historia para mudarse a un barrio que el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) está construyendo especialmente para ellos.
Sus casas serán demolidas. Por esos terrenos pasará la nueva traza del Metrotranvía, la que se extiende por Luján hasta la calle Almirante Brown. Ellos viven a la altura de Pueyrredón, sobre la orilla del Cacique Guaymallén.
Siempre supieron que algún día llegaría el desalojo. Y, de una manera u otra, también lo esperaron. Pero llevan más de 20 años allí y, aunque las tierras no eran propias, construyeron. “Acá está nuestra vida, nuestros recuerdos”, dice Cristian y suspira. “Aquí crecí con mis padres y hermanos; vivimos muchos momentos felices. Pero estamos contentos. Vamos a ser propietarios y es un sueño cumplido”. Hace una pausa. A su lado, Antonella se seca las lágrimas.
Demoler su pasado y construir su futuro
Lo que vive Cristian roza lo surrealista. Cuando lleguen las demoledoras y empiece la excavación, él estará ahí, haciendo su trabajo: ayudando a desmontar el lugar donde creció para abrir paso a una vida nueva.
Es que, como si el destino estuviera escrito, trabaja para la empresa que colocará el gasoducto que pasará justo por debajo de la que hoy es su casa.
Y, como si esa coincidencia no alcanzara, la misma empresa será la que instale la red de gas en su futura vivienda. “Todavía no puedo creer la conexión que tiene todo esto”, admite.
Sus hermanos, por su parte, se dedican a la instalación de piscinas y tienen una empresa de banquetes. La familia entera lleva décadas trabajando en la zona.
Dejar el hogar para que pase el Metrotranvía
“A bordo del Metrotranvía se verán lugares de Luján de Cuyo que ni los propios lujaninos conocen”. Las palabras son de Daniel Vilches, presidente de la Sociedad de Transporte de Mendoza, y coinciden con lo que señaló el intendente Esteban Allasino durante una visita por la obra.
Se refieren a que la nueva traza -que en ese departamento irá desde Carrodilla hasta la Facultad de Ciencias Agrarias- avanzará de forma paralela a la calle San Martín, atravesando terrenos extensos y prácticamente inaccesibles, manzanas adentro.
A lo largo de ese tramo, que inicialmente estaba previsto hasta Pueyrredón pero finalmente se extenderá un kilómetro más, viven desde hace décadas 14 familias.
“Hicieron casas de ladrillo, de madera, de durlock. Buenas construcciones a las que les dieron notas de perpetuidad”, repasa Vilches en diálogo con Diario UNO. Pero están sobre las vías. Y así, explica, jamás podrían acceder a la titularidad de dominio por usucapión.
Ellos lo saben. Y aunque levantaron sus hogares desde cero, cuando allí solo había cañaverales, no se lamentan. “A lo largo de estos años nos hemos anotado en muchos planes de vivienda, pero cumplir los requisitos no es fácil. Hasta fuimos estafados por una cooperativa. Así que, aunque tenemos una mezcla de sensaciones, también pensamos en nuestro futuro y en el de nuestros hijos”, cuenta Susana.
“¿Sabés lo que es jubilarse y no tener que preocuparse por pagar un alquiler?”, se entusiasma la vecina, que con esta mudanza obligada volverá -sin haberlo buscado- a vivir a unas cuadras de su escuela de la infancia, cerca de amigos y familiares que aún permanecen allí.
La última Navidad en casa
Cristian vivía con sus padres y hermanos en la casa que da a la calle San Martín, al lado del drugstore de la esquina de Pueyrredón, frente a la escuela Fray Inalican. Recuerda que, hace unos 20 años, su papá los reunió y les propuso una idea que les cambiaría la vida: “Si se animan, limpiamos el terreno y se hacen sus casas. No es nuestro, es arriesgado y algún día quizás tengan que irse, pero si quieren, los apoyo”. Y lo hicieron.
La Municipalidad de Luján de Cuyo y el Gobierno provincial los censaron varias veces, a ellos y al resto de las 14 familias que viven sobre la traza. Son conocidos en la zona, gente trabajadora, “acostumbrada al trabajo urbano”, describe Daniel Vilches, desde la STM.
“Acá vivimos bien, con todas las comodidades. Es una zona tranquila y segura. Y, más allá de que la mayoría somos familiares, con el resto de los vecinos -que también tendrán que mudarse- nos conocemos desde hace tiempo. Los chicos están creciendo juntos y van a la escuela de enfrente”, cuentan Cristian, Antonella y Susana en diálogo con Diario UNO.
Por eso, la idea siempre fue mudarlos en bloque. Lo que faltaba era definir el lugar, procurando respetar su ámbito de vida y trabajo para que el cambio no resultara traumático.
Entonces apareció un terreno, a unos 4 kilómetros, que la Dirección General de Escuelas (DGE) tenía desocupado desde hacía años. Lo había recibido por donación para construir una escuela que nunca se concretó y que, según señalan hoy en el Consejo de Enseñanza Pública, ya no es necesaria. Más allá de la discusión jurídica sobre el cargo original de la donación, se resolvió formalmente transferir el lote al Instituto Provincial de la Vivienda, que ya construye allí 14 viviendas exclusivas para las familias de la traza del Metrotranvía.
“Pasamos todos los fines de semana para ver, entre la tela y las rejas, el avance de las casas”, se ilusiona Cristian.
Desde que la ampliación del tren hacia el aeropuerto y Luján de Cuyo se volvió un hecho, estas familias comenzaron a imaginar su mudanza. La obra avanza rápido y ya pisa la calle Juan José Paso. El traslado no está lejos: “Unos cuatro meses”, estiman desde el Gobierno.
La Navidad pasada fue la última que pasaron juntos en las casas de toda la vida. La próxima los encontrará pagando la primera cuota de la vivienda del IPV. “Brindamos por eso. Nos juntamos todos sabiendo que era la última acá. Fue una especie de despedida”, cuenta Susana.
“Ya no haré más el camino hasta Araoz para ir a lo de mi mamá”. Dejar atrás rutinas, un espacio seguro y una parte de la historia requiere adaptación y esfuerzo. Por eso se dice que cada mudanza es, en algún punto, un duelo.
Y como en todo duelo, aparecen miedos a lo desconocido: qué pasará ahora, cómo seguir. “A los chicos les choca más. Preguntan mucho, están ansiosos, preocupados”, admiten. Y ellos tampoco ocultan su propia ansiedad.
“Queremos que los vecinos del nuevo barrio nos conozcan. Que no tengan miedo de nosotros. Somos todos trabajadores”, dice Cristian, que mantiene la esperanza de una buena convivencia futura y pide que la Municipalidad organice un encuentro con la Unión Vecinal para presentarlos formalmente.
Caminamos hasta el portón de ingreso. El perro ya no ladra. Charlamos un momento más y nos despedimos con la promesa de visitarlos en sus nuevas casas. Saben que esta será una de las últimas veces que lleguen hasta esa reja que, con el avance del Metrotranvía, quedará solo en la memoria. Antonella vuelve a emocionarse.










