Desde finales de octubre y hasta que el verano se transforma en un recuerdo, todos los mendocinos miran al cielo, cada tanto, para ver si aparecen nubarrones que presagien tormenta. Casi todos los años siempre la campaña estatal de lucha antigranizo está, a veces con más argumentos que otros, en el ojo de la tormenta, valga la ironía. Lo único que permanece inmutable son las costumbres y creencias sobre cómo “cortar” las tormentas en forma casera. En Mendoza la más arraigada es la cruz de sal, pero hay varias más.

Es una creencia popular. Es parte de las costumbres y tradiciones. En Mendoza, especialmente en la zona rural, casi todos conocen el mito de que, ante la cercanía de una tormenta, hay que hacer una cruz con sal gruesa en la tierra y clavarle un cuchillo en el medio.

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No es un rito cuyano, ni siquiera argentino. Está esparcido en toda América Latina y el origen es difuso. Algunos sostienen que llegó de Europa pero, curiosamente, también hay pueblos nativos que lo practican, desde México hasta el norte de la Patagonia.

Y también hay rezos y otros ritos que sirven para lo mismo: enterrar un huevo en el patio, clavar un hacha con la mano apuntado al frente de los nubarrones, poner en el suelo un paraguas al revés. Pero en Mendoza, sin dudas, el más fuerte es el de la cruz de sal.

Quien escribe aprendió el rito hace unos años. En la brutal tormenta de esta última semana lo practicó y, creer o reventar, por aquí la tormenta pasó de largo. Pero lo más interesante y lo más rico fue preguntar en las redes si el rito era conocido por otros y si había alguno más efectivo para evitar la piedra.

Evangelina reconoció que el método de la cruz de sal "¡es el que uso también!" y agregó que "otro que conozco es hacer un agujerito en el piso y " plantar" un huevo, pero no puedo dar fe de su eficacia".

Después Evangelina se lamentó de no recordar una oración que le rezaba su abuela a Santa Bárbara. Pero (quizás sea lo más bonito que produjo el posteo) Natalia le contestó: "Mí abuela le invoca a Santa Bárbara. La oración dice: "Santa Bárbara bendita, que en el cielo estás escrita, con papel y agua bendita, Cristo clavo, corona y cruz". Y Eduardo también recordó la oración que decía su abuela Francisca. "Mi abuela lo decía, es española la oración", contó.

Entre tanto, Celia aportó otra versión: "Cruz de harina. Jamás cayó piedra en mi casa ... mi abuelita lo hacía en la estancia de Buenos Aires".

Luis, por su parte, recordó a su padre y el uso que hacía de la cruz de sal. "Mi viejo diría que es lo mejor. Era un pampeano domador de caballos y vareador de caballos de polo, un lindo trabajo que lo obligaba a mirar el cielo".

Jorge, refutando todo, dijo que la cruz de sal es "un recuerdo de mis padres. Hacían eso en San Martín. Luego de la tormenta la piedra no dejaba ni el cuchillo".

Desde Rivadavia el Padre Alberto, quizás para aliviarle la cola a algún santo, se despachó con un simple pedido: "Aviones antigranizo", dijo.

Raúl fue bien preciso. "La cruz de sal gruesa se hace hacia al núcleo de la tormenta y el cuchillo se clava con el filo hacia el centro de la misma. Y, creer o reventar, en 5 minutos se corta en 2 y se abre. Mi abuelo, mi padre y yo lo hacemos siempre." Después, con pena y preocupación, contó que "tenemos la finca en Alto Chapanay y estamos aislados con COVID y no podemos ir a curarla. Sólo queda rogarle a Dios y la Virgencita de la Carrodilla".

Eli, desde la Patagonia, aseguró que el rito es correcto. "¡Es verdad eso. Mi mamá lo hacia!", contó.

Marcelo, desde Junín, acudió a la fe y al buen humor. "¡Alta macumba pa las nubes malas! ¡Pilato, Pilato, los cojones te ato, que no caiga piedra o no te desato!, decía mi abuela Teresa", contó.

Adriana aportó otra creencia costumbrista. "Llevarle un maple de huevos a las carmelitas descalzas. Por tradición las novias les pasan los maples para asegurarse que no vaya a llover. Ni siquiera hay intercambio de palabras. Hay que dejar el maple con la fecha de la boda en un papel y, no sé cómo, ¡pero no llueve!".

Ariel tuvo una experiencia que lo transformó en un perfecto incrédulo. "A mí me destrozó el auto, el techo de la casa y en Junín no quedaron muchos pájaros vivos, un domingo de hace unos 25 años. Mi vecina todavía está buscando el cuchillo".

Desde Medrano, Marcelo recordó que "mí papá la hacía (el rito de la cruz de sal) en sus épocas de contratista. En el campo nos aferramos a todo con tal de tener alguna protección: velas, estampitas, rosarios, pilatos... Todo sirve".

Gloria se inclinó por lo racional: dijo que lo único que sirve es "la prevención. Sistemas de alerta temprana, centrados en la gente".

Laura contó que "mi abuela hacía lo mismo" con la cruz de sal y Adriana dio una versión cercana, pero distinta. "Mi abuela clavaba dos cuchillos en cruz en la tierra", recordó.

Marcelo Fernández desconfió de que el rito estuviese bien realizado. ¿No había que hacerlo en una mesa? ¿No sé estará saltando alguna etapa del ritual?", preguntó.

En tanto Marta se alegró por la imagen de la cruz de sal. "Me recuerda a mi abuelita Eugenia. Ante una amenaza de tormenta hacia la cruz en la mitad de la finca", dijo.

Fernando, por su parte, relató su propia experiencia. "Me trajiste un recuerdo de 7° grado, por allá lejos en la imborrable década del 1980, en un campamento. Un pariente de un compañerito, frente a la tormenta que se venía y prometía inundar carpas y demases, hizo la cruz de sal con el cuchillo y fue un éxito. Sólo truenos furiosos y densas nubes y relámpagos acompañaron la tarde noche. Nada de agua. Ahí conocí el ritual".

Los recuerdos fueron lo mejor. Rescatar las costumbres y traer al presente a las personas queridas.

Entre tanto, quien escribe hizo la cruz de sal con el cuchillo clavado al medio. Y la tormenta pasó de largo. Ni una gota cayó, una lástima, porque hacía falta. La próxima le pongo menos sal.