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Los 50 años de Tiburón, la película que casi hundió a Steven Spielberg

Actores que se llevaban mal, carísimos artefactos que fallaban y un director al borde del despido. El rodaje de este clásico de 1975 -que puede verse en Prime Video-, fue un desastre. Hasta que llegó a las salas de cine

Editado por Marcela Furlano
furlano.marcela@grupoamerica.com.ar

La temporada de verano de 1975 estaba a poco de comenzar y las playas estaban listas para recibir a los veraneantes. Pero una amenaza impensable hizo que muchos se replanteasen ir a esos destinos: se estrenaba el 20 de junio el filme de Steven Spielberg, Tiburón (Jaws). El cine coronaba a un poderoso monstruo que a diferencia de otros del séptimo arte, existe en la vida real. Sin saberlo Spielberg había creado un clásico y un sinfín de imitaciones, que nunca llegaron siquiera a empalidecer la originalidad de su obra.

La historia que lo inspiró

Muchos años antes de que el escualo asesino de Spielberg se hiciese famoso, unos ataques sucesivos de tiburones en la costa de Nueva Jersey llegaron hasta los oídos del escritor Peter Benchley. Era periodista y estaba buscando un nuevo rumbo en su carrera desde que el presidente Lyndon Johnson dejara la Casa Blanca. Él era uno de los que escribía sus discursos presidenciales.

Se había enterado de que la prensa de 1916 registró la muerte de cuatro personas por el ataque de estos predadores marinos, algo que Benchley recordó en cuando la editorial Doubleday lo convocó para escribir una novela. Ese hecho puntual fue parte de la inspiración para crear la novela, aunque el autor también se referenció en un clásico como Moby Dick de Herman Melville, donde la amenaza también provenía del mar.

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Quiso la casualidad que el productor de Universal, David Brown Baren, se encontrara con Benchley en la redacción de la revista Cosmopolitan. Había ido a visitar a su mujer, Helen Gurley Brown, editora de la publicación y la charla derivó en la novela que se estaba gestando. Ni lerdo ni perezoso, el productor vio en esa obra la posibilidad de llevarla al cine y consiguió un par de ejemplares, que leyeron de corrido junto a su socio, Richard D. Zanuck. Se hicieron con los derechos por 175.000 dólares. Era el primer paso de una película cuyo rodaje fue, como mínimo, desastroso. El libro no reflejaba las enormes dificultades de llevarlo a la pantalla grande.

El elegido

Steven Spielberg tenía 29 años cuando el tiburón que lo haría mundialmente famoso comenzó a rondarlo. Sólo había filmado una película para televisión, la sobresaliente Reto a la muerte (Duel, 1971) y una para el cine (Loca evasión, 1974). Estaba lejos de ser la primera opción para dirigir el filme de Universal Pictures.

David Brown Baren y Richard D. Zanuck primero pensaron en el director John Sturges, famoso por películas como Los siete magníficos (1960), pero no lograron que aceptara. Se inclinaron luego por un joven realizador, Dick Richards, que en la entrevista con los productores todo el tiempo confundía al tiburón protagonista con una ballena, con lo cual se dieron cuenta que no podían confiar en alguien que no entendía la diferencia.

Spielberg se enteró del proyecto y se postuló para dirigir la película, aunque después intentó retractarse por temor a ser encasillado en filmes de ese estilo. Pero como el contrato estaba firmado, no tuvo otra opción que seguir adelante, sin saber que estaba haciendo historia en el cine contemporáneo.

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Abogado con aletas

Hubo dificultades para encontrar al guionista principal – el propio autor de la novela sólo elaboró los primeros borradores – que fue finalmente fue Carl Gottlieb- y la selección del elenco enfrentó a Spielberg con los productores. Estos últimos querían estrellas famosas, por ser más convocantes en taquilla y el joven director se inclinaba por intérpretes poco conocidos, para facilitar la identificación del público con sus personajes.

La película se enfocaría en los devastadores efectos que los ataques de un tiburón provocan en una pequeña ciudad costera de Estados Unidos. A pesar de las evidencias, el alcalde se niega a cerrar sus playas para seguir explotando el negocio turístico, negándose a difundir lo que está sucediendo. Cuando la situación se sale del control, el jefe de la policía local, Martin Brody (Roy Scheider) decide emprender la caza de este singular asesino con la ayuda del biólogo marino Matt Hooper (Richard Dreyfuss) y el marinero profesional Quint (Robert Shaw). La visión de Spielberg se había impuesto con respecto a los actores.

Roy Scheider obtuvo el papel tas escuchar en una fiesta a Steven Spielberg hablar sobre Tiburón y se ofreció para un papel. Richard Dreyfuss era la primera elección del director para el rol del oceanógrafo, pero rechazó la primera oferta. Cuando se vio en una función privada de Duddy, el trepador (1974), aceptó el trabajo por temor a que su actuación tan mala, hiciese que nadie volviera a llamarlo para trabajar. Por último, fueron los productores quienes propusieron a Robert Shaw, porque antes habían trabajado juntos en El golpe (1973).

El rodaje comenzó en mayo de 1974, en la población costera Martha’s Vineyard. Como obviamente se necesitaba la presencia del villano tiburón, se crearon tres costosas réplicas mecánicas, de más de 7 metros de largo cada una, todas ellas llamadas Bruce en honor al abogado de Spielberg, Bruce Ramer.

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Fórmula para el desastre

El trío actoral principal se llevaba pésimo. La tensión estaba presente en todas las escenas que rodaban juntos y el alcoholismo de Shaw contribuía a acrecentar los conflictos. Spielberg se mantuvo al margen de sus enfrentamientos, porque consideraba que la mala relación se reflejaba en el rodaje tal como él quería plasmarlo.

Los tiburones Bruce, que costaron cerca de 250.000 dólares cada uno, fueron un verdadero dolor de cabeza. Un equipo de arte compuesto por más de cuarenta técnicos de efectos mecánicos se aseguraría de minimizar sus fallas, pero nada de eso fue posible, sobre todo por la insistencia de Spielberg de filmar en el mar. Al tomar contacto con la salinidad del agua sus mecanismos se oxidaban. Tambièn se enredaban en las algas marinas.

Los actores en aguas abiertas a veces se mareaban tanto que no podían seguir trabajando y algunas tomas se estropearon por la aparición de barcos ajenos al filme. Spielberg estaba aprendiendo lo difícil de filmar en aguas abiertas y no en un espacio controlado como un tanque acuático como le habían propuesto.

El conjunto de problemas hizo que el plan inicial de 55 días de rodaje y 3 millones y medio de dólares se elevara a 159 días de rodaje y 9 millones de dólares de presupuesto. Parte de los ejecutivos de Universal querían echar a Spielberg y los pocos que lo defendieron seguramente lo hicieron para salvar la inversión, ya que ningún otro director se haría cargo de un filme con esas complejidades, a medio camino.

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Pura astucia

A pesar de su escasa experiencia, el director encontró la manera de que el protagonista del filme, el tiburón, apareciera lo menos posible, debido a sus múltiples desperfectos. Desde el truco de los tambores amarillos para seguir visualmente su trayectoria bajo el agua hasta mostrar la perspectiva del tiburón, como lo había visto en El monstruo de la laguna negra (1954), de Jack Arnold. Pero la mayor ayuda llegó de la música creada por John Williams, que anticipaba la cercanía o los ataques del escualo.

La primera vez que Spielberg escuchó el tema principal, creyó que era una broma. Era la segunda vez que trabajaba con Williams, sin saber que forjarían una relación laboral y de amistad de décadas.

Williams lo hizo ir a su casa, para que escuchara en el piano su creación. El realizador lo recuerda de esta manera: "Johnny estaba muy emocionado (de tocar en el piano la música de Tiburón). Lo hizo con un par de dedos... No todos, los diez, solo un par porque no necesita los diez e hizo: 'Duh-duh... duh-duh", continuó el director. "¡Y empecé a reírme! Porque Johnny tiene sentido del humor, pero nunca me había hecho algo así ".

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Williams tuvo que explicarle mejor su concepto y los instrumentos que sumaría. Esas notas se convertirían en el leit motiv del tiburón, presagiando su presencia. Era perfecto. Quién necesitaría a Bruce con esa música. La banda sonora terminó llevándose un Oscar.

Finalizado el accidentado rodaje, la Universal se volcó a su promoción, invirtiendo casi dos millones de dólares más en una campaña televisiva excepcional hasta ese momento, merchandising incluido.

El filme terminó recaudando 123 millones de dólares en todo el mundo, para cerrar en años posteriores en una cifra cercana a los 475 millones de dólares. El filme de Spielberg cambió no sólo la forma de hacer cine, sino de cómo comercializarlo y publicitarlo. Era el primer paso de uno de los directores más versátiles y exitosos de la historia del cine.

Tiburón: tráiler de la película

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