María Elena Izuel
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El doctor hacía propaganda en los diarios locales, en especial en el Ecos de San Rafael, diciendo que atendía en el Hotel Club desde las 7.
En ocasiones se dedicó a la agricultura, pues había comprado una finca en Calle Larga, una zona donde había una calle a la que le llamaban calle Rusa, pero no fue por mucho tiempo; se puede decir que económicamente nunca le fue bien, ya que siempre regalaba lo que ganaba a los más pobres.
Fue electo concejal en varias oportunidades y sus actuaciones, según se puede leer en las actas, fueron oportunas y cuidando la salud de los habitantes.
Su tendencia política era socialista. En cierta ocasión, cuando la Municipalidad funcionaba en forma conjunta con la Policía en la esquina de las actuales Yrigoyen y Libertador, hoy edificio López Martín, hubo un problema interno entre la Policía y las autoridades municipales. La policía detuvo a los concejales que ahí estaban reunidos, entre otros Schestakow. Fue tal el enojo que se retiraron del edificio y no lo compartieron más.
Sabía mucho de todo, en cierta ocasión aconsejó a los bodegueros a “curar sus bodegas enfermas” y también atendió y operó a los animales que se enfermaban.
Su casa la construyó en calle Las Heras, un enorme caserón rodeado de un hermoso jardín al que cuidaba el señor Víctor Forcone. Después de muchos años instaló ahí su consultorio particular, tal como aparecía en los avisos publicados en los periódicos de la época. En el frente había una placa de bronce con la inscripción “Dr. Teodoro J. Schestakow-Médico cirujano”, que le fuera obsequiada por don Rodolfo Iselín. Hoy la casa ya no existe.
Don Víctor Forcone, “el Señor de las Plazas”, porque fue el placero más famoso de San Rafael, solía contar algunas anécdotas muy interesantes. Contaba que el doctor decía: “Yo duermo en un catre, arriba a mi altura hay telas de arañas y yo le decía al Víctor que no se le ocurriera sacarlas, porque es el ‘fly’ que tengo; viene una mosca y se queda pegada, un mosquito, también…”
Le gustaba mucho estar en contacto con la naturaleza y realizaba frecuentes viajes a El Sosneado para bañarse en uno de los pozos de aguas termales, a las que consideraba muy importantes para la salud.
A ese pozo se lo conoce como “pozo del Dr.Schestakow”. En algunos escritos que dejó aconsejaba los baños termales.
Siempre se interesó por el progreso y consideraba a la educación como pilar fundamental para lograrlo; bregó porque se construyera una escuela en San Rafael y él, como no tenía dinero para contribuir, con sus propias manos plantó los frondosos aguaribayes al inaugurarse el edificio (en 1898) que hoy se encuentran en el jardín de la escuela 25 de Mayo y han sido declarados Patrimonio Histórico. Él solía decir: “Debajo de un aguaribay nunca hay moscas que puedan molestar”. Cuando él realizaba partos en la campaña, se ponía debajo de un aguaribay.
El día que el pueblo lo defendió
En tres ocasiones se le prohibió el ejercicio de la medicina por la aplicación de una ley con la que se quiso impedir que médicos extranjeros ejercieran en el país, no obstante sus bien ganados méritos. Pero el pueblo de San Rafael se levantó furioso contra tal medida, la que fue dejada sin efecto en lo referente a él, confirmándose así la autorización especial que ya poseía. En desagravio se le quiso obsequiar una casa, pero nuevamente la rechazó.
Después de muchos años de gestiones, finalmente, en 1924, se inauguró el Hospital Regional en la calle Barcala y todo el pueblo pidió que se le pusiera su nombre, aun cuando él no quería. En un principio el Gobierno no aceptó, porque era extranjero, pero todos los negocios cerraron sus puertas y los pobladores protestaron, hasta que en 1941, por decreto del gobernador Rodolfo Corominas Segura, se designó al hospital con el nombre del Dr. Teodoro J. Schestakow. Cuando se lo comunicaron no quería aceptar, tanta era su modestia, pero cambió de opinión cuando fue todo el pueblo quien se lo pidió.
Vivió siempre rodeado del cariño de todos los que lo conocían, no había casa donde no fuera bien recibido, todas las puertas estaban siempre abiertas para él. En los últimos años de su vida, cuando ya casi no ejercía su profesión, a la que amó más que a su propia vida, se lo veía pasear en su coche, observando cómo crecía la ciudad que eligió para vivir su vida, cuando Las Polvaredas no eran más que una huella y algunas pocas casas.
En 1953, al celebrarse el cincuentenario del traslado de la cabecera departamental a Colonia Francesa, en un emotivo acto se colocó su busto en los jardines de acceso al hospital; en ese momento se encontraba muy enfermo, pero lo mismo asistió. Fue el homenaje de todo un pueblo para su viejo y querido médico.
Legado
Su vida se fue apagando lentamente y a las 14 del 29 de mayo de 1958 su gran corazón dejó de latir.
Todo el pueblo se hizo presente en su sepelio, acompañándolo hasta su última morada en el cementerio de San Rafael, una sencilla tumba en tierra, tal como lo había pedido. En su lápida se lee: “Aquí yace el Dr. Schestakow. Trabajó toda su vida. Descansa en paz”.
Sobre esa placa siempre se encuentran flores, pues la generación que lo conoció, que lo llamaba “padrecito santo” y sus descendientes, no dejan de reconocer los méritos de este humilde médico que vino desde tierras tan lejanas y aquí se quedó, viviendo una vida de sacrificios porque hacía falta para ayudar al prójimo.
Su recuerdo vive en la memoria del pueblo, en los frondosos aguaribayes de la escuela 25 de Mayo, que no debemos permitir que sean erradicados, en el nombre de una escuela, de una calle, de una plaza y del hermoso hospital, que fue su sueño.
