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Vanesa Pía es teniente primero del Ejército y desde diciembre está en el continente blanco, donde pasará un año. Especialista en montaña, está al frente de la patrulla de rescate. Su historia 

La sanrafaelina que organiza la base Esperanza en la Antártida

Su amor por la carrera militar y por la naturaleza forjó su destino. Especialista en montaña, egresada de la escuela de oficiales del Ejército argentino, Vanesa Pía se encuentra hoy en la base Esperanza, de la Antártida.

Es una de las dos mujeres militares que hay allí y se encarga de la logística para las 70 personas que habitan esta extrema geografía nacional. También está a cargo de una patrulla de rescate.

El jueves pasado, vía Facebook, mientras en este departamento hizo más de 38 grados, a más de 2.000 kilómetros de distancia, con un promedio de 2 grados de temperatura y en una época donde no hay noche, Vanesa (29) habló con UNO de

San Rafael sobre su historia y esta experiencia, que durará alrededor de un año dependiendo del clima.

“Desde chica sentía admiración y me atraía la vida militar, no tengo a nadie en mi familia de la fuerza, sólo mi maestro de karate, al que desde chica admiraba y me gustaba su disciplina. Antes de terminar la secundaria me decidí ingresar, averigüé qué podía estudiar dentro de la carrera militar y encontré la de oficiales, donde además de tener un grado militar nos daban un título universitario; entonces estudié por 4 años en Palomar, Buenos Aires; cuando egresé decidí especializarme en montaña porque era lo que más me atraía, es un desafío porque en la montaña no hay alimento, no hay árboles con los que hacer fuego, no hay un refugio natural”, contó.

Cuando estudiaba eligió la sección de Artillería. Pasó por Zapala, en Neuquén, y esa misma pasión por la montaña la llevó a Bariloche, a la escuela militar de montaña, donde hizo cursos que “muy pocos tienen la posibilidad; obtuve la capacitación de escaladora de asalto, que es como un escalador profesional, y también en el invierno la capacitación de instructora de esquí”, señaló.

Sus logros continuaron cuando “tuve el orgullo de que me convocaran para ser instructora en la escuela de suboficiales Sargento Cabral, del Ejército. De ahí me trasladaron a Buenos Aires y me dediqué a formar a los futuros suboficiales”.

Objetivo Antártida

Pese a todo eso, la mente de Vanesa siguió “en blanco”. Es que la Antártida seguía siendo su objetivo. Sabiendo que los cupos son muy pocos, mandó la solicitud, que el primer año le fue rechazada. Luego volvió a enviarla y al año entrante la convocaron.

El 17 de diciembre llegó al continente blanco y en febrero, en un buque polar ruso, llegarán más gente, víveres y elementos personales. Mientras, ella tiene que administrar todo lo que hay.

“Me encargo de la administración del combustible, gas, de los víveres, porque acá hay familias, una escuela, chicos, se consume mucho. También hay científicos y mayoría de militares”, narró.

Los días de esta sanrafaelina no son todos iguales. Suele empezar con una reunión en la casa principal, donde se dan las órdenes y recomendaciones y también reciben a turistas (estos días ya llegaron dos buques), luego organiza junto con el cocinero la comida y después en el depósito acomoda la mercadería de acuerdo con la fecha de vencimiento.

“Tenemos –contó– carne, fiambre, realmente es mucho. Para la basura agarramos una moto de nieve con un trineo y la llevamos a un incinerador; acá se le da mucha importancia al tratamiento de la basura”.

Una vez por semana, por la tarde, luego de que cada casa hace su pedido, se encarga de repartir los víveres. En los minutos libres va al gimnasio. Claro que en esta geografía extrema todo depende del clima. Los primeros días de la semana que pasó el viento corrió a 100 kilómetros por hora y la temperatura bajó a 3 grados negativos.

Rescate

Por su experiencia en montaña, en la Antártida está al frente de la patrulla de rescate. Si bien los accidentes no son comunes, narró que “acá tenemos refugios a los que cada tanto hay que ir a dejar víveres, y el problema son la grietas, que muchas veces están tapadas por la nieve y cuando te das cuenta es tarde. Siempre se entrena y se trata de ver cómo evitarlos o poder salir, por ejemplo los vehículos van todos unidos, encordados los llamamos; si cae uno los otros saben qué hacer, hasta en el mar con los botes hubo accidentes, no es normal pero es parte de nuestra función entrenarnos, por lo menos la gente de la patrulla”.

La tarea es dura. La decisión de ir hasta la Antártida la tomó en familia. “Tenía dos propuestas, una era ser instructora pero en la carrera de oficiales, enseñar en el lugar donde me formé, algo que era un sueño. La otra opción era venir a la Antártida, me dieron unos días para pensarlo y lo hablé con mi familia, pero me dijeron que ellos me apoyaban en lo que decidiera; cuando les conté mi decisión me dijeron que ya sabían que iba a elegir eso, ya se están acostumbrando a mis aventuras y me llaman y hablan a cada rato, son mi gran sostén y apoyo”.

El reloj del cambio climático

La Antártida juega un papel fundamental en el clima del planeta Tierra. Cualquier cambio o anormalidad en el clima generalmente es el continente blanco el primero en sentirlo. Es por eso que muchos científicos estudian allí los vaivenes de su clima que pueden llegar a afectar luego a todo el mundo.

Vanesa comentó que “la realidad es que se hacen estudios de la capa de ozono y sondeos de aire. Acá incide directamente el agujero de ozono, y lo cierto es que se derrite el continente, las barreras de hielo se derritieron y perdieron la capacidad de contención”.

La mujer agregó que “la Antártida es un territorio para explorar, ocurren muchos fenómenos y también es el regulador de la temperatura del mundo”.

Esperanza, base argentina

La Base Antártica Esperanza es una estación científica de la República Argentina ubicada en punta Foca (caletas Choza y Águila) de la bahía Esperanza, en la península Trinidad, la cual se halla sobre el estrecho Antártico

En enero de 1952 fue puesto en servicio el Faro Esperanza, ubicado en la mayor de las rocas Grunden de la caleta Choza, al sudeste de bahía Esperanza.

Fue fundada el 17 de diciembre de 1952 por el capitán Jorge Edgar Leal, capitán Héctor Manuel Benavídez, teniente Carlos Néstor Bulacios, teniente Domingo Héctor Crotti, sargento ayudante Alberto Benicio Balegno y sargento ayudante Pedro Nicanor Ramos y ha estado en operación permanente desde entonces. En el invierno de 1962, el 14 de junio, partió de allí una expedición terrestre con trineos de perros comandada por el teniente primero Giro, que el 24 de octubre alcanzó la base San Martín.

El 28 de febrero de 1976 se inauguró en la base la capilla San Francisco de Asís, la primera instalación del culto católico en la Antártida, celebrándose en ella el 16 de febrero de 1978 el primer casamiento religioso en la Antártida. La zona se caracteriza por los fuertes vientos, que bajan considerablemente la sensación térmica. La temperatura media anual es de cerca de -20°C.  

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Inigualable. El paisaje en la Antártida deja sin adjetivos, tal como puede apreciarse en esta foto en la que Vanesa posó en los primeros días de arribada a la base argentina, donde se encarga de la logística.
Inigualable. El paisaje en la Antártida deja sin adjetivos, tal como puede apreciarse en esta foto en la que Vanesa posó en los primeros días de arribada a la base argentina, donde se encarga de la logística.
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Operativo. Vanesa en plena tarea de traslado de víveres, que realiza en un trineo debido al terreno del lugar.
Operativo. Vanesa en plena tarea de traslado de víveres, que realiza en un trineo debido al terreno del lugar.
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Esperanza. Una postal de las distintas casas de la base nacional en esa zona de la Antártida.
Esperanza. Una postal de las distintas casas de la base nacional en esa zona de la Antártida.
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Blanco. Otra imagen del lugar, con nieve por todos lados. Allí la mendocina estará 1 año.
Blanco. Otra imagen del lugar, con nieve por todos lados. Allí la mendocina estará 1 año.
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