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Hinchadas que tienen que viajar separadas. Alcohol, drogas y cientos de policías para cuidar a los más violentos que se adueñaron de las canchas.

Opinión: El triste folclore del fútbol argentino

Editado por [{"idCMSUsuario":"91","nombre":"José Luis Salas","email":"joseluisprensa10@gmail_com"}]

El superclásico jugado en Mendoza volvió a poner en el escenario la impunidad de los barras bravas que sin desparpajo alguno viajan en micro con drogas, alcohol y cuchillos como si fuera algo normal.

El núcleo más duro de ambas hinchadas, Boca y River, tuvieron que viajar por caminos diferentes. Los xeneizes por ruta 7 y los millonarios por el sur de la provincia como si fueran dos ejércitos enemigos que no se pueden cruzar. Otra vez y como siempre el miedo a que algo pudiera pasar le ganó a la racionalidad.

Cientos de policías para cuidar a estos grupos de vándalos que dicen representar el sentimiento del hincha. En esta historia que parece no tener fin y que se agudizó en los últimos años, el Estado volvió a usar recursos para cuidar al resto de la sociedad que en algunos casos salió a saludar a los más violentos como si estos fueran los verdaderos héroes de la final.

Si bien no hubo incidentes, salvo un enfrentamiento en el aeropuerto mendocino, el alerta estuvo presente durante todo el miércoles y jueves cuando los micros retornaron a sus lugares de origen. En las requisas se pudo observar que esta gente no viajaba a disfrutar de una fiesta futbolística, cientos de botellas de alcohol, droga y cuchillos no justifican el amor por un equipo de fútbol sino una sensación de impunidad que para el resto de la ciudadanía no existe.

Si alguno de nosotros traslada un arma blanca en su auto queda detenido o al menos demorado, sin embargo a "estos muchachos" nada les pasa, salvo unos minutos de demora o quizás un acta de infracción, algo a lo que están acostumbrados. El fútbol, la gente y el verdadero hincha, que ahorra unos mangos para ir a la cancha, no se merecen esa desigualdad.

La vara la imponen los más violentos que lamentablemente, por ahora, ganaron la pulseada. A pesar de toda esta realidad, Mendoza demostró estar a la altura de los acontecimientos, y garantizó un verdadero espectáculo deportivo a pesar de los violentos, esos a los que no les importa el deporte y muestran, con impunidad, querer ser los dueños del grito sagrado que tanto apasiona a los argentinos.

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