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La unidad para 68 presos a construir en la Colonia Penal es otro "parche" para descomprimir la colapsada penitenciaría. Ya es hora de hacer una nueva cárcel.

Opinión: la cárcel local, una "olla a presión"

El hacinamiento de la cárcel de San Rafael es una olla a presión. Cada tanto se le apaga el fuego o se le quita un poco la presión para que no explote, pero esto no podrá seguir así por mucho más tiempo. En los últimos años distintos gobiernos provinciales le han realizado algunas mejoras y ampliaciones que descomprimen un poco esa presión, pero tarde o temprano vuelve la sobrepoblación.

La última movida en este sentido es la construcción de una unidad con una capacidad para 68 internos en la Colonia Penal que el martes de la semana pasada anunció el director general Servicio Penitenciario de Mendoza, Eduardo Orellana.

Al establecimiento de calle Tirasso, que se maneja con un régimen de semi libertad, se derivan los presos que están por cumplir con sus condenas o gozan de salidas transitorias. Pero el objetivo de esta nueva unidad es descomprimir la cárcel de Mitre y Pampa que tiene capacidad para 310 internos y ahora hay unos 400.

Pero el problema no es sólo de sobrepoblación. Las condiciones de vida son de lo peor, ya que funciona en una casona antigua que no fue construida para tal fin, más allá que en la Ley de Emergencia en Seguridad aprobada el año pasado se establecieron 35 millones de pesos para mejoras edilicias y habitacionales.

El gobierno de Alfredo Cornejo apuesta a la flamante cárcel federal de Cacheuta, en Luján, para llevar allí a los presos con causas federales y "hacer un poco lugar" en los penales provinciales. En el caso de San Rafael, no son muchos los presos procesados o condenados por la Justicia Federal.

Con estas iniciativas sólo se "gana tiempo", pero no van a la solución de raíz, especialmente en la actualidad. Es que el endurecimiento de los requisitos para otorgar prisiones preventivas acelera el crecimiento de la población carcelaria.

Esta medida era necesaria para terminar con la "puerta giratoria", al igual que las audiencias orales y otras iniciativas para acelerar y hacer públicas las decisiones de la Justicia, pero si no se soluciona el último eslabón de esta cadena, que es la cárcel local, la olla seguirá subiendo de presión hasta explotar.

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