María Elena Izuel
Especial para UNO San Rafael
En 1915 la vivienda familiar, que se fue ampliando a medida que la familia crecía y donde en un principio vivieron todos juntos, albergaba a los “nonos”, Pacífico y Albina, y los cuatro hermanos (César, Augusto, Luis Filiberto y José) con sus esposas e hijos. Para ese entonces, César y Natalia ya tenían un hijo argentino: Teresa, y en 1920 nació Emilio, el menor de la familia.
En las primeras elaboraciones usaron la uva propia, tenían 13 hectáreas de viñedos malbec en la finca, junto a la bodega, y posteriormente debieron adquirir uvas a sus vecinos.
Comenzaron a producir muy buenos vinos de mesa y al principio los vendían a granel a otros bodegueros que podían fraccionar. La demanda fue creciendo y los obligó a agrandar las instalaciones.
Al expandirse debieron ampliar la bodega. La primera ampliación la realizaron en 1920, incorporando más piletas que aumentaron la capacidad de elaboración y almacenaje. En ese año pasaron a una capacidad de almacenamiento de 450.000 litros, lo que era todo un desafío para la época.
Pasada la crisis del año 30, en 1934 Buenos Aires se ofrecía como un mercado de consumo muy atractivo.
Como pasaba siempre, don César entusiasmó al resto de la familia y, como lo habían hecho hasta el momento, todos juntos asumieron la decisión de abrir una boca de expendio en Buenos Aires. Inauguraron la “Vinería Zingaretti”, en calle Arébalo de la Capital Federal.
César con su esposa y cuatro de sus cinco hijos: Duilio, Teresa y su familia, Anselmo y su familia y Emilio, aún soltero se radicaron en Buenos Aires.
El vino era transportado en bordelesas por el ferrocarril hasta Buenos Aires y ahí lo fraccionaban en damajuanas de 10 litros, repartiéndolo en carros tirados por caballos a restaurantes, mercados y casas de familia.
Años más tarde uno de los hijos de César, Anselmo, con su esposa Amelia abrieron otra vinería en La Boca, incrementando así el negocio familiar y el posicionamiento de la “marca Zingaretti” en el competitivo mercado porteño.
La venta directa en Buenos Aires generó un importante crecimiento y fueron adquiriendo nuevas fincas en El Toledano, en calle Vélez Sarsfield, los que junto a la bodega de Rama Caída y la vinería de Buenos Aires generaron un gran capital. En 1937 decidieron dividir los bienes, pero manteniendo siempre la unión familiar.
La creciente demanda generó sucesivas ampliaciones del antiguo edificio: en 1952 construyeron nuevas piletas en un sótano. En 1958 se construyó un nuevo cuerpo con piletas de hormigón armado y se incorporó la corriente eléctrica, hasta ese momento toda la elaboración era manual, y en 1977 se agregaron 4 piletas cilíndricas de hormigón armado.
De este modo, la bodega pasó de los 145.000 litros originales, a 450.000 litros de capacidad en el año 1920, 1.300.000 litros en 1952, 2.200.000 litros en 1958, hasta llegar a 2.900.000 litros de capacidad a partir de 1977.
Como ya las propiedades eran muchas y cada uno tenía a sus hijos grandes, decidieron repartirse las propiedades: la bodega de Rama Caída le correspondió a Luis Filiberto, pero este ya había fallecido, por lo que se hicieron cargo su esposa y sus hijos Pedro, Roberto y Vitorio, los que años después se harían cargo de la vinería en Buenos Aires. Al fallecer Pedro, en 1967, asumió la dirección de la bodega su hijo Carlos Luis Zingaretti, quien aún la mantiene en funcionamiento.
Por su parte José, casado con Leonilda Mandrilli, se abrió y se instaló una bodega en calle El Molino.
Don Augusto Zingaretti se instaló con sus hijos Luis Fernando, Isidro Carlos y Arturo en El Toledano, construyendo una bodega y posteriormente la fábrica de aceite, de fama mundial: Yancanello.
Hasta el cierre de la vinería en Buenos Aires toda la producción estaba destinada a este mercado. En los primeros tiempos don César y sus hijos estaban a cargo de este negocio, pero en 1944, desanimado por las políticas económicas que hacían disminuir la rentabilidad, César decidió regresar a San Rafael y quedaron a cargo de la vinería sus sobrinos Roberto, Pedro y Vittorio, hijos de su hermano Luis Filiberto. La vinería permaneció abierta hasta 1995, cuando la política de envasado en origen modificó las reglas del mercado y se decidió su cierre. No obstante aún hoy en Arébalo al 1473 permanece el cartel “Zingaretti”, aunque en el edificio funciona uno de los estudios de casting televisivos más importantes de la Capital.
Cuentan sus descendientes que César nunca quiso volver a Italia, que los recuerdos de una vida dura e injusta pasada en su pequeño pueblo de Ancona le impidieron volver. El Nono Pacífico falleció en 1979.
La historia de la familia Zingaretti quizás sea una historia como tantas otras, historia de familias de inmigrantes, pero que son a la vez únicas, porque cada una tiene su particularidad. En este caso significó el esfuerzo, la voluntad, la decisión, la visión de un italiano muy pobre, que supo anticiparse y aprovechar oportunidades y de una familia que se mantuvo unida hasta hoy para prosperar y agradecer a su patria adoptiva, por sus vinos, su aceite de oliva, sus frutas desecadas, sus emprendimientos rurales.
Como tantos italianos que vinieron a “hacer la América”, no escatimaron esfuerzo, sacrificio y tesón para construir con sus propias manos un destino diferente. Lo lograron y bien merecido fue el logro por la honradez y el esfuerzo de una familia que creció sin desmembrarse. Esta historia es un ejemplo de lo que los inmigrantes italianos hicieron por San Rafael.



