La última semana que pasó el tránsito de San Rafael y sus deficiencias y peligros se cobraron cinco vidas más.
Aunque a muchos les pase desapercibido o incluso naturalicen las cifras, se trata de un gravísimo problema que afecta principalmente vidas, pero también muchos recursos del Estado. El tránsito nuestro es hoy un "asesino" silencioso.
Un nene de apenas tres añitos, un joven de tan sólo 20 años que era soldado voluntario, un hombre de 50 años, un motociclista de similar edad este sábado en Las Paredes y un hombre de 30 años fueron las últimas víctimas.
Claro está, las culpas no hay que buscarlas en la suerte, dios o ni siquiera en las calles. Es toda nuestra. Primero de los que conducimos mal, cometiendo faltas en forma permanente y con imprudencias graves. Y luego de las distintas autoridades, que a mi entender no terminan de encarar este flagelo como el verdadero problema de inseguridad vial que es. Un afiche en la vía pública no es suficiente. Tampoco una campaña de concientización en la calle de vez en cuando. La educación vial como materia escolar es una clave y la otra es que no queden impunes tantas infracciones. Aplicar la ley que hay.
Tal vez la causa principal de la mayoría de los siniestros viales (no son accidentes si se puede evitar) sea circular a velocidades excesivas. No debe haber muchas ciudades donde, por ejemplo, en pleno centro o calles urbanas se circule lo rápido que se anda por aquí. Se duplica la velocidad máxima que permite la ley. Si a ese exceso en la velocidad se le suma otras imprudencias e infracciones como no frenar en esquinas, no respetar las prioridades de paso, estacionar en doble fila, no señalizar los cambios de carril y decenas de faltas más. El cóctel es peligroso. Es hora de que hagamos algo. Por supuesto, sí, hay que invertir, no sólo plata, también tiempo y propuestas.