El protocolo estaba armado, la clasificación de los pacientes fue la correcta pero el amor que le pusieron todos los profesionales que atendieron a las víctimas de la tragedia de la Cuesta de Los Terneros ayudó a que el operativo fuera un éxito.
Esta fue la conclusión que sacó la jefa de guardia del Schestakow, Virginia Bravo (40), que ponderó y destacó el esfuerzo de todo el equipo de trabajo y la solidaridad de los médicos, que sin ser empleados del hospital se acercaron a colaborar.
"El apoyo de la dirección del hospital, de los enfermeros, camilleros, médicos y administrativos fue fundamental para resolver las situaciones que se iban presentando", dijo una orgullosa profesional que es la primera mujer en la historia del hospital en ser jefa de la guardia.
Virginia no ocultó que "algunos soltaron lágrimas al ver a los niños heridos, pero ninguno dejó de ser profesional y actuó a la altura de los acontecimientos" y no negó haber tenido miedo al error, pero afirmó que "teníamos que hacerlo bien y lo hicimos".
Con la llegada de la primera víctima ya sabían que iba a ser una noche muy movida y repleta de angustias. "Somos padres y nos ponemos en el lugar de los familiares" y añadió que "los chicos heridos nos ayudaron en la tarea, ninguno se quejó de dolor, salvo alguna excepción".
En este difícil contexto hubo momentos de tremenda angustia como no poder salvarle la vida a una pequeña, pero muchos de satisfacción porque a la mayoría de los pacientes se los pudo ayudar. "Me tocó vivir puntos de quiebre como cuando atendimos a Agostina, la más chiquita de todas, a la que tuvimos que derivar al Notti. Verla tan chica, entubada y con suero fue muy difícil".
Más de 50 profesionales en la guardia, médicos por todos lados, incluso algunos jubilados, y la solidaridad de todos fueron las claves para el éxito en la atención de los pacientes. "Mientras uno atendía, el otro le acariciaba la cabeza al niño", comentó la jefa de guardia.
Historia particular
Virgina está casada con un bombero que también es capacitador del comité de catástrofes que integra la médica. Pablo Orellana estuvo durante la tragedia y le tocó rescatar cuerpos del micro volcado.
"Recién a las 3 nos pudimos reencontrar en casa, los dos trabajamos y nuestros hijos de 1 y 3 años se quedaron con mi mamá. Pablo llegó a casa, abrazó a la más grande y se largó a llorar", recordó una de las tantas héroes que el domingo dejaron la piel por los demás.



