Se llamaba Ernesto Adrián Massa. A sus 41 años, la vida misma lo había llevado a vivir en situación de calle. Una bodega abandonada en General Alvear le proveía un improvisado techo y un colchón en el piso era su cama. Todos sus vecinos lo conocían y lo querían. Era amable. Nadie entendió muy bien por qué su cuerpo apareció calcinado en la previa al último Año Nuevo. Ahora, un joven de sus mismas condiciones fue condenado por el crimen.
Your browser doesn't support HTML5 video.
El crimen del indigente amable, el cadáver calcinado y la condena para el asesino que se "desconoció"
Un joven de 28 años fue condenado a 9 años de cárcel por golpear hasta matar a un indigente, a quien prendió fuego luego del crimen
Ernesto Massa solía deambular por las calles de Colonia Alvear Oeste. En calles Maipú y Santa Fe, donde en otros años funcionaba la bodega Manzano, dormía por las noches. Encima de un colchón, rodeado de mugre y perros. Su pan diario era la caridad de los vecinos, a quienes les pedía ayuda para comer. Toda la comunidad se mostró triste y conmovida aquella tarde del 31 de diciembre pasado cuando su cadáver apareció calcinado.
En un principio, todos pensaron que la muerte estaba vinculada a su adicción al alcohol. Y en cierto punto tenían razón, aunque nadie pensó que había sido víctima de un brutal crimen cuya investigación acaba de terminar este jueves, 9 meses después.
El crimen del indigente en General Alvear
La investigación por el crimen de Ernesto Massa se reconstruyó gracias a cámaras de seguridad y testigos de los distintos kioscos que rodean esa zona. Todos fueron concluyentes en que el indigente estuvo junto a otras 3 personas esa tarde del 31 de diciembre de 2025. Estaban alcoholizados y deambulaban por los comercios comprando cervezas y cigarrillos.
La Fiscalía de General Alvear ordenó la detención del trío de sospechosos. Se trata de Víctor Luciano Apaulaza (28), su padre de 50 años y otro hombre de 48 años. Todos con un factor común: también vivían en situación de calle y solían pernoctar en la bodega abandonada. Sin embargo, los dos adultos terminaron sobreseídos en el expediente ya que se determinó que no estaban presentes al momento del crimen.
La teoría que se probó es que en algún momento de la tarde Víctor Apaulaza y Ernesto Massa comenzaron a discutir. El motivo nunca se sabrá, pero seguramente estuvo impulsado por el alto grado de alcoholización que tenían. "Se desconocieron", como suelen decir fuentes policiales en este tipo de casos. El padre del agresor estaba en el lugar e intentó detenerlo, pero fue en vano.
El joven tomó una botella de cerveza de litro y se la partió en la cabeza a Ernesto Massa. El indigente cayó inconsciente al suelo. Lejos de conformarse, el asesino tomó el respaldo de una silla de madera y volvió a golpearlo en la cabeza. Una vez consumado el crimen, le arrojó basura encima y lo prendió fuego.
Este viernes, en un juicio abreviado, Víctor Apaulaza admitió haber concretado el crimen. El juez Luis Ojeda lo condenó a una pena de 9 años de prisión bajo la calificación de homicidio simple. La sentencia se unificó en 11 años de cárcel ya que tenía un antecedente por tenencia ilegal de arma de guerra.