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Cayó presunto autor del crimen de una anciana que fue asfixiada

Por Catherina Gibilarocgibilaro@diariouno.net.ar

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El cotejo de huellas dactilares fue determinante para que los pesquisas lograran establecer que el presunto autor del alevoso asesinato de Hilda Tarditti (80), ocurrido los primeros días de enero, es un menor de 15 años conocido como Luquita. Falta establecer si actuó con otros cómplices.

La causa de la fiscal Claudia Ríos Ortiz puede ser derivada a un fiscal penal de Menores debido a la inimputabilidad del aprehendido. Esto en definitiva lo decidirá el fiscal y no se descarta que pueda ser enviado al Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil (ex COSE).

Ayer a la tarde, después de la aprehensión, contó inmediatamente con la asistencia de un abogado defensor.

Al menor, quien había sido aprehendido por otro hecho delictivo, le pintaron los dedos y estas huellas fueron cotejadas con las que se hallaron en la vivienda de la jubilada, el 10 de enero pasado en la Cuarta Sección de Ciudad, dejadas durante un asalto.

Desde ese momento, los pesquisas no cesaron de estar detrás del caso, que ayer tuvo resultados inesperados ya que, de no haber cometido otro delito, el menor probablemente no habría sido vinculado al horrendo crimen, que provocó mucha impotencia y rabia en la sociedad por la modalidad en que fue perpetrado.

Los delincuentes que entraron en la casa de la anciana utilizaron con ella una violencia inusitada, máxime si se piensa en su avanzada edad: la ataron de pies y manos y la amordazaron y luego la dejaron tirada en el patio de su casa, previo haberle propinado varios golpes en el rostro.

El crimen de la infortunada mujer fue descubierto alrededor de la 1.30 del 10 de enero por un penitenciario, quien vive en un departamento interno que limita con la vivienda de la mujer, en Paraguay al 3100 de Ciudad. El efectivo había regresado a su casa y le llamó la atención de que en la de la mujer estuviera la televisión encendida, ya que ella solía acostarse temprano.

Esto creó una gran preocupación, a tal punto que comenzó a llamarla. Al no obtener respuesta avanzó por el pasillo y fue así como al asomarse al patio la vio tirada en el suelo, muerta, con su cuerpo en un estado calamitoso. La mujer, según la Científica, tenía los pies y manos atadas con cable. En el cuello había una soga.

Sin perder tiempo llamó al 911 y en pocos minutos la vivienda de Tarditti se llenó de efectivos y autoridades policiales y del Ministerio de Seguridad.

Los delincuentes, según la Científica, establecieron que Tarditti tenía los pies y las manos atadas con un cable, en el cuello tenía una cuerda y en la boca una bombacha como mordaza. De sus fosas nasales salía aún abundante sangre y tenía golpes en la cabeza.

En cuanto a la casa, estaba totalmente revuelta, lo cual daba la pauta de que los criminales entraron a la vivienda con la finalidad de robar.