País Domingo, 12 de agosto de 2018

El vicepresidente que terminó preso por la máquina de fabricar billetes

En 10 años pasó de ser un desconocido a la segunda magistratura del país. Hoy, para muchos, es un símbolo de corrupción.

<b>En su departamento porteño.</b> Momento cuando Amado Boudou fue detenido por la Policía Federal en noviembre pasado. En la de ahora no hay fotos esposado.

Fue un día bajo la ducha, cuando Aimeé dio con la solución para gambetear la severísima crisis internacional de las hipotecas, en el 2008. Esa gran idea lo entronó años después en una silla que al parecer nunca buscó: la de vicepresidente de la Nación. Bajo la ducha, pero 10 años más tarde, seguramente no halló una solución para esquivar su peor pesadilla, ni se imaginó, en la víspera de su sentencia, que además de ser condenado, los jueces lo enviarían en el acto a la cárcel, a pesar de que había llegado hasta el tribunal caminando en libertad.

Tipo audaz y de decisiones fuertes, su derrotero, su hoja de vida, lo ha llevado del Hades al Olimpo y de vuelta al Hades, sin paradas ni términos medios.

De ser un cuadro técnico candidato a nada, a ser vicepresidente de todos los argentinos; de gerenciar una disco sin demasiado éxito a organizar grandes festivales de rock con las bandas nacionales más renombradas; de ser el mimado compañero de fórmula de Cristina Fernández de Kirchner a convertirse en un símbolo de la corrupción, en el hombre condenado, no por querer hacer fortuna mal habida, sino por intentar quedarse con la mismísima máquina de fabricar billetes, con coimas y testaferros mediante. Aunque él lo niega y reafirma su inocencia.

Aimeé para los viejos amigos (apodo francés de su nombre de pila), Amado para todos y todas, fue estudiante con excelentes notas dice su historial, disc jockey en su juventud, productor de recitales, licenciado en economía, empleado estatal, secretario de Hacienda de la comuna del Partido de la Costa, en Buenos Aires; titular nacional de la ANSES, ministro de Economía de la Nación, vicepresidente de la República Argentina y finalmente, reo del penal de Ezeiza, condenado a 5 años y 10 meses de cárcel por cohecho pasivo y negociaciones incompatibles con la función pública.

Amado Boudou (55) es el primer ex vicepresidente argentino que termina condenado tras las rejas y es el protagonista de uno de los escándalos de corrupción más impensados de la historia política argentina: hacerse de la propiedad de Ciccone Calcográfica, la imprenta privada habilitada por el kirchnerismo para fabricar papel moneda.

Obra prima que superaría con creces a los famosos billetes mellizos del ex presidente Carlos Menem en la Casa de la Moneda.

Como Menem se valió de Armando Gostanián para esa maniobra con la que quedó sospechado de aumentar su fortuna a fuerza de imprimir billetes con series numéricas gemelas; aseguran que Boudou fue el hombre que ejecutó la jugada de Ciccone por cuenta y orden del fallecido ex presidente Néstor Kirchner.

Su meteórica carrera que lo llevó al cénit de la política comenzó a nublarse con sospechas de corrupción apenas comenzó a desandar la vicepresidencia.

Allí inició un tobogán que al día de hoy sigue en plena caída y no encuentra final. Porque aún tiene otros juicios pendientes en su contra en donde se lo sospecha de haberse enriquecido de forma ilícita, de hacer fraude contra el Estado tras comprar una flota de vehículos y de lavar activos entre otras acusaciones.

Como Aquiles

Aparentemente invencible e intocable, como un famoso semidios griego, su talón de Aquiles fue alcanzado por la flecha letal de un mortal.

No fue Paris sino Laura, una ciudadana más, una mujer ignota, una ex esposa que se había enterado por el padre de su hija de la secreta maniobra con la que Boudou se adueñaría de la fábrica de hacer billetes.

Laura Muñoz, cuyo ex marido, Alejandro Vandenbroele, era el titular de la firma The Old Fun, la que iría a la caza de la imprenta Ciccone.

Laura reveló que The Old Fun no era de Vandenbroele sino de Boudou y que su ex vivía y alquilaba un departamento que era propiedad del vicepresidente.

Temiendo por su seguridad y quizá por su propia vida, Laura, cuyo nombre en latín refiere a los laureles y significa "la victoriosa", destapó el secreto mejor guardado de Amado disparando su flecha mortal y tras una larga agonía, el celebrado semidios K, exitoso, carismático y adorado por las mujeres más bellas cayó derrotado sin el favor de los dioses.

Desde la sombra

Hoy, Amado espera en la oscuridad de un calabozo, que los supremos que hacen justicia atiendan su reclamo, impregnado en argumentos relacionados con una vendetta, apuntando a la poderosa oligarquía nacional que no le habría perdonado osar quitarle las jugosas ganancias que obtenían administrando los fondos jubilatorios y que él se llevó a la órbita del Estado.

"Una revancha de clase", sentenció antes de la sentencia Amado, que según él y sus abogados, vendría orquestada desde los actuales despachos que gobiernan el Estado, manipulando la composición del tribunal que lo juzgó para asegurar su condena y encierro carcelario. Un fallo nulo y político a pesar de que el arrepentido Vandenbroele reveló la maniobra que con Ciccone Calcográfica habían pergeñado.

La fama de su lado B no lo ayuda a Amado. Lo acusan de plagiar documentos, de inscribir tres autos a su nombre en un domicilio falso, de falsificar facturas para los viáticos, de no poder justificar U$S90.000 que de un día para el otro aparecieron como un regalo de su hermano y gastó en su totalidad el mismo año.

Otra vez la antinomia, otra vez los extremos en Amado. Un perseguido político o un chanta, una víctima de las fuerzas oscuras o un corrupto infiltrado en el Estado. Un Amado o un desalmado.

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