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El fotógrafo y andinista Pablo Betancourt editó un libro con 116  imágenes del pico más alto de América. Además de paisajes, registra la dura vida en torno de los ascensos al cerro. Acá te mostramos 10 de esas fotos.

El Aconcagua en fotos imperdibles

El Aconcagua no es sólo roca agreste, también es vida. Un verdadero pueblo con sus propias reglas.Esto es lo que refleja el primer libro fotográfico que muestra la vida que fluye en el pico más

alto de América en los meses en los que llegan andinistas de todo el mundo con ansias de conquistar

la cumbre a los 6.962 metros.

Aconcagua es un reportaje fotográfico íntegramente realizado por el mendocino Pablo

Betancourt (35), fotógrafo y andinista que buscó reflejar en 116 imágenes la actividad humana que

unida a la belleza natural, conforman el paisaje del cerro.

El libro es una selección de fotografías tomadas durante varios ascensos a la cumbre que

cuenta historias; las de los guías y porteadores, que trabajan en la montaña y las de los

andinistas, que llegan con la ambición de alcanzar la cima. Nicolás García se encargó de la

escritura de los textos.

Aconcagua será presentado formalmente el martes a las 20 en la Nave Cultural del Parque

Central, en Ciudad, pero ya está a la venta en Mendoza (ver ficha) y en Buenos Aires.

Excepto una antigua edición militar en blanco y negro, este es el primer libro en su estilo.

A todo pulmón

Este ha sido un libro hecho a puro pulmón y fue concebido de principio a fin por su

autor. Aún contra todos los pronósticos que lo alertaban por lo arriesgado del proyecto, Betancourt

emprendió el proceso. La idea surgió en el 2005 cuando hizo su primer ascenso a la cumbre. En los

años siguientes siguió subiendo en busca de las mejores imágenes hasta que reunió cerca de 1.000

fotografías. Todo el inmenso esfuerzo operativo que requirió en esta etapa del proyecto fue

aportado por la empresa de logística de Fernando Grajales, una de las más reconocidas que trabajan

en el Parque Provincial Aconcagua.

Con el material fotográfico en la mano, a partir del 2010 buscó ayuda para editar 3.000

copias, lo que hizo a través de Estados Unidos y China. Para ello, recibió aportes de las

secretarías de Turismo y de Medio Ambiente y de la bodega Andean Vineyards, "aunque sin duda, si no

fuera por la ayuda de mis familiares y amigos que aportaron la mayor parte de los recursos, el

proyecto habría quedado en el camino", reconoce agradecido.

"Ahora que lo veo terminado el Aconcagua me inspira un gracias enorme. Porque me dio todo, me

permitió concretar este proyecto soñado durante varios años y me dio trabajo", resume el autor.

Sin embargo, aclara, al principio fue distinta la relación con el Aconcagua: "La primera

impresión que tuve fue la de un cerro feo, gris, apagado, no tiene aristas como el Himalaya ni

colores vistosos como el Mesón San Juan o el Plomo, pero con el tiempo fui cambiando mi opinión, lo

conocí y me encariñé".

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