Sudáfrica está lejos de ser un país preparado para organizar un evento de la magnitud de un
Mundial de fútbol. Y eso se nota a todo nivel: no hay control serio en el ingreso de las canchas y
encima en su principal estadio, el Soccer City, se taparon las cloacas.
La hospitalidad, la buena onda de la gente, no alcanza para estar a la altura de las
circunstancias. Los sudafricanos se desviven por lograr que todo sea una fiesta. Y su parte la
cumplen, la humana.
Las fallas son estructurales, en la falta de accesos adecuados para los estados y a partir de
ahí todo son inconvenientes. El día anterior a comenzar el Mundial todavía tenían muchas cosas por
resolver. Y todavía están tratando de resolver esos problemas.
Hasta ahora nada grave sucedió, pero este Mundial está al borde de colapsar, por más esfuerzos
que la FIFA pretende hacer. Habrá que ver como termina esta historia.


