Rusia 2018 Martes, 26 de junio de 2018

Lo siento y es contagioso

No me preguntes qué es, no me preguntes por qué, no me preguntes a qué se debe ni cómo nació. No sé cómo llamarlo pero sé que me hace creer.

Llamame idiota, ilusa o soñadora. Llamame como quieras pero déjame ser. Sé que hace cuatro años somos un bardo, que la AFA no paró de mandarse cagadas, que el Gobierno se metió de más donde no debía, que tuvimos tres técnicos que nada tienen que ver uno con otro y que los dirigentes dejan muchísimo que desear. Sé que no ganamos nada, que el mejor del mundo no está enchufado, que los que acompañan no pegan una y que el DT se dejó la coherencia en Casilda. Sé que ante Islandia dimos lástima y ante Croacia fuimos una lágrima, sé que los periodistas no ayudamos en nada y que los hinchas de las redes sociales son destructivos. Sé que nos merecemos esto porque (todos) hacemos mal todo, porque nos cuesta creer en el de al lado, porque nos gusta el chusmerío, porque no valoramos lo bueno y nos vamos a la mierda al criticar lo malo. Sé que a veces hay que tocar fondo para resurgir y que es difícil (o imposible) construir sobre cimientos podridos. Sé que hoy puede ser el final y que sería lógico que así sea; pero un extraño poder sobrenatural se ha apoderado de mi razón y ha despertado en mi interior un sentimiento que creía perdido. Lo siento en mi cuerpo, en el pecho, en mi cabeza, en mis manos. Siento que no me deja respirar y que me está llevando a la locura. No me preguntes qué es, no me preguntes por qué, no me preguntes a qué se debe ni cómo nació. Está, lo siento y creo que es contagioso. Algunos dicen que se llama fe y otros optimismo. Algunos hablan de esperanza y otros de positivismo. Yo no sé cómo bautizarlo pero sé que me hace creer, me hace soñar, me hacer estar convencida de que hoy ganamos, clasificamos y volvemos a ilusionarnos. Sé que hoy seremos felices y vuelvo a advertírtelo: es contagioso.

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