Se retira un grande. Mariano Mou Ogando dijo basta, aunque sus amigos y compañeros no lo creen. El pilar de Peumayén jugará este sábado su último partido en Primera cuando su equipo dispute el duelo por el tercer puesto del Top 8 ante Marista, justamente el rival al que enfrentó el día que debutó en la máxima división, un 4 de agosto, 20 años atrás.
"No quiero que el rugby me deje. Uno tiene que saber decir basta y yo llegué hasta acá", dice Mou casi que convenciéndose a sí mismo.
Hace un par de años que venía analizando la posibilidad del retiro pero por una razón o por otra terminaba cediendo. A inicios del 2017 se dijo que éste era la última temporada y así será.
"El trabajo también me está matando, me cuesta mucho llegar al entrenamiento. Quiero dividirme para cumplir en todo lo que hago y no se puede". Ése fue uno de los motivos que lo llevó tomar la decisión más importante de su vida.
"Creo que estoy preparado pero cuando me vea afuera, no sé qué me va a pasar. No sé cómo es ver un partido de afuera. No sé qué se hace", dice quien tendrá que experimentar esa sensación a partir del año próximo.
Mou se va tranquilo. Sabe que en Peuma hay material suficiente como para que el club siga creciendo como en los últimos años: "Ya cumplí mi proceso como jugador. Tengo que dejarle el lugar a los más chicos. Tengo la suerte de jugar con los que entrené así que me voy tranquilo porque sé que hay jugadores que lo van a hacer muy bien. Me duele en el alma tomar la decisión porque lo más lindo son los sábados, pero hoy pienso en el domingo, en el lunes y en los martes, cuando todavía estoy reventado y ya tenemos que volver a entrenar".
"El rugby es un estilo de vida", dice el también hooker que llegó a Peumayén a los 7 años, de la mano de unos amigos que lo invitaron.
"Me enganchó por el grupo, la amistad, el compañerismo y los valores que da". Hizo del club su casa y eso es lo que se lleva. "Jugás con los que vas al colegio, con tus amigos, Te identificás con un club y es tu casa. Peuma es mi casa y eso no me lo va a sacar nadie. Es parte de mi vida. Cuando era chico venía a jugar al pantano, al río, estaba todo el día en el club", dice soñando con que su pasado sea hoy la realidad de los chicos que se acercan a la institución lujanina.
Y en eso viene trabajando y en eso trabajará ahora. "La idea es devolverle al club lo que me dio, lo que me enseñó, cumpliendo las horas que alguien hizo conmigo. El rugby te da un lugar en la cancha para todo y afuera de la cancha también. Con el solo hecho del venir al club, colaborás. Algo siempre se encuentra para hacer. El que te diga que no hay un lugar, es mentira. Se puede desde ser manager de una división hasta colaborar con un tercer tiempo". Lleva tres semanas viviendo sensaciones únicasContra Teqüé, en el último partido que jugó como local, se emocionó hasta las lágrimas. "Me costó mucho ese día, no quería que llegara", recuerda. El sábado pasado, en la semi con Liceo, en dos palabras puestas en una bandera, sus amigos y compañeros simplificaron todo lo que significa Ogando para ellos y para el club: "Gracias Mou", decía.Faltaba poco para que terminara el encuentro, Peuma iba perdiendo de forma abultada con uno de los candidatos al título y desde el banco le hicieron la seña: le tocaba salir. Fue entonces cuando apareció el trapo en la tribuna y el público, de los cuatro semifinalistas, se fundió en un aplauso que recordará por siempre. "Cuando estás jugando no escuchás nada pero sabía que en algún momento venía el cambio. Lo de la bandera no lo sabía. Tomás Videla, de Liceo, estaba por patear el try, cuando me llamaron para salir. Paró y me saludó. El árbitro también lo hizo y empecé a caminar 50 metros interminables. Fue inexplicable, se me puso la piel de gallina", relató emocionado. "Es lindo saber que te quieren".
Pensará en ellos
"Tengo muy marcadas dos personas: mi viejo y el Ñato.
Mi viejo, que odiaba que jugara al rugby, siempre se ubicaba en el mismo lugar. Miro hacia allá y sé que está ahí. Y con él estaba el Ñato Juan Carlos Rosell, que fue mi primer entrenador.
Cuando se murió mi papá y al tiempito el Ñato, se me cayó la estructura de dos flacos en la vida. Tenía la opción de quedarme en mi casa o salir y hacer lo que ellos me enseñaron y eso hice.
Yo tengo dos papás, porque el Ñato fue mi papá en el club, en el rugby".
Su primer partido
"No dormí esa noche, me tiritaban las piernas, ahora mis ídolos eran mis compañeros".
Tenía 16 años cuando Enrique Chinganga Azura lo citó para jugar con Marista un 4 de agosto de 1997.
"Jugué con mi división y cuando terminó el partido, mi entrenador me dijo 'tenés que ir a jugar mañana con la Primera'. Yo entrenaba a veces con la Primera pero no lo podía creer. Jugar fue increíble".
Las vueltas de la vida hicieron que su último partido sea contra el mismo rival del primero. "Un ratito sí", le contesta Mou a uno de los jardineros de Peuma. Uno de los tantos que esta semana le preguntaron lo mismo: "¿Vas a jugar el sábado?". Y sí, es que aún es difícil imaginarlo fuera de las canchas. La despedida se ha hecho larga, las emociones están a flor de piel, el equipo está haciendo una temporada histórica para él y todos esperan cerrarla de la mejor manera. El resultado será anecdótico. En Liceo, como pasó el sábado pasado, el mundo del rugby se pondrá de pie para ovacionarlo por última vez y abrazarlo en un Mou eterno.Gracias, Mou.



