Lucio A. Ortiz
La barra del Irish Pub en la calle Colón explotaba y se cruzaban las palabras en inglés con los que ocupaban las mesas. Las pantallas lanzaban las imágenes de lo que ocurría en el U.S. Bank Stadium de Minneapolis, en el estado de Minnesota. Uno de los espectáculos con más cantidad de televidentes en el mundo entero es la final de la National Football League (NFL), que es la mayor liga de fútbol americano profesional de Estados Unidos. Y Mendoza no podía estar ajena a ese espectáculo.
Se enfrentaban New England Patriots y Philadelphia Eagles, para nosotros los Patriotas de Nueva Inglaterra y las Águilas de Filadelfia. Allá en Minnesota el bullicio de 66.700 espectadores, llegaba en forma de aliento y con música de bandas y porristas. Acá en la capital de Mendoza chocaban los vasos de cerveza en cada pase de la estrella Tom Brady (40 años), para los Patriotas y crecía el aliento cuando el mariscal de campo más famoso, perdía un balón o cuando las Águilas apoyaban su primer touch down (anotación de 6 puntos).
Cameron Staines calzaba la camiseta 11 de su ídolo Carson Wentz, mientras Matthew Gehret gritaba con la número 20, de Brian Dawkins.
Los muchachos de EE.UU. son residentes de la ciudad de Filadelfia, en el estado de Pensilvania y contó Matthew: "Estamos acá en Mendoza porque vamos a intentar subir el Aconcagua. El lunes próximo vamos a comenzar la escalada".
Y Cameron agregó: "Vinieron también mis padres (y los señaló), son Matthew y Sandy Staines, que viven en Florida y son hinchas de las Águilas. Hoy tenemos que vencer a los Patriotas de Tom Brady".
Mientras, adentro se escuchaba el "go, go, Eagles" (Vamos vamos Águilas), afuera del bar, era otro mundo, otro deporte, otra pasión. Las mesas estaban completas de simpatizantes que miraban el segundo tiempo de San Lorenzo y Boca por la Supercopa, que empataban 1 a 1. Cuando terminó un cliente solicitó si podían poner el partido de Racing Club y Huracán. El fútbol argentino era la premisa para las mesas de la vereda en la calle Colón.
La familia Staines se paraba con la ventaja de las Águilas que ganaban 15 a 3 y luego al final del primer tiempo 22 a 12.
Fue el momento de la música de Justin Timberlake, rindiéndole un homenaje a Prince, en tanto en el bar mendocino fue el tiempo para comer.
En el regreso, desde la tele, siguió creciendo la figura del mariscal de campo de las Águilas Nick Foles (remplazó al titular lesionado Carson Wentz). Los de Filadelfia iban al frente 29-19 y otra vez apareció la certeza de Brady, para que los Patriotas igualaran y pasaran al frente 33 a 32.
Crujían en el piso los vidrios de vasos rotos, por algún descuido en el festejo y hasta un simpatizante cayó de la silla por la sorpresa de una anotación o ¿por el contenido líquido que tenía su cuerpo?.
Las Águilas lograron 6 puntos más y volvieron a estar arriba 38-33. Y llegó la jugada clave cuando Brandon Graham le robó el balón de la mano a Brady. Luego vendría la patada para el 41 a 33 definitivo.
Las Águilas de Filadelfia ganaron el Superbowl en su edición 52 allá en Minneapolis y acá en la calle Colón, la familia Staines y sus amigos hicieron poner 7 vasos de whisky sobre la barra y el Jack Daniels fue el trago elegido para el festejo final. "Go Eagles".



