Lucio Ortiz
El lugar de tantos festejos se transformó en una cancha de básquetbol: la vieja cantina del club tenía aros imaginarios, tableros de madera, piso de baldosas y bajaba un rebote Caniche Estalles, la pelota quedaba en las manos de Raúl Brioude que la voleaba para que Humberto Carra metiera la bandeja. Por ahí Luis Armendáriz y su hermano Pancho se divertían al lado de sus hijos Marcelo, Alejandro, Alberto y saltaban sus nietos Lucas, Tomás y Nicolás. Todos querían participar como los Lucero.
Tiro libre de Juan Capello, doble de Orlando Toledo, corrida de Eduardo Nicastro, rebote de Palito Díaz, discurso, entre histórico y afectivo, de Juan Quesada, homenajes a Don Raúl Brioude, Antonio Quesada y Roberto Andrade, los grandes de la noche.
Casi 100 personas entre jugadores, entrenadores y dirigentes armaron una reunión de recuerdos en la cantina Andes Talleres Sport Club. Fue un combo de momentos emotivos como las imágenes de Roberto Brioude y Walter Armendáriz para tenerlos siempre presentes. Como el mensaje desde Italia que mandó Pichi Carra, como los cantos del "Talleres corazón" que salían a cada rato, con las risas de Wilde, Mascaró, Peñas, Cacho Lorenzo, Chiquito Sánchez y la alegría por volver a verse de Lito Porta, Carmelo López y los que compartieron equipo en los '60.
Había gente de todas las épocas del básquetbol de Talleres y la medianoche los encontró cantando el himno por el Bicentenario de la Independencia y los 83 años del club.
Se escuchaban las anécdotas de Jorge Gago, Cornejo y Manolo Garcés, que fue más rival que compañero, y contaba cuando jugó de refuerzo en Tarija (Bolivia) y de la boca de Quesada salieron las palabras que narraban "los 120 partidos de un invicto en los '70" y recordaba: "De Libertad y Belgrano salió el papá de Cano".
Resonaban apellidos como Iguacel, Ferrada, Gregori, Peralta, Trifiletti, Sorgoni, Linardelli y la noche pasaba de la lágrima al grito unido de "Talleres corazón, Talleres corazón".



